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Venezuela, ¿una bomba a punto de explotar?

¿Se encuentra Venezuela al borde de la guerra civil? Desde diciembre de 2001 los venezolanos han vivido cuatro huelgas generales y un intento golpista contra el presidente de la república, Hugo Chávez, el pasado 12 de abril. Es evidente que la sociedad venezolana está viviendo un acelerado proceso de polarización en torno a su presidente. La quiebra social ha terminado golpeando al motor económico del país, el petróleo, justo en un momento en el que la amenaza de una segunda Guerra del Golfo ha disparado el precio de los carburantes. Para poner fin al conflicto, la oposición pide la celebración inmediata de elecciones que posibiliten la salida de Chávez. Sin embargo, el carismático presidente argumenta que la constitución impide una convocatoria electoral hasta agosto de 2003. Universia-Knowledge@Wharton analiza las causas del conflicto y se plantea: ¿Es posible una salida democrática a la crisis?

 

“Va a resultar muy difícil encontrar una solución pacífica a la quiebra social y política que vive Venezuela”, afirma Rafael Pampillón, catedrático y director de investigación del Instituto de Empresa. “No descarto una salida violenta a la crisis, que podría derivar en una guerra civil o en un conflicto armado, entre otras razones, porque en ese país todo el mundo tiene un arma”, añade Pampillón. La celebración de unas nuevas elecciones parece ser la salida pacífica posible. Sin embargo, “Chávez tiene la ley en su mano porque el texto de la Constitución prohibe una nueva convocatoria hasta el mes de agosto”, recuerda Pampillón.

 

La brecha social ha terminado por dibujar dos bandos: Por una parte está el bloque opositor de la clase media, que ve amenazado su derecho a la propiedad privada; los medios de comunicación independientes, que se sienten amenazados por lo que consideran continuas restricciones a la libertad de expresión; y los empresarios agrupados en la patronal Fedecámaras. El bloque afín a Chávez está compuesto por las clases más humildes que valoran las medidas de tipo social. El sindicato de los trabajadores (CTV) ha terminado por unirse a la oposición tras el intento del presidente por hacerse con la industria petrolera a través del nombramiento de los presidentes y de la junta directiva de la compañía petrolera PDVSA.

 

Como reacción, y para intentar forzar la salida del presidente, los opositores se han hecho con la principal fuente de ingresos del país: el petróleo. PDVSA controla el 95 por ciento del crudo nacional y posee 14.800 pozos del petróleo. Fuentes cercanas al Gobierno venezolano aseguran que la mitad de ellos están parados por la huelga que han declarado los trabajadores de la empresa. El coste económico de este paro se cuenta en decenas de millones de dólares que tardarán muchos años en recuperarse. Un ejemplo Irán, que durante la Revolución de Homeini también vivió el cierre de pozos petrolíferos y todavía no ha recuperado su potencial de producción.

 

Si hoy terminara la huelga, Venezuela tardaría todavía cuatro meses en recuperar la producción de tres millones de barriles diarios que tenía antes de la crisis. El Gobierno asegura que actualmente se están produciendo dos millones de barriles al día, pero “los opositores reducen esta cifra hasta seiscientos mil, lo que supone un duro golpe para una economía tan expuesta a una sola fuente, como es el crudo”, recuerda Pampillón.

 

“El ochenta por ciento de las exportaciones de Venezuela son de petróleo, y el general el cincuenta por ciento de los ingresos proviene de la venta del crudo. La estabilidad nunca llegará al país hasta que no se lleve a cabo una profunda reforma del modelo económico del país, ajustando el gasto público y reduciendo la exposición al petróleo”, dice Pampillón. “Chile supo hacerlo. Antes dependía en un ochenta por ciento del cobre, ahora esta cifra se ha reducido hasta el cuarenta por ciento.

 

Chávez, héroe o villano

¿Cómo ha podido Venezuela llegar a este punto? La raíz del problema se remonta al 6 de diciembre de 1998, cuando Hugo Chávez, un carismático ex militar y ex líder golpista se convirtió en el presidente más joven de la democracia venezolana. Su ideología populista le permitió ganarse el afecto de diversos sectores y recibir el apoyo del 56,2 por ciento de los electores. Sin embargo la clase media y alta, que comenzó mostrando un amplio apoyo a Chávez, poco a poco le fue retirando su confianza. El tono beligerante de sus discursos, la crisis económica y el autoritarismo denunciado por parte de la oposición fueron mermando su popularidad hasta que, el pasado 11 de abril, fue depuesto de su cargo durante 48 horas después de un intento de golpe militar.

