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Histórico cambio de rumbo en Chile: Los retos del presidente electo Sebastián Piñera

El triunfo del multimillonario candidato de la derechista Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, en las últimas elecciones presidenciales de Chile del 17 de enero, marcó el fin de los 20 años de Gobierno de la Concertación, coalición que aúna a sectores de centro e izquierda y que nació como una emblemática oposición al régimen militar de Augusto Pinochet (1973-1990). Piñera se impuso en segunda vuelta a Eduardo Frei, candidato del partido gobernante y ex presidente del país de 1994 a 2000, con un 52 por ciento de los votos.

Una victoria un tanto paradójica teniendo en cuenta la alta popularidad de la mandataria saliente, Michelle Bachelet, que no puede optar a la reelección y que en diciembre registraba un histórico 81% de respaldo ciudadano, de acuerdo con la encuesta de Adimark, empresa chilena especializada en sondeos de opinión pública. Pero que Carmen Norambuena, profesora de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile (USACH) explica, principalmente, por la crisis interna del partido político que ha conducido Chile durante tanto tiempo. “La Concertación llegó al Gobierno con un proyecto país, pero sistemáticamente se vio en la necesidad de negociarlo en el Congreso -donde no hay mayoría concertacionista-, derivando en la falta de un ideal político claro, lo que fue desencantando al electorado”.

Sin embargo, el resultado de estas elecciones presidenciales en ningún caso representa “una derechización” de la ciudadanía, recalca Norambuena. “Lo que primó aquí fue el hastío de los electores frente al grupo gobernante, que no daba respuesta a las demandas ciudadanas”, refiriéndose al aumento de los sueldos, mejoras en educación y salud, además de medidas de fondo en materia judicial, corrupción y delincuencia, entre otras exigencias.

Por eso, a pesar de que la Presidenta Bachelet es percibida como una gran líder, añade David Díaz, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, “los votantes se ha dado cuenta de que un Gobierno no sólo requiere de personajes destacados, sino de equipos que trabajen coordinadamente para satisfacer las necesidades de la ciudadanía”.

Piñera comprendió el clima de desencanto entre la población y fue más efectivo en su campaña electoral que su contrincante Frei. El Presidente electo, dice Igor Goicovic, profesor de la Facultad de Humanidades de la USACH, “hizo un adecuado diagnóstico del desgaste político y puso el acento en el cambio. A partir de este principio nació su campaña la Alianza por el Cambio, que no requería de mayores profundizaciones en una sociedad fuertemente despolitizada e insatisfecha como la chilena”.

Por otro lado, Carlos Donoso, director de Licenciatura en Historia de la Universidad Andrés Bello, destaca la efectividad de la “considerable inversión publicitaria que hizo Piñera, transformándose en un personaje omnipresente”.

La fortuna de Piñera: Un arma de doble filo

Pero, a juicio de Goicovic, la faceta empresarial de Piñera, conocido por sus millonarias inversiones locales en LAN Airlines –se estima que posee un 26% de las acciones a través de dos sociedades-, Blanco y Negro -firma controladora del Club de fútbol Colo Colo-, el canal de televisión Chilevisión y Clínica Las Condes, entre otras, habría sido clave para cautivar al electorado.

Esto se debe a la transformación de la sociedad chilena que “ha comenzado a configurar un nuevo modelo de sujeto social, basado en la acumulación de capital”, dice. Y añade que incluso “a nivel de sectores populares, lo que hoy predomina ampliamente en Chile es el paradigma empresarial. Se trata de un nuevo fenómeno, donde la dinámica del enriquecimiento se encuentra fuertemente asentada en la sociedad chilena”. El nuevo modelo social quedó en evidencia en el último Ranking de Competitividad Mundial 2009-2010, realizado por el think tank The Institute for Policy & Estrategy on National Competitiveness (IPS-NaC), estudio que reveló, entre otros aspectos, que para los chilenos los líderes sociales son los empresarios y no los políticos.

Y como empresario, Piñera, de 60 años, y con un posgrado en economía en Harvard, se lleva la palma. Se estima su fortuna en 1.000 millones de dólares y, una vez que asuma el poder, avanzará desde el puesto 701, en 2009, al 15 del ranking de los millonarios más poderosos del mundo, según anunció recientemente la revista Forbes. Sin embargo, aunque el éxito empresarial haya contribuido a auparlo con la victoria, esta riqueza se ha convertido en un arma de doble filo para el candidato electo.

