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El fin del romance entre Europa y Estados Unidos

Las desavenencias diplomáticas en la guerra contra Irak se han dejado sentir a lo largo y ancho de EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y el resto de lo que recientemente se ha dado por llamar “la vieja y la nueva Europa”. Tanto los responsables de la política internacional como los ciudadanos de a pie se preguntan qué va a suceder en los próximos meses y en los próximos años a medida que vayan desapareciendo algunas de las conocidas alianzas, surjan otras nuevas, y estructuras como la OTAN o la Unión Europea se tengan que enfrentar a nuevos problemas.

Pero lo que está en juego es algo más que asuntos políticos y diplomáticos. También se encuentran afectadas las relaciones empresariales y comerciales entre EE.UU. y Europa, según profesores de Wharton y de INSEAD –la prestigiosa escuela de negocios francesa-. Está por ver hasta qué punto la falta de acuerdo sobre Irak afectará a los negocios.

Nadie prevé que vaya a producirse una guerra comercial total o que una multitud de ciudadanos estadounidenses vaya a vaciar botellas de Burdeos en la bahía de Boston. No obstante, estos académicos sostienen que el impacto de la guerra contra Irak en el comercio puede ser importante, ya que en Berlín, Bruselas, Londres, París o Washington, tanto los consumidores como los directivos están empezando a tomar decisiones basadas en las fricciones que han afectado el clima político mundial.

“Nadie sabe cómo van a salir las cosas”, dice Howard Pack, profesor de gestión y política económica de Wharton. “Creo que la probabilidad de que se produzca una reacción violenta por parte de los consumidores no es demasiado grande. Pero Alemania tiene unas tasas de desempleo muy altas. Además, sus exportaciones a EE.UU. superan a sus importaciones en 30.000 millones de dólares. De modo que, incluso si las ventas de productos de consumo alemanes disminuyese unos 20.000 millones de dólares, el impacto que esto tendría sobre la economía alemana sería muy importante. En este sentido, los europeos pueden tener algunos problemas que no han previsto. Dada la debilidad de las economías europeas, esta disputa podría tener algunas consecuencias.”

Bruce Kogut, profesor de estrategia en INSEAD, asistió a la conferencia anual de líderes corporativos, representantes de los gobiernos y otras personas bien relacionadas que recientemente tuvo lugar en Davos, Suiza, y allí se encontró con una atmósfera “arrolladoramente en contra de EE.UU.”. Así, señalaba que en Davos “los europeos y muchos estadounidenses expatriados se mostraban furiosos al ver a EE.UU. actuando como un matón” con aquellos países que se oponen a una acción militar contra Bagdad. Esas mismas personas también manifestaron su decepción en relación con algunos conflictos previos entre EE.UU. y Europa en materia de política comercial y medioambiental.

Después de las sesiones de Davos, Kogut y su familia se fueron a esquiar a Francia, donde tuvieron la ocasión de escuchar a la gente expresando sus temores sobre una posible caída de las importaciones estadounidenses de productos europeos, ya que Europa es un exportador neto frente a EE.UU. “Europa depende en gran medida del mercado estadounidense y durante los últimos 10 o 15 años ha invertido fuertemente en EE.UU.”, afirma Kogut.

Informes sobre reacciones violentas

En las últimas semanas han salido a la luz varias noticias relativas a las consecuencias empresariales de las desavenencias diplomáticas. Según el International Herald Tribune, el presidente de un grupo mayorista alemán informó que un ejecutivo de una empresa de bienes de consumo perdió un contrato con un antiguo cliente estadounidense disgustado con la oposición del canciller alemán Gerhard Schroeder ante la guerra contra Irak.

El periódico también citó al presidente de la Cámara de Comercio franco-americana de París al publicar que, a pesar de que las crisis entre Francia y EE.UU. normalmente “se olvidan” en unas pocas semanas, “no espero que las compañías aéreas estadounidenses vayan a comprar aviones Airbus durante los próximos meses”.

