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Los múltiples beneficios de invertir en países en desarrollo

Prácticamente todo experto en desarrollo suele afirmar que la inversión de los países industrializados en los países en desarrollo es la clave para poner fin a las dificultades económicas de miles de millones de personas. En donde ya no existe consenso, sobre todo en los últimos años, es en cómo gastar el dinero.

 

Hace dos décadas, la respuesta probablemente habría sido la financiación de enormes fábricas o centrales hidroeléctricas. Hoy en día, en opinión de muchos de los académicos, analistas, ejecutivos empresariales y representantes de organizaciones no gubernamentales -que se reunieron en la conferencia Global Compact Academic de las Naciones Unidas, bautizada como Bridging the Gap: Sustainable Environment (Tendiendo puentes: medioambiente sostenible), celebrada recientemente en Wharton-, algunas de las más importantes agencias de desarrollo e inversores institucionales están intentando invertir con el ojo puesto en un “triple beneficio”, esto es, están aplicando una política de inversión que tenga en cuenta no sólo los beneficios económicos sino también los beneficios medioambientales y sociales de los diversos proyectos.

 

Suena muy bien, pero ¿cómo se puede conseguir? A nivel global, para los inversores la respuesta más evidente sería seleccionar las empresas más responsables desde el punto de vista social y medioambiental. Por ejemplo, Innovest Strategic Value Advisors publica rankings sobre los resultados corporativos, sociales y medioambientales de 2.100 empresas de todo el mundo, la mayoría de ellas grandes empresas. Esta agencia, con sede en Nueva York, valora a las empresas con calificaciones que van desde AAA hasta CCC, un sistema similar al empleado por las agencias crediticias convencionales. Aunque esto posiblemente no parezca un servicio en el que Wall Street podría estar interesado, los 25 analistas de dicha agencia han llamado la atención de las grandes empresas de gestión de activos del mundo. State Street, el mayor inversor institucional del mundo, incluso ha invertido en dicha agencia.

 

Los inversores que utilizan los rankings de Innovest son supuestamente capaces de obtener algo más que un mejor karma. Hewson Baltzell, presidente de Innovest, explicaba a los asistentes a la conferencia que algunos de los grandes inversores institucionales habían obtenido resultados positivos con carteras modelo cuyas empresas habían sido elegidas de acuerdo con el ranking de Innovest. Baltzell decía que, por ejemplo, State Street Global Advisors había estudiado el comportamiento pasado de una cartera formada por grandes empresas que habían obtenido regularmente buenos resultados desde 1998 hasta los primeros dos meses de 2004, y descubrió que los resultados de la cartera llamada “medioambiental” habrían sido muy superiores: un rendimiento compuesto del 41,52% en comparación con el 0,70% del Standard & Poor 500.

 

Que las empresas preocupadas por temas medioambientales obtengan mejores resultados podría parecer en cierto modo ilógico, pero Baltzell desmostraba que las valoraciones de Innovest podían servir como señal de los futuros resultados de las empresas, “ya que estamos evaluando otras cuestiones más generales, no sólo las cifras puramente financieras”, explicaba.

 

A pesar de los éxitos de Innovest, Baltzell se muestra escéptico sobre cuál es realmente el grado de compromiso de las principales agencias de inversión con las inversiones sostenibles. “A pesar de que como empresa hemos progresado mucho y nuestra lista de clientes es verdaderamente impresionante, aún creo que hay muchos bocazas ahí fuera… demasiada palabrería sin acción”, polemizaba.

 

Por ejemplo, una importante empresa de gestión de activos de Wall Street sostiene que sus analistas están empleando indicadores de sostenibilidad en todas sus investigaciones, pero Baltzell sostiene que eso no es cierto. “Lo siento, pero no es verdad”, explicaba. “A veces algunos de sus analistas sí que los tienen en cuenta, pero muchos otros pasan de ellos. La gran mayoría no tienen ni idea de lo que estamos hablando”.

 

Triples ganadores

Escoger los proyectos “triples ganadores” parece ser una tarea incluso más difícil en los mercados emergentes debido a varios motivos. En primer lugar, es un camino en el que muy pocos inversores se adentran. Aunque el capital-riesgo está realizando importantes inversiones en algunos países en desarrollo, los lugares de más difícil acceso apenas son evaluados, explicaba Louis Boorstin, directivo del grupo financiero medioambiental Internacional Finance Corporation (IFC), con sede en Washington DC, que participaba en el mismo panel que Baltzell. “Muchas personas dicen que en los últimos 10-15 años el sector del capital-riesgo se ha convertido en la principal fuente de capital para el mundo en desarrollo. Esto es cierto si se miran los datos de una docena de países. Pero excluyendo a éstos países, entre los que se encuentran Brasil o China, a los que va a parar la mayor parte de los flujos monetarios, la presencia de capital-riesgo es escasa”.

