Article Image

Bookmark and Share



¿Es el libre comercio entre México y Brasil un sueño?

Cuando el presidente mexicano Felipe Calderón se reunió con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en 2010, los líderes de los dos mayores países de América Latina anunciaron planes para alcanzar un amplio acuerdo de libre comercio. Pocos meses después, una delegación de funcionarios del Gobierno brasileño fue a México para iniciar los preparativos para una reducción hipotética de tarifas sobre todos los productos comercializados entre los dos países. "Queremos ser socios de Brasil", dijo Calderón. "Las economías más fuertes de América Latina son la brasileña y la mexicana. Imagine lo que podríamos hacer juntos; imagine si complementáramos ambas economías".

Dos años después, ese optimismo perdió fuerza por una disputa en torno al destino del "ACE 55", el Acuerdo de Complementariedad Económica que creaba normas para la desregulación gradual del comercio automotriz entre Brasil y México en 2003. En vista de la presión proteccionista de Brasil, México acordó, en marzo, revisar el acuerdo ACE 55 de manera que las exportaciones de coches a Brasil quedaran restringidas a un valor medio anual de cerca de US$ 1.550 millones en el transcurso de los próximos tres años. Los exportadores mexicanos se verán seriamente afectados: el año pasado, México exportó 134.000 vehículos a Brasil, lo que representa un total de US$ 2.100 millones, frente a sólo 53.000 en 2009. Durante los primeros siete años del acuerdo (2003-2009), el superávit de las exportaciones brasileñas respecto a las mexicanas fue de cerca de US$ 10.000 millones, según el Gobierno mexicano. "Fue una fiesta para Brasil, pero ahora el superávit se ha desplazado al lado de México", por eso Brasil presionó a los mexicanos para que restringieran sus exportaciones, observa Barbara Kotschwar, investigadora asociada del Instituto Peterson de Economía Internacional.

Desventaja brasileña

Según fuentes brasileñas, las importaciones de vehículos crecieron en torno a un 40% en 2011, al mismo tiempo que las exportaciones de vehículos de Brasil a México disminuyeron también un 40%, lo que tuvo como resultado un déficit para Brasil de cerca de US$ 1.700 millones en el sector. (Fuentes mexicanas informan de un valor menor de cerca de US$ 700 millones). El año pasado, los coches mexicanos representaron cerca de un 20% de los más de 850.000 vehículos de paseo y utilitarios ligeros importados por Brasil, un aumento del 66% respecto a 2010, según la Asociación de la Industria Automotriz Mexicana. Una de las principales razones de eso es el diferencial de precio cada vez más elevado: a causa de impuestos locales más altos, del real más fuerte y de las bajas economías de escala de las fábricas brasileñas, los precios de venta de los coches fabricados en Brasil, como el VW Jetta, son mucho más altos que sus equivalentes mexicanos, a pesar del coste de transporte y de entrega en México. "La política comercial brasileña tiende, por norma, a privilegiar los acuerdos 'comerciales administrados', como el del ACE", dice Kotschwar. Esos acuerdos imponen límites a los volúmenes de comercio, a diferencia de acuerdos genuinos de libre comercio que reducen o remueven impuestos y dejan las fuerzas del mercado determinar el volumen y el valor total de la negociación, añade.

Esos acuerdos "de comercio administrados" son "normales para Brasil, pero preocupantes" para México, resalta Kotschwar. A diferencia de Brasil, México tiene acuerdos bilaterales con varios socios comerciales, como Bolivia, Chile, Perú y Uruguay. México también expresó interés en participar en el ambicioso pacto de la Asociación Transpacífico (PTT), en la que participarán países como EEUU, Canadá, Australia, Malasia, Nueva Zelanda y Vietnam. (Como no tiene frontera con el Pacífico, Brasil no es elegible para formar parte del PTT).

Protegerse de riesgos

Para México, que es muy dependiente de la economía americana, los diversos sectores del mercado interno brasileño en rápido crecimiento podrían ayudar a reducir ciertos riesgos a los que las empresas mexicanas se han visto expuestas durante la última recesión mundial. Para Brasil, la economía mexicana sería una plataforma tentadora a partir de la cual las compañías brasileñas podrían entrar en los vastos mercados de EEUU y de Canadá como cortesía, y libre de impuestos, del Nafta (Tratado Norteamericano de Libre Comercio). "México puede ser un socio estratégico de esas empresas en la medida en que entren en el mercado norteamericano", observa Felipe Monteiro, profesor de Gestión de Wharton. En una de las iniciativas más prometedoras de cooperación bilateral, el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó recientemente un préstamo por valor de US$ 300 millones para Braskem-Idesa S.A.P.I., una joint venture entre Braskem de Brasil y la mexicana Grupo Idesa, para desarrollar, construir y operar una fábrica integrada de petroquímica en el Estado mexicano de Veracruz. El complejo incluirá un craqueador de etano y tres fábricas de polimerización con capacidad anual nominal de aproximadamente 1.050 kilotoneladas de polietileno, insumo esencial para la fabricación de plástico. PEMEX Gas y la Petroquímica Básica de México suministrarán el etano que se usará como materia prima en la fábrica, y que permitirá a México apalancar el know-how brasileño con una tecnología avanzada que modernizará los métodos de producción de polietileno. El complejo creará cerca de 9.800 empleos durante su construcción y 3.000 empleos directos e indirectos cuando la fábrica entre en funcionamiento en 2015.