Mientras tanto, Associated Press difundió la historia de un funcionario del Palm Beach County (Florida) que había intentado bloquear un contrato con el gobierno por valor de 25 millones de dólares de una filial de la empresa francesa Vivendi Environmental para la construcción de una planta de tratamiento de lodos.

Pero estos académicos sostienen que las potenciales ramificaciones de la disputa entre Europa y EE.UU. van más allá de la anecdótica evidencia de cierto descontento entre los consumidores o de los comentarios anti-franceses en los artículos de opinión de los periódicos o entre los humoristas de los shows nocturnos.

Así, afirman que la animadversión y la desconfianza a ambos lados del Atlántico podrían tener influencia sobre dónde deciden invertir las empresas estadounidenses en Europa y sobre la eficacia con que se gestionan las disputas comerciales entre la Unión Europea y EE.UU.

Asimismo, los burócratas europeos que trabajan en el ámbito de la defensa de la competencia pueden empezar a adoptar posturas más críticas ante las propuestas estadounidenses de fusiones corporativas. Es más -dicen-, el abismo que se ha abierto entre los países de la vieja Europa -como Bélgica, Francia y Alemania-, y de la nueva Europa -Polonia, República Checa, Hungría y otros países de Europa Central y del Este- afectará al proceso de ampliación de la UE. Para el año 2004 se espera ampliar la Unión Europea, que pasará a tener 25 miembros.

“Las consecuencias menos obvias, pero quizá más perjudiciales, no tendrán su origen en los boicots de los consumidores o en empresas que se echan atrás en sus acuerdos”, dice el profesor de gestión de Wharton Witold Henisz.  Los mayores riesgos aparecerán cuando, por ejemplo, una empresa se siente a negociar adoptando una postura poco flexible o con cierta actitud de desconfianza y recelo.

“Cuando las empresas operan en un contexto internacional, necesitan valorar sobre el terreno la situación existente en otros países”, dice Henisz. “Si no escuchas, puede que no te des cuenta de la importancia de lo que alguien te está diciendo. Al iniciar una negociación, existe el peligro de que precisamente se te pase inadvertida la información que necesitas para que el acuerdo salga adelante.”

Henisz añade: “¿Va la gente a dejar de firmar acuerdos simplemente por rencor? No lo creo. Creo que es más importante comprender cuales son los factores que determinan la firma de un acuerdo. Un proceso continuo de debate, o el desarrollo de una mayor comprensión sobre cómo es la política, cultura y sociedad de otros países, son factores que contribuyen a que los negocios tengan éxito en el extranjero. Si una empresa considera antagonista a la otra parte, esto impedirá que se avance”.

Además, Henisz también se teme que el desacuerdo sobre Irak se extienda a otras áreas, como por ejemplo la controversia que desde hace tiempo existe en la UE sobre la importación de organismos genéticamente modificados.

El valor del dólar ha bajado frente al euro desde que comenzó la discordia. Pero Richard J. Herring, profesor de banca internacional y director del Joseph H. Lauder Institute of Management and International Studies, afirma que es difícil discernir qué parte de esa caída puede atribuirse al conflicto diplomático sobre Irak.

“Han sucedido muchas cosas a la vez”, explica Herring. “Hay razones estructurales para creer que el dólar se devaluaría de todos modos, como el enorme déficit por cuenta corriente estadounidense o la constante infravaloración del euro como consecuencia de ciertas medidas. Sin embargo, no hemos asistido a lo que a menudo ocurre cuando se producen graves situaciones de incertidumbre a nivel internacional: la huída hacia la seguridad del dólar. Es posible que la actual amenaza a la estabilidad internacional no provoque ese resultado. Después del 11 de septiembre, Estados Unidos ya no ofrece una imagen de inmunidad ante ataques. Además, parece que los terroristas sólo muestran hostilidad hacia EE.UU.”

Herring señala como los costes de la guerra del Golfo de 1991 fueron soportados conjuntamente por EE.UU. y sus aliados, por lo que el impacto sobre la balanza de pagos estadounidense fue pequeño. “Pero está claro que si seguimos adelante con la guerra contra Irak, estaremos solos a la hora de realizar los pagos. Esto podría provocar un ajuste del dólar”, añade.

