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Las fronteras del buen gobierno

"Un sistema de buen gobierno mal diseñado puede causar estragos en la economía, con malas asignaciones de recursos o siendo incapaz de detectar los comportamientos oportunistas," afirma el profesor de Gestión de Wharton Mauro Guillen en su artículo Corporate  and Globalization: Is There Convergence Across Countries (El buen gobierno y la globalización: ¿existe la convergencia entre países.

Los escándalos corporativos -como la supuesta codicia de los ejecutivos y las malas prácticas contables en el gigante de la energía Enron-, han puesto en el punto de mira las prácticas de gobierno corporativo, revelando el papel fundamental que juegan en cualquier economía.


Pero el buen gobierno ¿opera en cualquier economía de la misma manera? Esta es una cuestión que ha causado cierto conflicto entre académicos y economistas. Guillén escribe que los defensores de la llamada tesis de la globalización sostienen que los patrones de buen gobierno entre países están convergiendo -o convergerán- con el modelo anglosajón centrado en los accionistas presente en EE.UU. y el Reino Unido, o con algún híbrido de accionistas y stakeholders (todos los grupos de personas que tienen interés en una decisión determinada), modelo que normalmente encontramos en Japón o Alemania.


El modelo basado en los accionistas utilizado en Estados Unidos supone la existencia de una gran dispersión del accionariado, una fuerte protección legal para los accionistas y una indiferencia ante los diferentes stakeholders. El modelo híbrido combina características tanto de los modelos centrados en los accionistas como en los centrados en los stakeholders, y se caracteriza por una separación menos clara entre la dispersión del accionariado y el control de la gestión. En otras palabras, los stakeholders tienen una mayor influencia sobre las operaciones de la empresa.
Los escándalos actuales, como el de Enron y otros de este tipo, han hecho que los economistas se pregunten si otros países realmente elegirían seguir un modelo de gobernabilidad corporativa estadounidense, el cual ha conducido al desastre a tantos accionistas.

 

Parece ser que, con o sin escándalos, consideradas individualmente las economías toman caminos diferentes respecto a la gobernabilidad, tal y como Guillén concluye en su artículo. "La pregunta que me hago e intento responder es si en diferentes países del mundo se están adoptando las mismas prácticas en lo que se refiere a gobernabilidad corporativa", dice. "Incluso en estos tiempos de globalización, donde tenemos mercados en expansión por todo el mundo y una mayor coordinación entre gobiernos, existen diferentes sistemas de buen gobierno".


De hecho, la globalización parece animar a los países y empresas a ser diferentes, a buscar una manera diferente de hacer mella en la competencia internacional en lugar de converger hacia el mejor modelo, sugiere Guillén. Se pueden encontrar muy buenas razones para explicar porqué las estrategias de gobierno corporativo son diferentes entre países, señala. "Las razones tienen que ver con la forma en que las empresas están intentando competir en el mercado global; concretamente qué tipo de bienes y servicios [ ofrecen] , qué grado de diferenciación de producto eligen, y si se están produciendo grandes cantidades a bajos costes", explica Guillén.


Por ejemplo, examinemos el caso de los fabricantes de automóviles coreanos. Como empresas que fabrican muchos automóviles de calidad estándar, su estrategia para ganar dinero consiste en crecer lo más rápidamente posible para poder vender más automóviles de bajo coste, explica Guillén. Para lograrlo piden prestado dinero, a menudo a través de créditos bancarios. En consecuencia su estructura de gobernabilidad corporativa es tal que el gobierno, a través de los bancos, tiene influencia sobre lo que ocurre en la empresa, y asimismo la empresa automovilística opina en los asuntos del gobierno. Esa relación influye sobre la gobernabilidad corporativa coreana.

 

El modelo de buen gobierno francés es otro ejemplo de la efectividad de las diferentes estrategias, señala Guillén. A menudo se critica a las corporaciones francesas por un enfoque en temas de gobernabilidad que implica una intrincada red de agencias públicas, grandes empresas y bancos. En consecuencia estas empresas destacan en la producción de un tipo específico de producto. "Los franceses hacen las cosas muy bien cuando se trata de productos que requieren ese tipo de colaboración entre el gobierno y las empresas", explica Guillén, apuntando que los trenes de alta velocidad y los reactores nucleares de diseño francés están entre los mejores del mundo.