Piñera prometió que se desvinculará de todas sus inversiones antes de asumir el cargo, pero sus principales detractores han hecho notar que el proceso de venta de sus propiedades avanza a paso lento, manifestado además sus aprehensiones sobre cómo procederá a traspasar sus bienes. Cuando Piñera se refiere a vender, lo hace respecto de aquellas propiedades accionarias de relevancia pública, aclara Donoso, “LAN, sin duda, es una de ellas. El caso de Chilevisión es distinto ya que el candidato electo planea traspasar esta propiedad a una fundación. Sus demás bienes raíces, ahorros y negocios menores entrarían en un fideicomiso ciego -mecanismo que permite a una persona que ejerce un alto cargo público ceder la administración de su patrimonio a un tercero independiente, sin tener opción de administrar estos bienes-“. En teoría, este fideicomiso garantizaría a Piñera la preservación de su patrimonio cuando asuma el poder y, legalmente, no podrá participar en su administración. “Pero ¿se resistirá a permanecer al margen de sus intereses quien ha vivido toda una vida pendiente de ellos?”, se pregunta el académico.

Donoso advierte que “el manejo de sus inversiones será un punto muy sensible y Piñera debe ser muy cuidadoso”. Y añade que lo lógico es que cumpla con todo lo que ha señalado: “crear fundaciones, renunciar a cargos en los que se presuma incompatibilidad con el servicio público, vender sus acciones y concretar la figura del fideicomiso ciego”. En síntesis, los procedimientos que utilice Piñera para traspasar sus inversiones deberán ser muy transparentes, sin despertar dudas. De lo contrario, “el candidato electo abrirá un flanco de críticas que afectarán su ámbito personal, condicionando además su Gobierno”, sentencia.

Recientemente Piñera levantó una ola de críticas tras declarar a través de los medios locales que “el sueldo de Presidente -consistente en 10.333 Euros al mes- no alcanza para cubrir mis necesidades personales y los compromisos adquiridos durante mi campaña”, frente a lo cual representantes de la Concertación sentenciaron que dicho comentario representaba una "burla" para los trabajadores chilenos.

Los retos económicos y políticos

Lo que muchos de sus opositores también se preguntan es si Piñera será capaz de trasladar sus habilidades empresariales al mundo político. En opinión de Norambuena, su experiencia en el campo empresarial no sería transferible a la conducción política-administrativa de un país. “Las redes y contactos que se generan en el área económica no determinan acuerdos y avances en el campo político. En los últimos 20 años de la historia de Chile los jefes de Estado han traído su propio capital político de larga data, como por ejemplo los ex Presidentes Patricio Aylwyn (1990-1994) y Ricardo Lagos (2000-2006). Este capital político se expresó a través de redes internacionales, preacuerdos y compromisos de colaboración. Sebastián Piñera, en menor medida, también los trae”.

Ahora bien, “si el candidato electo logra seleccionar bien a sus colaboradores inmediatos, podrá estar en buen pié para cumplir sus metas como gobernante”, asevera Gorge Gregoire, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Piñera reveló recientemente el equipo que entrará en funciones el 11 de marzo. Lo más destacable de sus miembros es la proliferación de tecnócratas y empresarios graduados por la Pontificia Universidad Católica de Chile y con estudios de posgrado en las más prestigiosas universidades de Estados Unidos. El ministro de Economía será Juan Andrés Fontaine, MBA de la Universidad de Chicago, y el de Hacienda Felipe Larraín, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Harvard, empresario y ex consultor del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Sin duda, el equipo de colaboradores jugará un rol estratégico en la concreción de las promesas económicas, que reiteradamente hizo el Presidente electo durante su campaña. Entre éstas destaca “la derrota de la pobreza y convertir a Chile en una nación desarrollada, todo lo cual requiere que el país crezca a una tasa del 6% promedio anual en los próximos años”, detalla Felipe Larraín, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y futuro Ministro de Hacienda. De acuerdo al Banco Central de Chile, el Producto Interno Bruto cayó un 1,9% en 2009. Para 2010, las expectativas de crecimiento del mercado se mueven entre 4,5% y 5,5%. “Otra piedra angular del programa de Piñera es la creación de 1 millón de empleos entre 2010 y 2014”, añade.