 

Otro problema podría ser el propio modelo de capital-riesgo, un importante mecanismo de financiación para empresas arriesgadas en el mundo en desarrollo. El modelo de capital-riesgo de Europa o Estados Unidos, ¿funciona en los mercados en desarrollo?, preguntaba Stephen M. Sammut, socio de Burrill & Company y antiguo profesor de Wharton, que ofrecía una clase magistral sobre el capital-riesgo en los mercados emergentes. “De hecho, la respuesta es ... bueno, simplemente no funciona. Y el motivo es que las estructuras de los mercados de capital son diferentes, el talento empresarial es diferente, la naturaleza de la tecnología, y el contexto en el que deben desarrollarse y producirse son completamente diferentes”, explicaba.

 

En opinión de Boorstin, su grupo en IFC también ha experimentado algunas dificultades para conseguir que las inversiones de capital-riesgo funcionasen. “Ha sido un reto para nosotros”, sostenía. “Creo que el verdadero problema es que acabamos con un número de potenciales inversiones menor de lo esperado, y la mayoría de los candidatos eran pymes con las que no era fácil trabajar”, decía Boorstin, cuyo grupo medioambiental gestiona 250 millones de dólares de inversiones en empresas que pueden contribuir a la calidad medioambiental del mundo en desarrollo. Sin embargo, a pesar de dichas dificultades, Boorstin señalaba que esta división del Banco Mundial ahora gestiona sus inversiones de capital-riesgo a través de una oficina especializada, una política que parece tener más éxito.

 

Inversiones del sector público

La inversión directa por parte del sector público tampoco es más sencilla. Boorstin recordaba el caso de un equipo que acudió a él con la idea de apoyar la distribución de una nueva variedad de producto alimenticio en África. Estos potenciales patrocinadores querían “invertir en unas cuantas pequeñas empresas en África que se dedicasen a ello”.

 

Boorstin les miró y les dijo, “basándonos en nuestra experiencia en otras áreas, estáis locos. Habéis tomado el camino equivocado. Averiguad quiénes son los distribuidores, quién financia la venta de esas cosas, trabajad con las instituciones locales, proporcionadles incentivos para que logren lo que vosotros estáis intentando”, decía al inversor. “Y por favor, no inviertas tu dinero en un grupo de pequeñas empresas de las zonas rurales de África porque lo perderás todo y no lograrás tus objetivos”.

 

Tal vez precisamente para evitar estas dificultades, IFC invierte cerca de una tercera parte de su cartera en bancos locales e instituciones financieras. “A pesar de estar en Washington, incluso ahora que tenemos muchas personas haciendo trabajo de campo -y creo que unas 70 u 80 oficinas de campo–, aún somos conscientes de que una de las mejores maneras para contribuir al desarrollo es desarrollar instituciones en los países en desarrollo”, afirmaba Boorstin.

 

Como inversor directo, IFC siempre intenta buscar un socio. Boorstin señalaba que el grupo nunca invierte dinero a menos que haya otros inversores interesados en el proyecto. “De hecho creo que se trata de una disciplina estupenda… Somos un socio, asumimos el mismo riesgo que el resto de inversores. Gozamos de algunos beneficios por ser una agencia multilateral, pero básicamente estamos igualmente expuestos al riesgo. Nosotros no tenemos garantías del gobierno –eso lo hace el Banco Mundial–, no es nuestro cometido”, decía.

 

En la selección de proyectos, Boorstin señalaba que también buscan que los proyectos sean auto-sostenibles. “Es necesario que sea comercialmente viable, porque si no lo es alguien tendrá que subvencionarlo eternamente, y nosotros no tenemos dinero para ello”.

 

Los negocios que mejoran algún tipo de red preexistente también suelen tener una mejor acogida. “En los países en desarrollo, la existencia de cierta red genera enormes beneficios”. Boorstin mencionaba un par de casos en los que el IFC invertía en proyectos respaldados por el Grameen Bank de Bangladesh. Ambos proyectos, una empresa de energía solar y otra de telefonía móvil llamada Grameen Phone, se engloban en un proyecto de microfinanzas que ha creando una poderosa red entre pueblos de todo el país. 

 

El hecho de que salir de dichos proyectos sea algo bastante difícil representa otro gran reto. Sammut decía que la inexistencia de una “puerta trasera de salida” es un factor que dificulta las inversiones en el mundo en desarrollo. En su opinión, una posible solución sería establecer un sistema de autoliquidación de la deuda.

 

Pero la distancia cultural y geográfica entre el primer y el tercer mundo posiblemente sea el mayor de los retos, en especial para los inversores de capital-riesgo. “Por ejemplo, si la directiva no lo está haciendo muy bien, la solución habitual -tomar el control- no es en realidad una buena opción”, decía Boorstin. “Conseguir que una empresa familiar renuncie al control de la empresa es muy difícil. Incluso si lo hace, ¿cómo voy a encontrar a alguien que vaya allí a dirigir una empresa que genera energía solar en mitad de los Andes?”


Publicado el: 29/03/2005


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