"Hay una conexión muy importante entre el gobierno corporativo y estrategia competitiva de las empresas", añade. "No es tan fácil como decir Oh!, vamos a cambiar el buen gobierno para que así todos tengamos las mismas reglas. El sistema de buen gobierno interactúa con muchos otros elementos en una economía, como el modo en que se regulan las leyes laborales, las leyes fiscales o la normativa respecto a la suspensión de pagos. Si cambias un componente sin modificar los demás, básicamente estás generando problemas". Su artículo sugiere que la globalización más bien consiste en gestionar las diferencias en un mundo con cada vez menos fronteras.


El estudio de Guillén, que dio comienzo hace más de dos años, adopta un enfoque macro para analizar el gobierno corporativo a nivel mundial. Así, analizó seis de los llamados indicadores empíricos para obtener conclusiones en distintos países. Entre estos indicadores se encontraban la inversión directa en el extranjero realizada por empresas con diferentes sistemas de gobernabilidad corporativa en sus países de origen, la presencia de inversores institucionales en cada país, los porcentajes de acciones corporativas en manos de diferentes tipos de accionistas, el equilibrio entre la financiación de deuda y de capital de las empresas no financieras, la adopción de incentivos a largo plazo para remunerar a los directivos, y la frecuencia con que se producen absorciones hostiles, las cuales muestran la existencia de un mercado para el control corporativo.


La tesis de la globalización, escribe Guillén, sostiene que la expansión de las multinacionales extranjeras provocarán la convergencia entre los modelos de gobernabilidad corporativa, básicamente hacia el modelo estadounidense centrado en los accionistas. Sin embargo, muchos de los resultados de Guillén rechazan esa teoría. Por ejemplo, su análisis encontró que el porcentaje mundial de inversiones directas en ó procedentes de países anglosajones está disminuyendo, desde un 66% en 1980 a poco más del 50% en 1997. Mientras tanto, los porcentajes agregados de los países bajo la influencia de la tradición legal alemana, francesa o escandinava han crecido durante ese mismo periodo desde un 34% a un 49%. "Así, parece que si hay convergencia en la gobernabilidad corporativa, puede que no sea hacia el modelo centrado en los accionistas característico de EE.UU. y el Reino Unido, sino hacia algún tipo de híbrido", dice Guillén. Es más, si echamos un vistazo en estos países a las prácticas de los inversores institucionales, a las compras hostiles y al papel de los bancos como proveedores de fondos para la industria, también vemos que van en contra de la idea de convergencia de los modelos de gobernabilidad corporativa.


Para Guillén, quizá el indicador más claro de la no-convergencia es el mercado para el control corporativo. El modelo centrado en el accionista ha sido tradicionalmente más susceptible a las compras hostiles, escribe Guillén. Desde el comienzo de la globalización, las absorciones han estado principalmente confinadas a los países anglosajones. En el periodo 1980-89 empresas de EE.UU. y del Reino Unido comprendían el 94% del total mundial de absorciones en términos de valor de la transacción, mientras que en el periodo 1990-98 ese porcentaje era del 79%. Las compradoras americanas y británicas fueron las responsables de aproximadamente el 80% del total de compras hostiles a nivel mundial durante los años 80 y 90. En septiembre Guillén y William Schneper, un estudiante de doctorado de Wharton, terminaron un artículo sobre este tema titulado Corporate Governance Legitimacy and Models of the Firm: A Comparative Study of Hostile Takeovers (La legitimidad en la gobernabilidad corporativa y modelos de la Empresa: Un estudio comparativo de las compras hostiles).


Desde el punto de vista de la gobernabilidad corporativa, los directivos de las corporaciones no deberían suponer que el mundo se está convirtiendo en un único y enorme lugar, advierte Guillén. "Si tu empresa se está expandiendo alrededor del mundo, todavía ha de tener en cuenta las diferencias existentes", dice. "No puedes ignorarlas creyendo que desaparecerán. Ese enfoque estaría condenado al fracaso".


Publicado el: 23/01/2003


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