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Un islote de prosperidad en medio de una región en dificultades

Muchos países latinoamericanos han tenido que enfrentarse a tiempos difíciles: el crecimiento de la economía venezolana ha sido negativo (-18%) este año debido a la huelga fallida para deponer al presidente Hugo Chavez. En Bolivia, el segundo país más pobre de la región después de Haití, estuvo a punto de desencadenarse una guerra civil. Argentina, país hace tiempo conocido por ser “la Europa de Latinoamérica”, se convirtió en el blanco de burlas entre los banqueros internacionales, periodistas y ciudadanos latinoamericanos cuando en un sólo mes se nombraron y depusieron cinco presidentes. Después de haber transcurrido años desde que Perú anunció la victoria contra los terroristas maoístas, los activistas de la guerrilla todavía parecen considerarse una amenaza latente.

Pero Chile ha ido avanzando poco a poco. En tiempos de fragilidad global, la salud de su economía es hoy en día mejor que la de los últimos cinco años. La bolsa de Chile ha subido un 50% desde principios de año. El desempleo –tal vez la amenaza desestabilizadora más preocupante de la región-, está descendiendo, y la moneda del país se ha fortalecido. En menos de 10 años la pobreza se ha reducido a la mitad, según cifras gubernamentales.

Aunque los chilenos se deshicieron de Pinochet en 1989 y desde entonces han elegido a tres líderes civiles –el actual presidente Ricardo Lagos, del Partido Socialista, ha sido muy crítico con Pinochet-, las instituciones políticas y económicas han resistido. Chile, cuya población se estima en 15 millones, ha permanecido fiel a la clara trayectoria elegida hace 20 años, esto es, a las regulaciones y políticas industriales diseñadas por el régimen de Pinochet después de que el país sufriese su propio cataclismo económico.

¿Qué hay detrás del éxito de Chile? ¿Se puede mantener?

“Chile es el único país de toda la región que ha tenido políticas consistentes a lo largo de las dos últimas décadas”, dice Fritz Du Bois, economista del Instituto Peruano de Economía en Lima. “Entre 1983 y 1999 Chile ha experimentado una tasa de crecimiento media del 6%. Ningún otro país en Latinoamérica lo ha logrado. Eso supone la diferencia entre la pobreza y la riqueza”. Incluso si Perú disfrutase de una tasa de crecimiento anual del 6% no lograría alcanzar los niveles de riqueza del país vecino hasta el año 2035, explica Du Bois.

El profesor de gestión de Wharton Gerard McDermott cree que en Chile la combinación de liberalización y concesión de “regalos estatales” al estilo de Corea del Sur fue lo que restringió los movimientos de capital que a su vez contribuyeron a la construcción de sus reservas de capital. Además, esto fue complementado con agresivas regulaciones bancarias de obligado cumplimiento. “Los centros fueron aleccionados”, dice McDermott.

La gente sigue atrapada en la polémica amor-odio del caso Pinochet, pero sin embargo se puede asegurar que durante su gobierno se construyeron los pilares políticos y económicos existentes hoy en día. (Desde luego, el gobierno de Pinochet será para siempre empañado por sus violaciones a los derechos humanos).

Alteraciones quirúrgicas

Los dictadores gobiernan como les place, y la dictadura de Pinochet no fue la excepción. Bajo su mandato, los administradores llevaron a cabo rápidamente una serie de operaciones quirúrgicas radicales en la economía. En 1975, dos años después de la usurpación del cargo del presidente Salvador Allende, la privatización de los activos estatales estaba en marcha y se estaba trabajando en la implantación de reformas fiscales clave, muchas de las cuales forman parte hoy de los fundamentos de la vida económica de Chile.

Por ejemplo, las pensiones se destinaron a inversiones locales. “Forzó el ahorro familiar, y esos ahorros se canalizaron hacia la inversión”, dice McDermott, añadiendo que estas restricciones hacían desaparecer la volatilidad, pero que desde entonces las normas sobre los movimientos de capital se han relajado.

