El software argentino busca su despegue definitivo
La industria del software argentino, activada por la devaluación durante la crisis económica de 2001, ha logrado cosechar en los últimos años importantísimos logros. El aumento en el número de empresas y de puestos de trabajo, así como el crecimiento de las exportaciones, entre otros aspectos, dan cuenta de este fenómeno. Pero el sector aún debe hacer más esfuerzos por fortalecerse y convertirse definitivamente en una industria reconocida en el resto del mundo. El lento apoyo gubernamental, las idas y vueltas de la economía argentina y la falta de confianza empresaria son algunas de las causas del tímido pero potencial crecimiento del software made in Argentina.
Creatividad, rapidez, capital humano y tecnológico son los principales secretos por los que el software argentino aumentó sus ventas un 20% entre 2002 y 2003, incorporó un 33% más de empleados en el mismo período y repuntó sus exportaciones ni más ni menos que un 42%, según datos oficiales de la Cámara de Empresas de Tecnología de la Información de Argentina (CESSI).
El tren de crecimiento en realidad comenzó a acentuarse en la década del ‘90 cuando la convertibilidad económica, que mantenía un peso igual a un dólar, le permitió a las empresas de tecnología actualizarse con lo más novedoso en el mercado. Por eso, surgieron interesantes proyectos de software que en ese entonces se aplicaban en compañías locales y en los procesos de grandes privatizaciones (compañías de servicios, entre ellas correo, telefonía, gas y electricidad).
“En ese momento, se realizaron muchos proyectos denominados World Class (lo mejor a nivel mundial), tanto en plataformas famosas como SAP, como en otras tecnologías explica Ernesto Galíndez, CEO de la empresa de software TGV, que brinda consultoría y elabora productos a medida de los clientes del exterior. “Esas implementaciones no tienen nada que envidiarle a algunas de Europa. Puede haber diferencia en cuanto a la cantidad de usuarios que las utiliza en Europa, pero el tipo de trabajo y experiencia realizados en Argentina es de primer nivel”,.
Pero además de la tecnología y el dinero fresco que era moneda corriente en esos años, Argentina contaba con otro capital esencial que se convirtió en un diferencial frente a otros competidores: los recursos humanos. El alto grado de experiencia lograda en los ’90, sumada a la creatividad de los profesionales en tecnología, es un punto fuerte que el país supo aprovechar para hacer crecer este sector.
“Luego de la crisis del 2001 sobrevivieron las empresas más sólidas, trabajadoras y honestas, que han sabido sembrar para el futuro. La necesidad de sobrevivir, la inventiva y la creatividad hicieron que el empresario pyme (de la pequeña y mediana empresa) sea el que impulse un boom exportador y un más amplio desarrollo de la industria del software argentino”, apunta la ingeniera Carolina Bandoli, Marketing y Sales Manager de Hipernet, una empresa que exporta el 80% de su producción a Venezuela, México, Brasil, Perú y Chile.
A tono con esta opinión, el profesor Ramón García Martínez, PhD y director del Magíster en Ingeniería del Software del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) agrega: “Las capacidades técnicas argentinas son de muy buen nivel, al igual que el nivel del inglés de los profesionales que es el idioma que se usa en la programación de software. Por otro lado, los profesionales argentinos tienen una formación general mejor respecto de otros países de la región y están acostumbrados a jornadas laborales más largas”.
Sin embargo, lo que terminó por empujar definitivamente al software argentino hacia la oferta mundial fue la devaluación durante la crisis económica del 2001. El tipo de cambio 1 dólar tres pesos le permitió a los exportadores argentinos de todos los rubros ofrecer precios super competitivos a sus clientes del exterior, oportunidad que no perdió la industria del software para vender por U$S 170 millones en total.
“La devaluación fue, en gran medida, uno de los principales disparadores que provocaron una reorganización de las empresas en todos los órdenes, en particular las empresas vinculadas a la producción de bienes y servicios informáticos que aprovecharon la oportunidad para tener bajos costos y disponer de mano de obra calificada para rearmar sus estructuras en torno al desarrollo de software factory, que pudiera satisfacer la demanda de sistemas de información locales y apalancar la salida al exterior privilegiando la calidad y competitividad de los mismos”, es la visión de Pablo Aristizabal, CEO y fundador de Competir.com una empresa argentina de e-learning exitosa en Iberoamérica, que provee sus soluciones integrales en España, México, Chile, Uruguay, República Dominicana.
Para el profesor García Martínez del ITBA, existe aún otro punto más que ha colaborado a la expansión del software: “Se han generado varias iniciativas en el Congreso de la Nación, entre ellas la Ley de ‘Consideración de la producción de software como actividad industrial”, que ya ha sido sancionada y ayuda al desarrollo del mismo. Por otro lado, se encuentra con media sanción la Ley de ‘Promoción de la industria del software”, que seguramente favorecerá al sector”. De hecho, según el profesor se han puesto a disposición de las empresas distintos fondos del organismo Fontar para que certifiquen y acrediten modelos y normas de calidad internacionales para esta industria, entre ellas las más conocidas: SW-CMM, SW-CMMI e ISO.
Los principales destinos de los productos argentinos son Latinoamérica y Europa –principalmente España-, mercados que tienen en común el idioma y la idiosincrasia.
