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Sentirse culpable es la mejor medicina para los problemas medioambientales

Multas, tarifas, intercambio de créditos por contaminación; los responsables del diseño de las políticas públicas han defendido numerosos enfoques diferentes para conseguir una economía sostenible, a menudo obteniendo un éxito desigual. Ahora dos profesores de Wharton han llegado a la conclusión de que tal vez el mejor planteamiento sea reformular las cuestiones medioambientales, de tal manera que los individuos estén motivados para tomar ellos mismos la iniciativa.

 

Aunque pueda parecer ingenuo pedirle a la gente que “haga lo correcto”, Paul R. Kleindorfer, profesor de Gestión, y Ulku Oktem, investigador senior de Risk Management and Decision Processes Center de Wharton, sostienen que este enfoque podría ser el modo más efectivo de prevenir una catástrofe ecológica global. Teniendo en cuenta que la degradación medioambiental es la suma de multitud de decisiones individuales, los responsables del diseño de las políticas públicas que quieran promover políticas medioambientales sostenibles deberían empezar a hacer llamamientos a la gente. No obstante, esos llamamientos deberían hacerse subrayando la responsabilidad individual de cada uno.

 

La gente normalmente considera los asuntos medioambientales como problemas que deben ser resueltos por los gobiernos y empresas, pero Kleindorfer afirma que tanto él como Oktem creen que esta perspectiva pasa por alto el papel esencial que juegan los individuos, como trabajadores y también como consumidores. "Creemos que ese punto de vista que enfatiza el papel de los individuos es absolutamente clave en este tema del medio ambiente y su sostenibilidad”, dice.

 

Kleindorfer y Oktem presentaron sus resultados en la primera conferencia académica Global Compact de las Naciones Unidas celebrada en Estambul, Turquía, del 30 de mayo al 1 de junio. La conferencia, titulada Bridging the Gap: Sustainable Environment," (Tendiendo puentes: Un medioambiente sostenible) reunió a académicos y expertos en el sector de todo el mundo para debatir cuestiones relacionadas con la promoción de innovaciones y transferencia de tecnologías no perjudiciales para el medioambiente. Wharton y Sabanci University de Turquía trabajaron con Naciones Unidas en la organización de la conferencia, cuya segunda parte tendrá lugar en Filadelfia el 17 y 18 de septiembre. Las sesiones de Filadelfia se centrarán en el tema de la globalización, el desarrollo y la gestión medioambiental.

 

Objetivos de Naciones Unidas

En su artículo, titulado "Assessment of Environmentally Sustainable Technologies as if Individuals Matter: And They Do!" (Evaluación de las tecnologías medioambientalmente sostenibles como si los individuos importasen: e importan!), Kleindorfer y Oktem escribían que "la interacción entre los modelos mentales y las preferencias de las personas con respecto a los procesos y resultados debe ser el eje central de las iniciativas educativas y políticas" si se quiere avanzar en los objetivos Global Compact de Naciones Unidas.

 

Uno de los principales retos a los que se enfrentan los responsables del diseño de las políticas públicas –señalan los autores-, es que la gente normalmente actúa dentro de lo que algún teórico de los procesos de toma de decisiones ha denominado “racionalidad determinada”, esto es, que "se supone que el ser humano toma decisiones racionales, pero el procesamiento de la información depende de la memoria, la percepción y el juicio, factores que limitan su capacidad para evaluar elecciones complejas y para actuar de manera consistente a lo largo del tiempo”.

 

Como ejemplo de este tipo de limitaciones, los autores mencionan el caso de propietarios de viviendas que viven en un área en la que se produce una inundación cada 100 años. Tras sufrir una gran inundación, mucha gente pensaría que hay un 50% de probabilidades de que haya otra al año siguiente, mientras que otros supondrán que no habrá otra inundación en 99 años.