Chile fue el primer país de la región en introducir un impuesto sobre el valor añadido, el cual contribuyó a recuperar el equilibrio de la balanza de pagos y los déficit presupuestarios a medida que los precios del cobre empezaron a caer, dice Edgardo Barandiaran, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago.

Durante la crisis de la deuda de 1982 que asoló a Chile a otros países latinoamericanos, Chile se mantuvo a flote y controló su deuda pública, algo que históricamente ha resultado imposible para sus vecinos, añade. “La mayor diferencia entre Chile y Argentina (en el sector público) es que Chile hizo los ajustes necesarios para eliminar la deuda, mientras que Argentina todavía está en ello”, explica Barandiaran.

Debido a sus diferencias políticas y constitucionales –y sobre todo a la tolerancia histórica de Argentina con la corrupción-, “Chile ha sido capaz de llevar a cabo cambios más profundos y permanentes” en comparación con Argentina, añade.

Los miles de millones obtenidos con las privatizaciones en Chile fueron reinvertidos en el país, señala Joaquín Vial, profesor de economía en la universidad chilena Adolfo Ibáñez. “No se destruyó la riqueza estatal”, añade Vial. “Hubo un crecimiento neto del ahorro y la inversión, cosa que no se vio en Argentina”.

Olivia Mitchell, directora ejecutiva del Pension Research Council de Wharton, afirma que la estructura de pensiones de Chile ha ayudado a fortalecer el sistema financiero, el cual es esencial para cubrir los riesgos entre los compradores y vendedores de instrumentos financieros. Sin tales reformas, “no se puede estar seguro de que en el futuro se recibirá una pensión”, dice.

Las estrictas regulaciones bancarias también han sido de gran utilidad para la sociedad chilena, dice McDermott. En casi todos los países, desde México hasta Argentina, los bancos intentan captar a sus nuevos clientes con la posibilidad de ganar coches, viajes o complementos del hogar a través de sorteos, como el libretón. Sin embargo, si se lee con detenimiento la letra pequeña de esos contratos, los clientes descubrirán que no hay seguro para los depósitos en esas cuentas bancarias, añade. “En Chile eso no ocurre. Chile tiene un estricto sistema regulador bancario con un montón de controles y estrictas normas sobre lo que pueden y no pueden hacer los bancos”.

El General Pinochet “puño-de-hierro” no se tuvo que enfrentar a nadie que cuestionase su autoridad y propuestas, como el presidente de México Vicente Fox, que se queja de que el irritable Congreso mexicano ha echado abajo sus iniciativas de reforma fiscal. Aquellos que critican el progreso experimentado por Chile suelen sostener que el país ha logrado pasar por delante de los demás gracias a una fuerte dictadura militar, y creen que es imposible lograr tales cambios con carácter de permanencia en democracia.

Pero en opinión de otros, no es necesaria una dictadura para reconstruir un país. “Mira el antiguo presidente de Argentina Carlos Menem y todo lo que hizo”, sugiere Guillermo Mondino, economista argentino en la consultora MacroVISION. El presidente electo Menen, que gobernó durante dos legislaturas, vendió el petróleo, el gas natural y las telecomunicaciones argentinas en una oleada de privatizaciones. “La tolerancia de la democracia no es incompatible con las reformas”.

En alabanza del aguacate

Además de resolver sus asuntos de política interna, Chile ganó mercados en el exterior gracias a una organizada estrategia comercial, dice McDermott, señalando que “Chile dispone de una potente burocracia y política de promoción de las exportaciones”.

McDermott señalaba a la agencia comercial gubernamental ProChile, la cual no cesa en repetir alabanzas sobre las virtudes de los productos chilenos. ProChile habla efusivamente de la pureza de sus frutas y verduras –“las barreras geográficas del Desierto de Atacama, el Océano Pacífico y los Andes aíslan a Chile de las pestes y enfermedades”-, y halaga la calidad de sus pescados al explicar que “las claras aguas ricas en nutrientes y las excepcionales condiciones medioambientales dan como resultado una enorme variedad de pescados y mariscos”. (Un alto porcentaje de las exportaciones de pescado chilenas es pescado de piscifactoría).