En opinión del profesor de gestión de Wharton Gerald A. McDermott, las tensiones entre EE.UU. y Europa pueden afectar al proceso de ampliación de la UE y a la elaboración del borrador de la Constitución Europea que actualmente está en marcha. Muchos de los países que han anunciado su apoyo a EE.UU. en la cuestión sobre Irak son candidatos a entrar en la UE y la OTAN. Fueron estos países los que, a mediados de febrero, se convirtieron en el blanco de las críticas de Jacques Chirac. El presidente francés dijo que estos países deberían haberse guardado para ellos sus opiniones sobre Irak, y señaló que su excesiva franqueza podría afectar su entrada en el mercado común.

Asuntos de comercio

Para los negocios -sugiere McDermott- todo esto significa que en Europa se están tomando decisiones fundamentales sobre el futuro de las instituciones políticas y económicas en un momento en que las relaciones están tensas. “Los franceses dicen que el presidente Bush está interfiriendo en temas de la UE [al felicitar a los países de Europa Central y del Este por el apoyo mostrado ante la guerra contra Irak]. Históricamente, la UE ha sido una aventura franco-alemana. Francia considera que la actuación de Bush obedece al deseo de entrometerse en asuntos que Estados Unidos considera de política interna. Hay enormes divisiones dentro de la Unión Europea sobre temas como las subvenciones [a los nuevos miembros de la UE] y la agricultura. Ahora, franceses y alemanes están realmente enfadados con los países que apoyan a Bush, lo cual incrementa la dificultad a la hora de debatir sobre las políticas e instituciones clave”.

McDermott dice que el desacuerdo sobre Irak también puede afectar a la actual Ronda Doha de negociaciones de la Organización Mundial de Comercio sobre asuntos controvertidos, entre los que se encuentran las subvenciones comunitarias a los agricultores. (Se conocen estas deliberaciones como la Ronda Doha porque las conversaciones comenzaron en 2001 en la capital de Qatar). Asimismo, McDermott prevé el incremento de posiciones muy restrictivas por parte de los burócratas de la UE en todo procedimiento estadounidense por prácticas contrarias a la libre competencia. Además, las tensiones relacionadas con Irak influirán sobre la decisión de Gran Bretaña de abandonar su libra y adoptar el euro, un asunto donde los representantes británicos están tremendamente divididos.

El primer ministro británico Tony Blair “en estos momentos no corre el riesgo de perder su empleo”, dice McDermott, “pero lo que está en juego en todo este asunto es el capital político y el poder que necesitaría para conseguir que los votantes aceptasen el euro. Creo que tenemos de evaluar el impacto que tendrá la guerra de Irak y la situación posbélica sobre la capacidad de Blair para ejecutar otros puntos de su programa. Todas estas cuestiones afectan a la integración europea y a la política económica internacional”.

Respecto al comercio entre EE.UU. y la UE, Herring dice que es difícil predecir qué puede suceder como consecuencia de las actuales tensiones diplomáticas, puesto que, previamente, ya existían fricciones comerciales. “Desde hace mucho tiempo han existido tensiones sobre la política agraria comunitaria, la política de fusiones empresariales y los aranceles estadounidenses sobre el acero”, en opinión de Herring. “Pero a fin de cuentas, no creo que este asunto con Irak vaya a suponer una ruptura de la OMC. Creo que el último asalto con acciones de represalias en respuesta a los incrementos arancelarios muestra que, en este momento, ninguna de las dos partes está impaciente por recurrir a ellas.”

Cuando el año pasado EE.UU. impuso aranceles temporales a las importaciones de acero, los europeos fueron inteligentes al no tomar represalias de una forma generalizada, sino seleccionando como blanco a los productos siderúrgicos de aquellos distritos donde consideraron que la posición del presidente Bush era más débil. “Los republicanos acabaron ganando las elecciones, pero se logró dar la imagen de que Europa podía hilar muy fino con las represalias, lo cual ha provocado que los aranceles no resulten algo tan atractivo“, dice Herring.