 

Según Kleindorfer y Oktem, el modo en que se plantean las decisiones puede determinar la opción que se elige. En su artículo señalan como los psicólogos G.A. Quattrone y A. Tversky descubrían en 1988 que, si se le pedía a la gente escoger entre dos programas económicos, uno con un 10% de desempleo y 12% de inflación, y el otro con un 5% de desempleo y un 17% de inflación, en el 36% de los casos se elegía la primera opción. Sin embargo, si pedía que escogiesen entre un programa con un 90% de empleo y 12% de inflación o uno con un 95% de empleo y 17% de inflación, el 54% de los encuestados prefería la segunda opción, a pesar de ser las dos alternativas planteadas exactamente idénticas.

 

Un truco mental de este mismo estilo que tiene un diferente efecto sobre las elecciones medioambientales es la tendencia que algunos científicos del comportamiento han denominado “miopía”, que en este contexto significa infravalorar el futuro y conceder excesiva importancia al “coste del dinero” a corto plazo. En consecuencia, varias investigaciones muestran como los aparatos de uso energético eficiente no se han vendido muy bien, incluso a pesar de haber informado a los consumidores de que con los nuevos aparatos ahorrarían dinero a largo plazo. "La gente se comporta como si su tasa de descuento para la conservación energética futura fuese tremendamente alta, mucho mayor que los tipos de interés que tendrían que pagar al pedir un crédito para hacer frente al incremento de los costes de la cesta de la compra”, explican.

 

Según Kleindorfer y Oktem, en temas medioambientales dichas limitaciones en los razonamientos son especialmente serias porque muchos de los problemas ambientales más complejos no se ven a simple vista. La gente no tira la basura en su casa porque puede ver inmediatamente las consecuencias, pero es probable que tiren tranquilamente basura en las calles de una gran ciudad, o incluso todavía es más probable que contaminen si las consecuencias se van a sufrir a miles de kilómetros de distancia, o no van a hacerse patentes durante varias generaciones.

Pero comprender las consecuencias de dicho comportamiento es sólo el primer paso, afirman Kleindorfer y Oktem. Antes de cambiar, la gente necesita ver que es necesario y urgente que modifiquen su comportamiento, y que de hecho podría marcar la diferencia.

 

Crear esa sensación de que “lo que haces, importa” es difícil -señalan los profesores-, ya que las contribuciones individuales son habitualmente bastante pequeñas. En última instancia, la manera más efectiva para conseguirlo es cambiando los valores de la sociedad. Los profesores sostienen que la gente necesita ver que sus propias acciones respetuosas con el medioambiente -como por ejemplo comprar detergente biodegradable-, no son solamente necesarias, sino que es lo correcto.

 

"Ni palos ni zanahorias. Lo que se necesitan son sermones," explica Kleindorfer. Aunque el modelo de sermón variaría dependiendo de la sociedad a la que estuviese destinado, Keindorfer cree que el respeto a la vida es un valor que puede ser trasladado a cualquier cultura.

 

Resulta interesante señalar que, aunque el artículo cita varias fuentes académicas, desde antropólogos hasta economistas del comportamiento, existe aparentemente una fuente de inspiración no académica que ha tenido gran influencia sobre los autores a la hora de entender la utilidad la persuasión moral: sus hijas. Oktem dice que su hija obligó a toda la familia a utilizar los cinturones de seguridad, algo que había aprendido en el colegio, animando a la familia a hacer algo que Oktem, como ingeniero, sabía que lógicamente era lo correcto, pero que aún no había puesto en práctica. Kleindorfer también recuerda una ocasión en que su hija volvía del colegio después de unas clases de reciclaje. "Mi hija era una pesadilla con el tema del reciclaje", añade. Después de mucho insistir consiguió que la familia cambiara su comportamiento.

 

Mientras se preparan para la próxima conferencia sobre sostenibilidad, estos profesores todavía están convencidos de la importancia de replantear las cuestiones medioambientales. Oktem compara la situación medioambiental global de hoy en día con una etapa inicial del cáncer: "Por el momento no sientes nada malo, aunque todos te digan que en el futuro acabará contigo", añade. "Y muchas veces la gente tan sólo hace algo al respecto cuando ya no hay vuelta atrás."


Publicado el: 22/09/2004


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