 

El populismo que adopto Chávez y que le supuso un rotundo éxito electoral, como explica José María Peredo, periodista y Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europa, "es un fenómeno recurrente a lo largo de la historia de América Latina". En su opinión, "se suele producir cuando los partidos tradicionales acaparan todas las estructuras del poder, pero no representan a la mayoría de la población. Si, además, esta falta de representación va unida a periodos de crisis económica o de corrupción, hace que surjan las protestas y aparezcan figuras prometiendo cambios". Sin embargo, "las medidas populistas no son económicamente rentables. Generalmente se trata de medidas caritativas como, por ejemplo, cuando Fujimori -ex presidente de Perú- regalaba bicicletas a los pobres. Pero, en la mayoría de los casos, los populismos no tienen fuerza intelectual, ni fuerza en sus relaciones internacionales, ni en su veracidad; porque un sistema no se puede cambiar en un año y medio. Además, si te prometen el cambio y éste no sucede, la reacción de la gente es tildarte de traidor"

 

La llegada de Chávez estuvo por una caída de los precios del petróleo que había llevado a recalcular a la baja varias veces los presupuestos del país para ese año. Para colmo, la evasión fiscal hacía perder a las arcas del Estado el cuarenta por ciento de su recaudación. “Un sistema judicial corrupto y una clase política incapaz de satisfacer las necesidades de la sociedad -siete de cada diez venezolanos vivían en la pobreza- eran el caldo de cultivo idóneo para que las promesas de cambio y bienestar social de Chávez tuvieran éxito", explica Pampillón.

 

Una vez en el poder, Chávez comenzó el proceso constituyente que culminó el 15 de diciembre de 1999 con la aprobación por amplia mayoría de la Constitución Bolivariana, aunque hay que destacar que un poco más del cincuenta por ciento del electorado se abstuvo en la votación. Desde el comienzo de su mandato, el presidente fue adquiriendo poderes especiales hasta que, en octubre de 2000, la Asamblea Nacional le otorgó la potestad de legislar por decreto algunas cuestiones de tipo económico y social. "Durante su primer año de mandato, Chávez disparó el gasto público gracias a la mejora del precio del crudo. Ayudas sociales, construcción de viviendas, escuelas y la creación de empleo fueron sus prioridades”, recuerda Pampillón.

 

Sin embargo, el FMI le advirtió de que los beneficios de la mejora del precio del petróleo estaban siendo neutralizados por el excesivo gasto público, y la oposición le acusó de generar inflación con este sistema. El único camino con que contaba Venezuela para reducir su exposición al crudo era potenciar las empresas privadas, una medida que Chávez no parecía dispuesto a adoptar. Todos estos factores fueron rebajando su popularidad, al tiempo que algunos sectores dejaron de confiar en él, al que tachaban de tener un discurso incoherente.

 

El estallido de la crisis

En noviembre de 2001, continuando con su política populista, Chávez aprueba un paquete de 49 leyes, entre las que se encontraba la polémica Ley de Tierras -que permite al Gobierno realizar expropiaciones- y la Ley Orgánica de Hidrocarburos Líquidos. Estas normativas suscitaron de inmediato el recelo de la clase media y alta. A partir de entonces la oposición comienza a movilizarse y se producen una serie de manifestaciones en cadena: el 10 de diciembre de 2001 tiene lugar una huelga general; el 23 de enero, una gran manifestación; en febrero continúan las protestas... Cada vez es más evidente que los opositores quieren la salida de Chávez del Gobierno.

 

El clímax de este proceso hacia la crispación llega el 10 de abril, cuando la CTV y Fedecámaras declaran huelga general indefinida. Al día siguiente los manifestantes llegan el Palacio de Miraflores y piden la renuncia de Chávez. La marcha desemboca en una confrontación violenta entre los partidarios y los opositores del presidente, que se salda con más de veinte muertos y un centenar de heridos. Al final, las Fuerzas Armadas apoyan a los golpistas, Chávez dimite y Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, se pone al frente del gobierno provisional. Sin embargo, el nuevo Ejecutivo apenas permanece en el poder 48 horas.

