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¿Cómo salvar la 'generación perdida' de jóvenes sin empleo del sur de Europa?

En algunos países de Europa, el desempleo ha superado el 20%, un porcentaje tan alto como el de EEUU durante la Gran Depresión. La situación es particularmente nociva para los trabajadores jóvenes. En España y en Grecia, más del 50% de los jóvenes entre 18 y 24 años están desempleados actualmente. Eso representa un desastre social y económico cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para el sur de Europa, lo que repercutiría en el resto del continente y del mundo.

Es fundamental que los jóvenes vuelvan a trabajar lo antes posible, sin embargo economistas de Wharton y de otras instituciones alertan de que hay obstáculos que impiden que eso ocurra. Como los gobiernos europeos tienen poco dinero en caja, resulta difícil poner en práctica algún programa de estimulo para la economía. El crecimiento económico parece ilusorio, por lo menos de momento. Lo único que podría ayudar -y aún así, no por mucho tiempo, advierten los especialistas— sería la transformación de las causas subyacentes al desempleo: un mercado de trabajo muy regulado.

Según la mayoría de los economistas, así como el control del alquiler tiende a exacerbar, en vez de mitigar, el problema de la falta de vivienda, los mecanismos de protección laboral tienden a hacer que el empleo sea más escaso con el paso del tiempo. En España, por ejemplo, regulaciones de ese tipo crearon un mercado de trabajo de dos niveles: en un primer nivel están los trabajadores más mayores, protegidos, y que no pueden ser despedidos fácilmente; en un segundo nivel están los jóvenes, sin protección laboral, dice Gayle Allard, profesora de Entorno Económico de la Escuela de Negocios IE de Madrid.

La protección dada al trabajador lleva a las empresas a aplazar las contrataciones fijas todo lo posible, pues saben que la necesidad de satisfacer un aumento temporal de la demanda puede llevarlas a una obligación de largo plazo nada lucrativa. En España, por ejemplo, los trabajadores con contratos fijos reciben 45 días de salario de indemnización por cada año trabajado si son despedidos y si el consejo laboral juzga "injustificado" su despido, lo que sucede casi siempre, según un informe de marzo de 2012 de la OCDE sobre el desempleo en España.

Legislaciones de ese tipo retrasan el crecimiento en los sectores más prometedores. Los empleos que esas leyes protegen "están en industrias antiguas, generalmente en sectores decadentes, como es el caso del acero; al mismo tiempo, la vigencia de ese tipo de legislación impide la creación de nuevos empleos en los sectores en expansión, como es el caso del sector electrónico. Eso es malo para el crecimiento económico a largo plazo", observa Peter Lindert, profesor de Economía de la Universidad de California, en Davis, y especialista en la historia de la desigualdad financiera.

Los formuladores de las políticas del Gobierno conocen ese problema desde hace algún tiempo. En España, por ejemplo, la tasa de desempleo alcanzó el 20% tres veces durante los últimos 30 años, según Allard. Aunque ya se hayan implementado medidas para sortear el problema, desafortunadamente las estructuras creadas para aliviar el peso del desempleo tendieron también a exacerbarlo. Los contratos de corto plazo en España tenían como objetivo hacer más fácil la contratación de jóvenes. Pero hicieron igualmente difícil su contratación permanente, añade Allard. Sin el incentivo del empleador para entrenarlos, ellos no desarrollan las habilidades que necesitan para ejecutar actividades más avanzadas.

Entre los jóvenes de Italia, el desempleo actualmente es del 30%. Según datos del CENSI, grupo de estudios italiano, en un informe divulgado el año pasado, esto significa que "buena parte de los recursos productivos de la sociedad parecen haber sido retirados del sistema (aunque tal vez no de forma definitiva), llevándola a dar la espalda a lo que suele ser entendido como tránsito obligatorio a la vida adulta y también, desde varios puntos de vista, a una obligación social genuina".

La situación se vuelve aún peor ante la resistencia de los jóvenes del sur de Europa a migrar hacia las economías más fuertes del norte, sobre todo la alemana. A diferencia de EEUU, por ejemplo, en que las personas migran de una economía regional débil a otra más fuerte, en el sur de Europa los lazos con la ciudad y con la familia son muy fuertes.

"Es extraño, ya que los españoles, cuyo nivel de educación es satisfactorio —lo que se aplica también a los italianos, griegos y portugueses— podrían encontrar fácilmente empleo en Alemania si tuvieran algo de nivel de inglés. Sin embargo, parecen preferir el desempleo y quedarse bajo el sol del sur en lugar de ir a donde está el trabajo y aprender el alemán o el holandés", observa Hermann Simon, presidente de Simon-Kutcher & Partners, empresa de consultoría global.

