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La difícil adolescencia de los microcréditos

El microcrédito, la innovadora herramienta financiera que concede pequeños créditos a los pobres, está entrando en la adolescencia y debe emanciparse de los donantes sin ánimo de lucro para incorporarse a la estructura global de capital, según expertos en este campo.

 

El movimiento comenzó hace unos 30 años con Muhammad Yunus, fundador y director del Banco Grameen en Bangladesh, que, hasta ahora, ha concedido 5.000 millones de dólares en créditos a cuatro millones de personas. Desde entonces, han surgido instituciones microfinancieras (IMFs) similares por todo el mundo. De hecho, Naciones Unidas ha declarado 2005 el Año Internacional del Microcrédito y la institución patrocinará proyectos de investigación y encuentros con el objetivo de incentivar el uso de los microcréditos para reducir los índices de pobreza. “Se trata de un mercado en crecimiento”, dijo el profesor de Gestión de Wharton Keith Weigelt.“Lo veo como el lado bueno del capitalismo, con los préstamos, los pobres pueden mejorar su nivel de vida”.

 

Grandes instituciones financieras, como Citigroup y Deutsche Bank, están demostrando interés por la microfinanciación, lo que podría incrementar el acceso de los pobres al crédito. Al mismo tiempo, persiste el desafío de atraer capital privado, reducir los de costes y las tasas de interés, y el desarrollar una regulación para el sector.

 

Más de quinientas instituciones microfinancieras de todo el mundo han concedido préstamos por valor de 7.000 millones de dólares a cerca de 30 millones de pequeños empresarios, dice Weigelt, y añade que 300 millones de pequeños empresarios podrían beneficiarse del microcrédito para crear negocios viables. Hasta ahora, la mayoría de los préstamos realizados por las MFIs son subsidiadas por el Gobierno o provienen de donaciones hechas por individuos o fundaciones. “Para que el sector despegue, es preciso emanciparse de los donantes y de los subsidios y pasar a operar como lo haría un banco comercial”, añade Weigelt.

 

A pesar de la percepción de que conceder préstamos empresariales a personas extremadamente pobres es una mala idea, los retornos obtenidos por las MFIs rivalizan con los de los bancos comerciales. Estudios realizados por Naciones Unidas en India, Kenia y Filipinas indican que el retorno medio anual de las inversiones hechas por microempresas fue de entre el 117% y el 847%. “Así que, en estos momentos, hemos observado la entrada de más instituciones con fines lucrativos en el negocio”, dice Weigelt. En muchos casos, las MFIs están asociándose con grandes instituciones financieras para ampliar el tipo de servicios ofrecidos a los clientes, tales como cuentas de ahorro y seguros.

 

El microcrédito funciona porque a menudo se concede a un grupo, lo que lleva a una mayor presión por parte de los demás individuos para que paguen los préstamos. En caso contrario, corren el riesgo de perder la oportunidad financiera que el microcrédito proporciona a la comunidad. Además, los individuos que viven en la pobreza son contrarios al impago de los préstamos de microcréditos porque, si lo hacen, se quedan sin opciones. “Esto es su última esperanza”, dice Weigelt. “No pueden desentenderse y declararse en quiebra”.

 

Tayyeb Shabbir, profesor de Economía de la Universidad de Pensilvania sugiere que la microfinanza está entrando en una etapa de madurez que dará mayor protagonismo a las fuerzas del mercado. Esto preocupa a algunos defensores del microcrédito. “Las personas comprometidas con este movimiento en los últimos 20 años están preocupadas. Les inquieta que todos estos forasteros vengan y desmantelen lo conseguido. Pero creo que este temor es, de alguna manera, infundado. Habrá espacio, y necesidad también, para instituciones con y sin ánimo de lucro”.

 

De acuerdo con Shabbir, la misión social del proyecto, cuyo propósito es llegar a mucha más gente, no puede conseguirse exclusivamente a través de donaciones. Al mismo tiempo, señala, las organizaciones de microcrédito surgieron porque los mercados no consiguieron ofrecer oportunidades a los pobres. “Siempre habrá una parte de la misión que dependerá de las instituciones ajenas al mercado”, dice Shabbir, que señala que las instituciones de mercado, y las ajenas a él, son una constante en la economía. “Las cocinas para pobres siempre han coexistido con los restaurantes de lujo”.