De hecho, gracias a tener que cumplir estrictos requisitos sanitarios, los cultivadores de aguacates de Chile disfrutan de acceso constante a los mercados estadounidenses, algo de lo que no disfruta México, vecino más próximo de Estados Unidos.

“No estamos haciendo nada novedoso”, dice modestamente Manuel Valencia Astorga, de ProChile, al que le gusta hablar de la “mística especial” en la profesionalidad de los chilenos para establecer y cumplir los objetivos de venta. “Gastamos el dinero inteligentemente en campañas, y buscamos el consejo de distribuidores e importadores de Estados Unidos o la UE. Nunca haríamos una campaña adoptando un punto de vista chileno”.

Sin embargo, otros apuntan a la especial “mística chilena” para hacer enfurecer a los directivos. “Los directivos chilenos disfrutan de enormes habilidades”, dice el argentino Mondino. “Existe mucho más respeto por las instituciones que en cualquier otra parte de la región”. Mitchell sugiere que un país pequeño como Chile tiene poco heterogeneidad demográfica. “Chile es bastante homogéneo y su población bastante cualificada. Esto puede contribuir a que haya un mayor nivel de entendimiento de los temas financieros”, dice.

La ruta del comercio bilateral

A diferencia de otros países latinoamericanos, Chile ha adoptado el camino de la bilateralidad a la hora de negociar los tratados comerciales, un enfoque que le permite prácticamente un acceso ilimitado a los mercados globales.

Mientras Argentina y Brasil discuten sobre el destino de MERCOSUR y reflexionan sobre cuál será la mejor fórmula para conseguir pactos comerciales con Estados Unidos y la UE, Chile poco a poco sigue firmando acuerdo tras acuerdo. El último fue con Estados Unidos este mismo año.

Otros países de la región han empezado a seguir su ejemplo. “Perú está considerando abandonar un enfoque multilateral y adoptar uno bilateral, algo que Chile decidió hace 30 años”, dice Du Bois. También es el caso de Colombia, que está negociando un acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos.

Es más, otros países latinoamericanos han privatizado sus sistemas de pensiones “a la chilena”. En la pasada década México y Perú privatizaron sus sistemas de pensiones utilizando un modelo parecido al de Chile.

Chile no tiene fama en Latinoamérica por ser una economía dinámica. Pequeños países como Costa Rica o la República Dominicana también han experimentado un fuerte crecimiento económico. Pero la clave de la economía costarricense descansa en una única compañía –Intel-, mientras que en el caso de la República Dominicana las remesas procedentes de los emigrantes residentes en Estados Unidos y el turismo son una importante fuente de ingresos para su economía, tal vez una situación poco adecuada para su salud económica en el largo plazo.

¿Existe alguna contrapartida negativa asociada al éxito de Chile?

Algunos latinoamericanos se preguntan si los chilenos no se han convertido en los nuevos argentinos de la región, es decir, si escasean en humildad. Es evidente que Chile es una tierra de normas, leyes y orden. Incluso existen estrictas normas para escribir los anuncios que se exhiben en los tablones de muchos supermercados, en las que se describe cómo se deben escribir los anuncios para cosas tan mundanas como servicios para pasear el perro. La sociedad chilena puede muchas veces parecer muy lejana o rígida a los ojos de los visitantes, que en cualquier otro país latinoamericano disfrutan de una cálida bienvenida.

“Están obsesionados con conseguir contratos y con la riqueza”, dice Du Bois acerca de sus vecinos del sur. Los chilenos “han desarrollado cierta arrogancia y creen que están por encima del resto de Latinoamérica”.

No obstante, los triunfos de Chile suponen un agradable contraste y sirven como ejemplo en una región donde las disparidades de renta son enormes. Puede que los chilenos sean gente imperturbable, que necesiten algunas lecciones sobre como organizar fiestas, pero su economía sigue siendo la envidia de sus vecinos. Sus restricciones fiscales y reformas legales, tácticas de marketing y reducción de pobreza podrían constituir una ventaja para el resto de Latinoamérica. En palabras de Du Bois: “No existe motivo alguno por el que los peruanos no puedan seguir siendo igual de cálidos pero algo más ricos”.


Publicado el: 19/11/2003


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