"A los jóvenes españoles no les gustan mucho los traslados", concuerda Allard. "No se mueven mucho ni incluso dentro de su país". Eso se debe, en parte, al hecho de que la familia española está muy unida. Otro factor que tiende a reducir la movilidad es la vivienda propia: un 75% de los españoles viven en inmuebles propios, un porcentaje un 15% más elevado que en EEUU y casi el doble del porcentaje registrado en Alemania. El colapso de la burbuja inmobiliaria arruinó las finanzas de muchas familias porque, a diferencia de lo que pasa en EEUU, la ley española no permite que el propietario envíe las llaves de la casa por correo al acreedor y finiquite de esa forma su deuda.

Pero es difícil liberar el mercado de trabajo. Incluso la población joven tiende a no ser muy partidaria de las reformas, porque teme que su situación empeore respecto a la de sus padres, dice Allard. Como hay familias enteras que están siendo mantenidas por trabajadores más mayores, amparados por la legislación, la perspectiva de perder un empleo seguro, su único activo aparentemente confiable en medio de una situación económica brutal, es sin lugar a dudas terrible. Y no se trata de algo aterrador sólo para las familias: así como la Seguridad Social en EEUU es "la tercera columna de la política americana", la protección al empleo es sagrada en el sur de Europa. En Italia, los políticos que intentaron flexibilizar las leyes laborales en el pasado acabaron asesinados, así como dos economistas que defendían la reforma laboral. Además de las barreras culturales a la reforma, está también el desafío impuesto por la naturaleza profundamente enraizada de esas leyes, muchas de las cuáles se remontan a décadas atrás, además de un contrato social cuyos orígenes son aún más remotos. Allard señala que hay una fuerte correlación entre países que tienen ese tipo de estructura en el mercado de trabajo y países que tuvieron gobiernos fascistas en los años 40, un hecho que ella cree que se debe a la tradición del Estado paternalista.

Insistir en las reformas

A pesar de las dificultades, los gobiernos de España y de Italia han insistido en algunas reformas. En España, las medidas se introdujeron por real decreto; en Italia, sin embargo, todavía están siendo discutidas en el parlamento.

Pero, aunque se reformen los mercados de trabajo en el sur de Europa, el cambio no se producirá de la noche a la mañana, advierten los economistas. "Lo ideal sería, probablemente, que las leyes laborales fueran más flexibles, pero no creo que esa sea la fórmula mágica para que se creen economías capaces de competir con los países del norte europeo, mucho menos con países asiáticos como Corea del Sur y China", observa Franklin Allen, profesor de Finanzas de Wharton.

Alemania, que liberalizó su mercado de trabajo en 2002, tal vez sea un ejemplo de mercado laboral exitoso en el norte europeo. Actualmente, el país tiene un índice envidiable de desempleo: un 6,7% (el menor índice desde la reunificación, en 1990) y un 7,8% entre los jóvenes. Desde 2002, la productividad del trabajador alemán creció un 35% y los costes salariales son hoy más competitivos que los salarios de los países más pobres del sur. "Alemania continúa beneficiándose de la reforma social, que no fue radical, pero que tuvo éxito, porque proporcionó empleo a las personas", observa Simon.

Además de las reformas adoptadas por Alemania a principios de 2000, la variedad de bienes que el país produce es la segunda razón por la cual la situación de Alemania es buena: gran parte de lo que el país vende —motores de vehículos y productos electrónicos, entre otros— son ítems que, tarde o temprano, tendrán que ser comprados. "A fin de cuentas, el cliente va a necesitar esos productos y comenzará a comprarlos de nuevo en cuanto la crisis pierda fuerza", dice Simon. Por otro lado, los empleos del último periodo de crecimiento sólido en España fueron alimentados por el boom de la construcción, una inversión de grandes proporciones resultante de deudas contraídas para la construcción de casas y apartamentos para el periodo de las vacaciones, pero que excedieron en mucho la demanda.

El nivel de educación de los trabajadores ociosos es otro problema que no se puede remediar fácilmente. En España, el trabajador joven con poco nivel educativo sufre más, según datos del informe de la OCDE de marzo de 2012. En 2009, un cuarto del 35% de desempleados no tenía diploma de bachillerato. Pero la vida no es mucho mejor para quien tiene educación. El número de jóvenes con un título universitario en España actualmente es superior a la media de la OCDE, sin embargo Allard destaca que muchos tienen dificultad en conseguir empleo de forma permanente.