 

Los tipos de interés deben bajar antes de que el microcrédito pueda marcar, de hecho, alguna diferencia en la pobreza mundial, añade Shabbir. Para el profesor, los tipos de interés aplicados al microcrédito, actualmente del 40% al 50% en algunos lugares, tendrían que bajar hasta el 10% para que los deudores pudiesen sentir alguna diferencia, sugiere. “Para que la microfinanciación comercial cumpla su misión, los tipos de interés tienen que situarse a un nivel parecido a los tipos de interés que se aplican a la gran bolsa de deudores”. Advierte, sin embargo, de que las instituciones financieras con fines lucrativos no proporcionarán grandes beneficios a los pobres del mundo si, simplemente, optan por los mejores deudores a la hora de otorgar préstamos de microcréditos. “Al hacer lo que parece ser obviamente más lucrativo, sin incurrir en ningún tipo de riesgo innovador, las instituciones decretarán el final de la historia. Para reducir la pobreza es preciso ser innovador”.

 

Altos costes transaccionales

Nancy Berry, presidenta del Women's World Banking Network, una organización que reúne 24 instituciones afiliadas en 19 países, dice que el movimiento de microcrédito ha convencido a los acreedores comerciales de que los pobres del mundo no tienen que permanecer ajenos a la bancarización y pueden utilizar otros servicios financieros. “Ya no se trata sólo de conceder préstamos”, dijo. “Se trata de proporcionar a los clientes la posibilidad de crear activos.” La concesión de préstamos comerciales podría ampliarse a la financiación de casas, seguros u otros productos financieros. Sin embargo, Berry señala que cuando las instituciones pasan de ofrecer préstamos a la cobertura de cuentas de ahorro y otras posibilidades de inversión, necesitan una regulación más rigurosa.

 

El mayor problema al que se enfrentan las organizaciones microfinancieras son los elevados costes transaccionales de realizar numerosos préstamos de pequeño monto, lo que hace aumentar los tipos de interés, señala Berry. El funcionario típico que trabaja en Women's World Banking Network tiene unos 600 clientes bajo su responsabilidad. “Son como pequeñas máquinas que visitan el barrio, recogiendo los pagos y haciendo nuevos préstamos, pero, incluso a ese nivel, el coste administrativo es de 10 céntimos por cada dólar prestado”. Los altos costes asociados a la inflación empujan los tipos de interés reales por encima del 25%, dice Berry, que añade cómo los clientes pobres están dispuestos a pagar estos intereses porque los prestamistas de dinero cobran incluso más.

 

Las instituciones microfinancieras no pueden exigir un mayor rendimiento por parte de sus trabajadores. El futuro ahorro de costes, predice Berry, vendrá del avance tecnológico. Señala cómo el uso de tarjetas ATM (de cajero automático) y de débito reducen costes, y cita una experiencia en Kenia en la que los teléfonos celulares se usan como sucursales bancarias móviles.

 

Para atraer capital privado, las instituciones microfinancieras han buscado maneras de prosperar y asegurar sus préstamos, añade Berry. Un gran obstáculo para las instituciones financieras, que esperan atraer capital por medio de inversión privada del extranjero, es el riesgo que representan las divisas externas. “El gran desafío al que se enfrentan es construir mercados de capitales locales”.

 

En Agosto de 2004, Citigroup/Banamex anunció la primera emisión de Certificados Bursátiles con grado de inversión local denominados en pesos con el fin de financiar proyectos de microfinanciación en México. Con eso, se pretende financiar proyectos patrocinados por una MFI local, llamada Compartamos. Citigroup/Banamex dirigieron a inversores institucionales locales la comercialización de 44 millones de dólares. The International Finance Corp (IFC), el brazo privado del Banco Mundial, emitió una garantía del 34% de los títulos, lo que hizo que recibiesen una clasificación AA por parte de los afiliados locales de las agencias Standard & Poor's y Fitch Ratings.

 

Éste es un paso importante para el objetivo de Citigroup de unir las instituciones microfinancieras, como Compartamos, con los mercados de capital en moneda local”, dijo Bob Annibale, director de la oficina de microfinanzas de Citigroup en un comunicado. “Al recaudar fondos de inversores locales, Compartamos puede ampliar una propuesta comercial autosostenible que ayuda a miles de emprendedores-muchos de los cuales son mujeres- a crear pequeños negocios locales, lo que a cambio contribuye al fortalecimiento de las comunidades y economías locales”.

 

Barry dice que la gente no debería estar preocupada de que las compañías financieras internacionales borren del mapa a las instituciones microfinancieras sin ánimo de lucro tradicionales. “Creemos que es muy importante que haya un sistema financiero robusto para la mayoría de la población, ya que necesita instituciones microfinancieras sólidas, a la vez que bancos y cooperativas”, dijo. “Las instituciones microfinancieras tienen que ser inteligentes en cuanto a su nicho respecto a los bancos”.