De todas maneras, ahora la industria intenta crecer más allá de su continente para llegar a otros países de Europa y Asia.
Estrategias para abrir nuevos mercados
Debido a que la gran mayoría de las compañías de software argentino son pyme, para penetrar con más facilidad en mercados difíciles como Estados Unidos, Europa y Asia, la industria ha recurrido a las alianzas, los clusters o grupos de exportación y los acuerdos comerciales con otros países. En este viaje han sido clave las asociaciones y el gobierno argentino, que acompañó con misiones comerciales y presentación de proyectos.
Por ejemplo, a fines de 2003 se conformó un Foro de Competitividad de Software y Servicios Informáticos con el apoyo de la secretaría de Industria, Comercio y de la Pequeña y Mediana Empresa de la Nación, con la idea de debatir y analizar políticas para el sector.
También se formó el Polo Tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires con la idea de armar una comunidad muy fuete de desarrolladores y proveedores de soluciones. “Yo rescato como importante la necesidad de asociarse sin necesidad de competir. Es una asociación civil sin fines de lucro que ya ha reunido a 40 empresas que tiene como fin promover la asociatividad y desarrollar el ámbito académico. Por ejemplo, ya se estableció un acuerdo con la Universidad de Buenos Aires”, contó Bandoli, de Hipernet, que junto con TGV y otras firmas impulsaron la iniciativa.
En cuanto a la relación universidad-empresa, García Martínez, del ITBA, considera que el desafío “es mantener planes de formación suficientemente dinámicos para mantenerlos actualizados. Un buen programa debería contener tanto los conceptos teóricos fundamentales de la ingeniería del software, como también los nuevos paradigmas y tecnologías del mercado”.
Desde la Cancillería, su titular, Rafael Bielsa, ya puso en marcha más de 30 proyectos de negocios que fueron presentados en China, un mercado especialmente tentador para la Argentina. De esa exitosa presentación, se firmó recientemente un acuerdo entre los dos países para poner en marcha 25 planes que se distribuirán en Tailandia, Malasia y Singapur.
La asociación entre dos países tan distintos como China y Argentina tendrá como objetivo la búsqueda de nuevos productos de tecnología informática, tarea que tendrá al país asiático como proveedor de hardware y al sudamericano como especialista en software. Se espera que se generen unos 100 millones de dólares.
También la Fundación Export.Ar, dependiente de la Chancillería, organizó distintas misiones comerciales durante el año pasado, como la de México, a la que asistieron 100 empresas argentinas.
El interés del gobierno en apoyar este tipo de industria estaría basado en el alto valor agregado que genera este sector no tradicional, dado que en general la Argentina es conocida por exportar commodities (sobre todo agrícolas), o sea, productos con poco adicional en mano de obra o manufactura industrial.
“En este momento la Argentina está considerada un lugar potencial para el denominado ‘offshore development’, y para el desarrollo de aplicaciones de bajo costo, aunque aún no ha pasado de ese estado potencial”, afirma Ramón García Martínez, PhD, director del magíster en Ingeniería del Software del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).
Los desafíos propios de los mercados emergentes
Hasta ahora, la formación de polos tecnológicos y la ayuda gubernamental ha reunido una gran cantidad de buenas intenciones y proyectos ambiciosos. Pero hay mucho por hacer ya que el software aportaría en el 2004 apenas el 0,71% del PBI (Producto Bruto Interno).
“Como la gran mayoría de las pymes latinoamericanas, tenemos que afrontar las dificultades propias de mercados emergentes, la situación coyuntural de recesión nos obliga a reconstruir permanentemente nuestra oferta para detectar nuevas oportunidades que nos permitan generar valor económico y social de manera sostenida”, opina Aristizabal.
Entre las desventajas, el profesor del ITBA menciona “el difícil acceso a herramientas automatizadas de primer nivel o hardware de última generación ahora que importar productos en dólares es muy costoso para la Argentina”.
De todas maneras, Bandoli, de la empresa Hipernet, nota que el gobierno “tiene mucho por hacer. Si el empresario no se compromete ningún gobierno le va a solucionar nada. Por eso uno de los fines del Polo Tecnológico es colaborar y apuntalas planes del gobierno”.
Al parecer, la lejana ubicación geográfica también juega en contra del país. Según Aristizabal, “no nos encontramos en una zona estratégica cerca de los principales concentradores de riqueza como Europa y Estados Unidos; tampoco tenemos niveles de producción como la India. Sí nuestra ventaja es que tenemos un alto grado de especialización en los desarrollos de software, como la industria bancaria, la agrícola, el petróleo y el transporte aéreo”.
Respecto de la India –uno de los principales competidores de la Argentina en el mapa mundial- “no cuentan con la ventaja del idioma como nosotros a la hora de vender productos en España. En los viajes que realicé a ese país me han contado empresarios españoles que había problemas de comunicación y nosotros tenemos más vinculación cultural”, agrega Galíndez de TGV.
Mientras los empresarios argentinos reflexionan sobre estos aspectos a mejorar, la cámara que agrupa a este sector (CESSI), espera que la facturación supere los 1140 millones de dólares, es decir, un 15 % más que en el 2003. además, se estima que se incremente en un 10% la cantidad de gente empleada por esta industria y que suban casi un 30% las exportaciones.
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