 

El golpe fracasó por la falta de unidad de sus promotores. Los militares moderados y la CTV comenzaron a desconfiar del nuevo Gobierno; mientras que los incondicionales de Chávez salían a la calle a protestar. "La clase media y media-alta es la que realmente se opone a Chávez, porque son los que han visto peligrar su estatus económico. Los más ricos están por encima del bien y del mal, mientras que las clases humildes muestran su apoyo al presidente”, asegura Pampillón ”Pero, quien realmente tiene el poder es el Ejército”.

 

Los sindicatos, inicialmente favorables a la llegada del nuevo presidente, han terminado afirmando que el gobierno de Chávez ha traído un deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos a consecuencia de la inflación, la devaluación de más de ochenta por ciento del bolívar y el incremento del desempleo, que el pasado junio alcanzó una tasa de 16,2 por ciento. “El problema de Chávez es que ha gobernado sólo para una parte de la sociedad, al tiempo que ha atacado a otros sectores como los empresarios o los medios de comunicación. Esto ha terminado generando crispación y una profunda quiebra de la población, sobre todo, en un entorno económico tan débil”, señala el profesor del Instituto de Empresa.

 

Confluencia de fuerzas internas y externas

Algunos han buscado la responsabilidad de esta crisis fuera de Venezuela, especialmente, en la caída de los precios del crudo y su impacto en la finanzas del país. Sin embargo, en opinión del profesor Peredo, "las razones fundamentales que llevaron a Venezuela a la crisis no hay que buscarlas fuera del país ya que, por ejemplo, Castro ha tenido a lo largo de su mandato una gran oposición internacional y sin embargo continua en el poder... quizás Chávez tenga menos valía que otros líderes populistas".

 

En referencia a estos factores externos habría que señalar información publicada por The New York Times el pasado 16 de abril, en la que la administración Bush confirmó a ese medio que se celebraron reuniones con líderes de la oposición antes de la crisis, aunque siempre se ha negado que el gobierno norteamericano promoviera el golpe de estado. ¿Que razones tendría Estados Unidos para intervenir en Venezuela? Desde el comienzo de su mandato Chávez había fundamentado su política en la producción petrolífera, había orientado la cooperación con los países en desarrollo y había intentado buscar la independencia internacional, sobre todo, frente a Estados Unidos, que es el principal importador de crudo venezolano.

 

Aunque hay que señalar que otros gobiernos, aparte de Estados Unidos, simpatizaron en primer término con el gobierno provisional de Carmona, ya que como explica Pampillon, "la presencia de los primeros empresarios del país, su deseo de fortalecer a la empresa privada y el interés por atraer el comercio internacional aportaban una mayor confianza a los gobiernos extranjeros aunque, a toro pasado, todos han criticado el levantamiento".

 

Pampillón considera que “Chávez necesita devolver la estabilidad al país si quiere ganarse el afecto de la comunidad internacional y, sobre todo, de los inversores extranjeros. Actualmente, el capital extranjero se está yendo fuera de Venezuela, lo que es una clara demuestra de la poca confianza que hay en una salida pacífica del conflicto”.

 

Para intentar reconstruir la situación, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria decidió el pasado mes de enero crear un Grupo de Amigos que intente mediar en la situación. Estados Unidos, México, Brasil, España y Portugal tienen la misión de encontrar un punto de encuentro que ponga fin a la crisis. “La amenaza de una guerra contra Irak ha despertado el interés de la comunidad internacional”. El mercado ha perdido cinco millones de barriles diarios, de los que la mitad corresponden a Irak y la otra mitad a Venezuela.

 

La situación está provocando una escalada de precios que podría dejar en ridículo la sufrida durante la primera Guerra del Golfo. Antes de estallar el conflicto, el precio del barril era de diecisiete dólares y se fue hasta cuarenta. Actualmente, sin que se haya producido un ataque contra Irak, el precio es de treinta dólares, ¿hasta dónde puede llegar?

 

“La única salida es conseguir un acuerdo que satisfaga a todas las partes”, dice Pampillón. Pero los opositores no parecen dispuestos a esperar hasta agosto, ni Chávez a adelantar los comicios. “Los huelguistas saben que, aunque se celebran nuevas elecciones, Chávez puede volver a resultar ganador. Las encuestas no tienen en cuenta a las gentes pobres de las zonas más humildes y marginadas que, en caso de comicios, acudirán a votar, porque son los beneficiarios de la política de Chávez”, dice Pampillón, quien añade que “cuanto más se retrasen las elecciones más papeletas tiene el presidente para salir reeligido. Y los opositores lo saben”.


Publicado el: 13/02/2003
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