Pero México y Brasil "no hacen, de hecho, negocios entre ellos" con frecuencia, observa Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton y director del Instituto Lauder. En 2010, las exportaciones mexicanas a Brasil sumaron sólo US$ 3.780 millones, o cerca de un 1,3% del total de las exportaciones mexicanas de US$ 298.000 millones. Esa cifra es casi exactamente el mismo total (US$ 3.760 millones) exportado aquel año por México a Colombia, un país mucho menor. Las importaciones de productos brasileños de México sumaron US$ 4.300 millones, poco menos del 1,5% del total de importaciones de México: US$ 301.400 millones. Según dice Guillén, México tiene un comercio fuerte con EEUU, pero muy débil con Europa y América Latina. Los principales socios comerciales de Brasil son China seguida de EEUU, Argentina y algunos países europeos como Alemania y Holanda.

México exporta principalmente petróleo, coches, minerales, electrónica y productos agrícolas. Al igual que México, Brasil exporta productos agrícolas, minerales y petróleo. "No son economías complementarias", señala Guillén. Mientras México apostó su futuro en la "integración más próxima" posible con EEUU, "Brasil jamás hará un acuerdo de libre comercio con EEUU. Él país quiere seguir su propio camino. La complementariedad de productos entre los dos no es muy significativa".

Monteiro añade que México, como no es uno de los principales socios comerciales de Brasil, no es muy importante estratégicamente. Él compara esa situación con la importancia de la relación estratégica de Brasil con la vecina Argentina. Según Monteiro, "Brasil y Argentina necesitan encontrar un medio de establecer una relación comercial amigable", porque ambos pertenecen al Mercosur, bloque comercial regional de gran importancia en el comercio suramericano.

Respecto al sector automotriz, segmento emblemático del desarrollo industrial, ni Brasil ni México tienen compañías automotrices propias. Los dos países dependen de multinacionales extranjeras para el montaje de vehículos, aunque ambos cuenten con fabricantes locales de componentes. En ambos países, "cualquier decisión sobre la fabricación de automóviles será tomada por empresas como Ford, GM y VW", dice Guillén. Por otro lado, el sector automotriz mexicano está enfocado en la exportación, con más del 50% de su producción vendida a América del Norte. La producción automotriz brasileña se vende, en gran medida, en el mercado interno del país, que es muy grande y está creciendo rápidamente.

Respecto a los productos electrónicos caros, la mayor parte de los componentes usados en las fábricas brasileñas son producidos muy cerca del lugar de montaje, donde son entregados para atender a las necesidades del modelo de fabricación “just in time”. Nafta permitió que las multinacionales con base en México construyeran unidades muy eficientes cuya escala atiende a mercados mucho mayores que simplemente el mercado interno de México, observan Guillén y Monteiro. Para los exportadores de vehículos en México, las nuevas limitaciones impuestas por Brasil serán difíciles de digerir. "Ningún otro mercado es comparable con el brasileño en América Latina", dice Monteiro. "Ningún otro tiene el mismo apetito. Pero México intentará descubrir un medio de trabajar con las restricciones y con las exigencias de contenido más elevadas" prescritas en el acuerdo revisado. "Los mexicanos aceptaron las limitaciones porque algo es mejor que nada".

Apostar por el largo plazo

Según Christopher Wilson, asociado del Instituto de México del Centro Woodrow Wilson, "al acordar limitar las exportaciones de coches a Brasil durante tres años, México está apostando por la competitividad de largo plazo de su industria automovilística, y quiere convencer a los fabricantes de automóviles para que no paren de invertir en la producción mexicana". El año pasado, Nissan, Mazda, VW, Honda, Chrysler y GM anunciaron inversiones cuyo objetivo es aumentar su capacidad de producción en México y con eso atender los mercados de América del Norte y del Sur. "México está aceptando una pérdida de corto plazo para proteger su acuerdo automotriz con Brasil con la esperanza de que las nuevas inversiones rindan frutos mientras México recupera su libre acceso de tarifas al mercado brasileño en expansión", dijo Wilson.