"En EEUU, se puede contratar y despedir según convenga, pero si el individuo es bueno, tiene un título y su rendimiento es bueno en la empresa, él tiene posibilidades de continuar", observa Allard. "En España, eso jamás sucedería. Ese sujeto sería siempre el primero en ser despedido". Las últimas reformas deberían cambiar esa dinámica al dificultar los despidos del trabajador temporal y facilitar el despido de empleados más antiguos.

Otra fuente de dificultad, según Mauro Guillen, profesor de Gestión de Wharton, es que la naturaleza de la negociación colectiva suele ser diferente en el sur de Europa. Al igual que en España, en Alemania los sindicatos son muy fuertes, sin embargo los sindicalistas alemanes entendieron que sólo es posible obtener algún beneficio cuando la empresa se vuelve más productiva. Los sindicatos desempeñan hoy un papel más constructivo, dice Guillen, ayudando a las empresas a encontrar maneras de aumentar la productividad.

Por último, el euro puede exacerbar la volatilidad de la mano de obra. En tiempos de prosperidad, el euro abarató los préstamos en el sur de Europa al permitirles el acceso al mercado de crédito paneuropeo. En tiempos de crisis, esos países, que en el pasado habrían devaluado su moneda para hacer sus exportaciones más competitivas, están ahora atrapados en la moneda común.

Aunque haya reformas laborales, las cosas en España deberían empeorar antes de mejorar, advierte Allard. "Uno de los puntos negativos de la reforma laboral es que las empresas comenzarán a despedir a más gente", prevé. En otras palabras, el desempleo en el sur de Europa no debería desaparecer tan rápido.

Existen otros desafíos. Muchos críticos apuntan hacia los impuestos excesivos que el empleador tiene que pagar si quiere contratar. En Francia, tanto el ex presidente Nicolas Sarkozy como el nuevo presidente, François Hollande, hablan de una exención fiscal para la contratación de trabajadores jóvenes que podría servir de ayuda. Otra forma de atenuar la complicación propia del desempleo sería poner en práctica de forma gradual alguna de las medidas de austeridad impuestas sobre los países en que el nivel de desempleo es más inflexible, por lo menos durante algún tiempo. Extender las medidas de austeridad por un periodo más prolongado de tiempo podría ayudar a las economías a crecer un poco más deprisa, dicen los especialistas. Además, el crecimiento económico es la mejor solución de todas para el callejón sin salida actual que es el desempleo.

Últimamente ha habido un interés mayor en trabajar con medidas más flexibles. En la medida en que muchos países europeos entren de nuevo en recesión, hay señales de cambio en apoyo a la "nuestra tesis en favor del crecimiento económico primero y de un ajuste fiscal gradual", dice Guillen. "Esperamos que los defensores del ajuste fiscal entiendan ahora que su estrategia no está funcionando". Pero, cualquier medida fundamental que se distancie de la austeridad y estimule más la economía "sólo se hará realidad si el PIB continua reduciéndose, o crece muy lentamente. No es eso, sin embargo, lo que deseo".

Guillen añade que la mejor salida "sería el compromiso de los gobiernos con el equilibrio fiscal durante un periodo de tres a cuatro años, dando tiempo a la economía para que se recupere, para que los ingresos procedentes de los impuestos aumenten, etc. Sin embargo, el problema es que los mercados no creen que los políticos se comprometan de hecho con la austeridad fiscal hasta donde sea necesario. Ellos creen que si reducen la presión ahora, los políticos se relajarán.

Por lo tanto, de momento el dilema del desempleo persistirá durante algún tiempo. Pero la dificultad continúa. Con el desempleo en España rondando un 24% y teniendo en cuenta el 50% de nivel de desempleo entre los jóvenes, "uno comienza a preguntarse cuál sería el límite de ese 50%", observa Allen. "¿Están dispuestos los políticos a admitir un porcentaje de desempleo del 30% o del 35%, y del 60% hasta el 70% de desempleo entre los jóvenes?"

Teniendo en cuenta el plan de reducción presupuestaria del 5,5% a lo largo de 2013 en España, esos niveles tan elevados de desempleo "parecen posibles y las probables consecuencias de largo plazo son bastante preocupantes", añade Allen. "Lo que desanima es la aparente falta de preocupación por parte del norte de Europa y de Bruselas con ese desastre económico. Parece haber pocas propuestas para mejorar la situación, a no ser austeridad y más austeridad".


Publicado el: 30/05/2012


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