La atracción de Europa del Este

El profesor Kogut, de INSEAD, cree que la oposición francesa y alemana a la guerra contra Irak puede llevar a que más empresas estadounidenses se establezcan en Europa Central y del Este, donde la mano de obra es más barata, se disfruta de un entorno empresarial favorable para los negocios y, además, se puede acceder al mercado comunitario. Pero Kogut señala que las empresas estadounidenses ya estaban considerando invertir en esta zona antes de que la guerra contra Irak originase tensiones entre EE.UU. y Europa.

La atracción que sienten los inversores por la nueva Europa –y también por los países de la vieja Europa- ha sido tratada en detalle en un reciente artículo de William Drozdiak, antiguo periodista del Washington Post y actualmente director ejecutivo del Transatlantic Center, perteneciente al German Marshall Fund.

“Se espera que a lo largo de la próxima década tengan lugar en los países del Este las mayores tasas de crecimiento económico y de renta de Europa, desde los estados Bálticos hasta Bulgaria”, escribió Drozdiak en el Post. Y añadía: “Las empresas occidentales de seguros, supermercados, bancos y empresas de automóviles y maquinaria se están desplazando hacia el Este para establecerse en lo que se considera un nuevo filón de mercados de consumo”. Por ejemplo, Citigroup y General Motors están entre las empresas que han invertido mucho en Polonia, un aliado incondicional de EE.UU. que se mostró especialmente disgustado con la forma en que Chirac castigó a los países europeos que apoyaban a EE.UU. en la guerra contra Irak.

El profesor Pack, de Wharton, señala que si algunas empresas estadounidenses son reacias a invertir en Francia o Alemania, puede que simplemente sea porque vean mejores oportunidades en otros lugares y la decisión no tengan nada que ver con la controversia acerca de Irak. “Las empresas estadounidenses están interesadas en invertir en China y cada vez muestran un mayor interés en invertir en software en la India”, dice Pack. “En ambos países existe un rápido crecimiento per cápita. Esto pone de manifiesto una tendencia a largo plazo. Durante los próximos 10 ó 15 años puede que las economías de la India, China e incluso Rusia obtengan mejores resultados que las economías europeas”. Francia, Alemania y otros países europeos “han de idear cómo hacer que sus economías sigan creciendo cuando las tasas de natalidad son tan bajas”.

Herring señala que muchas empresas estadounidenses “ya han dejado de invertir en Francia y Alemania. Incluso los alemanes han dejado de invertir en Alemania, lo cual es parte de su problema. Y lo mismo se puede decir de Francia, aunque en menor grado”.

Un punto de vista optimista

Respecto al futuro, Kogut es bastante optimista sobre la capacidad de EE.UU. y Europa para solucionar sus diferencias. “No creo que EE.UU. se vaya a retirar desde el punto de vista económico de Europa”, subraya Kogut. “Estados Unidos es un mercado unificado, aún es el país que ha sido el motor del crecimiento mundial durante los últimos años y seguirá siendo un mercado atractivo para los europeos”.

Utilizando el mismo razonamiento, Europa Occidental seguirá siendo un mercado atractivo para muchas empresas estadounidenses y viceversa. “A la hora de decidir dónde invertir, las empresas estadounidenses contemplan aquellos países donde se apoye su presencia y actividades”, opina Kogut. “Todas las inversiones dependen de la existencia de un clima político favorable. Me da la sensación de que en Francia y en Alemania las empresas estadounidenses van a encontrar respaldo. Las economías de estos países tienen aún altas tasas de desempleo y agradecen las inversiones. Y, a fin de cuentas, Europa y EE.UU. comparten muchos intereses”.

“Parece que las cosas están peor de lo que están en realidad”, continúa Kogut. “Es difícil conocer la política francesa, uno de los principales factores a la hora de determinar cómo acabará todo esto. Pero, a fin de cuentas, soy bastante optimista. El grado de implicación entre Europa y EE.UU. es tal que creo que trabajarán unidas para que se siga manteniendo un entorno empresarial favorable. Su destino es un destino común”.


Publicado el: 15/04/2003


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