Arturo C. Porzecanski, economista residente de American University, coincide en señalar que no tiene mucho sentido anticipar que México y Brasil negociarán un acuerdo más maduro de libre comercio bilateral. "Desconfío mucho de cualquier acuerdo de ese tipo porque México está conectado estrechamente a EEUU". El problema fundamental de México, añade, es que el país "está muy vinculado al mercado norteamericano, y Brasil tiene disputas comerciales con EEUU. Es imposible que México suscriba un acuerdo con Brasil sin complicar al mismo tiempo sus relaciones con EEUU. Además, Brasil se ha puesto duro con EEUU exigiendo a los americanos que pongan fin a los subsidios agrícolas. Por lo tanto, sería muy difícil reconciliar los intereses comerciales de México y de Brasil, a menos que se rebaje el grado de retórica en la relación EEUU-Brasil". No obstante, Porzecanski cree que tal vez sea posible que México y Brasil sellen algunos acuerdos de pequeña escala, posiblemente en el sector automotriz.

¿Por qué, entonces, las autoridades mexicanas y brasileñas mantienen vivo el sueño de un posible pacto de libre comercio entre los dos países? Guillén dice que el presidente Calderón, cuyo mandato de seis años termina este año, tal vez esté motivado por el deseo de "hacer algo grande" antes de dejar el cargo, y no ser recordado sobre todo como el hombre que promovió una batalla larga —y tal vez inútil— contra las violentas bandas de traficantes de drogas en su patria. "Él pasaría a la historia como el hombre que selló un acuerdo muy importante con Brasil", dice Guillén. "Del lado mexicano, lo que está en juego es Calderón y su legado".

Kotschwar dice que con Enrique Peña Nieto, candidato a la presidencia por el PRI y que deberá tomar posesión a finales de año, la política comercial del país puede tomar un rumbo diferente del seguido por Calderón, líder del conservador Partido de Acción Nacional (PAN). En qué medida la política mexicana cambie con el nuevo presidente "va a depender de la corriente del PRI que asuma el poder" después de la salida de Calderón: populistas o pragmatistas. "No creo que México recaiga en el proteccionismo" cuando el PRI asuma nuevamente el poder. El partido gobernó México hasta ser derrotado en 2000, dijo.

Cuando la información de la revisión del acuerdo se divulgó, algunos analistas comerciales de México criticaron su Gobierno por aceptar muy deprisa las exigencias de restricción a las exportaciones impuestas por Brasil. En el periódico mexicano El Universal, el columnista Alberto Barranco dijo que "mientras Estados Unidos, en una más de sus jugadas proteccionistas, le está imponiendo aranceles extraordinarios al ingreso de refrigeradores provenientes de nuestro país y Corea del Sur, México cedió en todos los puntos a la exigencia de Brasil para mantenerse en el Acuerdo de Complementación Económica”. Los impuestos punitivos sobre Electrolux y Mabe hechos en México, y los refrigeradores surcoreanos LG y Samsung, serán aplicados por el gobierno americano en respuesta a una petición de Whirlpool Corp. (El Departamento de Comercio aprobó la petición y una decisión final por la Comisión de Comercio Internacional de EEUU está marcada para el día 30 de abril).

Cálculos políticos

Mientras, la presidente brasileña Dilma Rousseff sufre su cuota de problemas políticos en casa. La economía brasileña se ha desacelerado recientemente, y ocho de los ministros de la presidente dimitieron: ciudades, defensa, transportes, agricultura, turismo, deporte y trabajo. Si Brasil llega a un acuerdo de importancia con México, eso no sólo enviaría una señal de que Dilma, que se reunió con Obama en la Casa Blanca a mediados de abril, es una líder visionaria, sino también que "Brasil es un jugador de peso" capaz de iniciativas osadas, dice Guillén." Brasil quiere desempeñar un papel más decisivo en el G-20, en el FMI y en el Banco Mundial", añade Monteiro. "Mientras más camine México hacia una asociación estratégica con Brasil", más fuerte será la imagen que ambos proyectarán como líderes del bloque de mercados emergentes alineados. Si analizáramos simplemente los números que miden el acuerdo bilateral México-Brasil y las relaciones entre esos países, "no nos sentiríamos muy animados", dice Monteiro. "Pero si pensamos en el futuro, y partimos del principio de que Brasil continuará siendo un actor importante en la región, de eso se deduce que México puede ser un socio muy importante para Brasil. La mayor parte de los observadores concuerda que México es un protagonista importante debido a su tamaño y a su proximidad con EEUU". En los medios de comunicación de masas, la importancia de México casi siempre se ignora a causa de la publicidad negativa que tiene la guerra local contra las drogas, además del hecho de que el país no es miembro oficial de los BRIC, constituido por países emergentes. Pero, añade, "hay numerosas razones de peso fundamental que jugarán a favor de México".


Publicado el: 18/04/2012


Printer Friendly Version



Sponsor Knowledge@Wharton

buscar | suscripción | quiénes somos | ayuda | inicio | contactar | patrocinadores


El copyright de todos los materiales es propiedad de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y Universia. Política de Privacidad