 

Incluso si los bancos comerciales se involucran y utilizan la microfinanciación como una manera de construir relaciones más profundas con los clientes, dice Berry, todavía existe una tremenda necesidad de proporcionar microcrédito a través de instituciones sin fines lucrativos a los más pobres de los pobres. “Ahora mismo tenemos un 10% del mercado”, dice Berry. “Las instituciones microfinancieras siempre tendrán un mercado en los segmentos más pobres”.

 

Berry también se ha encontrado con quejas acerca de que la microfinanciación no ayuda a las personas que viven en extrema pobreza. Ella dice que la gente que más se beneficia de las instituciones microfinancieras están ganando sólo 1 o 2 dólares al día. “No considero que sean los ricos de los pobres. La microfinanciación no puede ser la respuesta para cada persona pobre de la tierra, pero tampoco es cierto que sólo puedan utilizarla los pobres que están en una situación menos precaria”.

 

Conseguir bajar los tipos de interés

Otros expertos en microfinanzas hablaron sobre las tendencias de este segmento en la reciente conferencia sobre la Gestión del Impacto Social de Wharton. Bill Edwards, director ejecutivo de la Association for Enterprise Opportunity (AEO), que representa a organizaciones microfinancieras en los Estados Unidos, señaló que la administración Bush ha propuesto cortar toda la financiación federal a las organizaciones microfinancieras norteamericanas.

 

El recorte de 37 millones de dólares afectará a 15.000 empresarios, o a cerca de un tercio de todos los clientes que reciben microcréditos en el país, dijo Edwards. “Tendrá un tremendo impacto. Será un obstáculo significativo para la microempresa”. Irónicamente, añadió, la administración está ofreciendo un mayor respaldo a los programas de microcrédito internacionales.

 

David Satterthwaite, cofundador de Prisma MicroFinance, de Boston, dijo que su empresa está intentando llenar el vacío entre el capital privado y las donaciones destinadas al microcrédito. Prisma proporciona capital a instituciones de Nicaragua y Honduras y ofrece retornos a los inversores a través de inversiones reguladas por la SEC (Comisión de Valores) de Estados Unidos.

 

Satterthwaite señaló que uno de los desafíos a los que se enfrenta el microcrédito en su intento de atraer capital privado, es el benchmarking y el desarrollo de patrones de concesión de crédito. Prisma usa CAMEL –estándares popularizados por ACCION Internacional, la red MFI con sede en Boston, para la concesión de microcréditos. Creado originalmente por la Reserva Federal de Estados Unidos para evaluar a los bancos del país, CAMEL es una abreviatura de adecuación de capital, calidad de activos, gestión, ganancias y liquidez.

 

Satterthwaite está de acuerdo en que los tipos de interés continúan siendo un obstáculo para las instituciones de microcrédito que comparten el compromiso de la empresa de erradicar la pobreza. “La otra cara de la moneda del crédito es la deuda; nunca olvidas que es una actividad de carácter usurero. Es duro decirlo, pero los tipos de interés cobrados están por los cielos”, dijo. “Tenemos una obligación moral de alcanzar economías de escala lo más rápidamente posible para conseguir bajar estos tipos”.

 

David Gough, consultor de programación en Deutsche Bank, dijo que el banco alemán ha participado activamente en programas de microcrédito a través de su unidad sin fines lucrativos desde 1998. Ahora, sin embargo, está ampliando su actividad a través del Consorcio Global de Microfinanzas Comerciales, un fondo de 50 millones de dólares dirigido a inversores comerciales. “Creemos firmemente que el próximo paso será una participación muy activa del sector privado. Es un camino para esos inversores que quieren satisfacer sus objetivos de responsabilidad social corporativa a través de la inversión y no del gasto”.

 

Deutsche Bank prestará su marca al fondo, dijo, y los inversores compartirán el marketing positivo y los subproductos de trabajo de relaciones públicas. Además, dijo que los inversores pueden ayudar trayendo al fondo el conocimiento especializado; las instituciones de microcrédito que trabajen con el fondo pueden ayudar a los inversores a entender los mercados locales. “El mensaje es que estamos totalmente de acuerdo en que la comercialización es el camino a seguir”, dijo Gough y añadió: pensamos que éste es el primero de los muchos fondos que van a llegar a este nicho”.


Publicado el: 04/05/2005


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