Pero para Donoso el principal reto económico que deberá enfrentar Piñera es mantener una política de gasto público coherente, que permita mantener reservas y amortizar ciclos depresivos en la economía mundial, tal cual lo hizo el actual Gobierno durante la reciente crisis. “Por desgracia, las generosas ofertas que hizo Piñera durante su campaña y que deben cumplirse, posiblemente atentarán contra la moderación. He de esperar que una vez cumplidos los compromisos de su campaña, prime la cordura y el Presidente electo transforme el gasto en inversión social”.

Hay también otros importantes desafíos pendientes, y que producen mayor grado de tensión en la ciudadanía, tales como mejorar la calidad de la educación y la salud pública, asegura Goicovic. “Piñera ha sido particularmente evasivo en torno a estos temas y es normal que así sea, ya que estos tópicos no lograron ser adecuadamente resueltos por la Concertación, y la receta de la derecha no difiere estructuralmente de la Concertación. Ambas propuestas apuntan hacia un mayor grado de privatización de los servicios de educación y salud”.

Pero no sólo la educación y la salud figuran entre los potenciales planes de privatización del candidato electo; también la minera estatal de cobre, Codelco. Tras una rueda de prensa con periodistas, Piñera planteó la posibilidad de privatizar el 20% de la estatal, dado que a su juicio, ésta ha perdido productividad y competitividad frente a las mineras privadas, lo que gatilló un gran debate en la industria. Representantes de Codelco, del Gobierno y gremios del sector salieron a defender el carácter estatal de la empresa, destacando que en los últimos cuatro años ésta ha aportado al Estado un promedio de 6.500 millones de dólares vía impuestos.

En cuanto al escenario político, el candidato electo tendrá “una fuerte oposición, que se caracteriza por una alta representación popular, con figuras de peso y con el aval de dos décadas de progreso material sostenido”, describe Donoso. “Piñera tampoco podrá olvidarse de la presión de los partidos de izquierda, con fuerte presencia en el movimiento obrero y estudiantil, y menos a la derecha tradicional, un sector que lo apoyó en su candidatura y que comparte sus ideas liberales en la economía, pero sólo eso”.

La nueva relación con los países vecinos

Durante su primer encuentro con los corresponsales extranjeros de prensa, Piñera señaló que espera entablar una relación muy fecunda con todos los países de América Latina, especialmente con sus vecinos Argentina, Bolivia y Perú.

Sin embargo, la relación bilateral con Perú plantea una gran desafío para Piñera, ya que deberá resolver “el ingrato” problema limítrofe con la nación andina –que se arrastra desde 1985- y que hoy está en manos del Tribunal Internacional de la Haya, anticipa Donoso. En enero del 2008 la autoridad peruana presentó ante este tribunal una demanda limítrofe en contra de Chile, afirmando que la franja marítima de 37.900 kilómetros cuadrados -emplazada en el Océano Pacífico, entre las ciudades de Arica y Tacna- no estaría claramente delimitada. Mientras que Chile asevera que dicha zona -rica en recursos como la anchoveta- forma parte de su soberanía, amparándose en tratados internacionales vigentes.

“Aunque es una herencia del Gobierno de La Concertación, el costo político de un eventual éxito peruano en La Haya recaerá en su administración. Por otro lado, si el tribunal favorece la postura chilena, este triunfo se adjudicará a quienes tuvieron a cargo el manejo del caso, y que en este momento forman parte de la oposición. Traspasar el mérito de la reivindicación chilena a su Gobierno, sería para Piñera un reto tanto o más grande que convencer al jurado de La Haya”.

Si bien el vínculo diplomático entre Chile y Bolivia también ha estado marcado por históricas demandas marítimas, ello no debería afectar el manejo de las relaciones bilaterales que realice Piñera, opina Donoso. Bolivia reclama una salida soberana al mar desde que perdió la Guerra del Pacífico de 1879, conflicto bélico en el cual Bolivia se asoció con Perú en contra de Chile. La derrota significó para Bolivia la pérdida del único territorio con salida al mar que poseía: el puerto de Cobija.

Con Argentina, en tanto, existe un proceso de integración económica que debería avanzar sin mayores traumas, sobre todo ahora que la dependencia energética en torno al gas natural –hasta hace poco Chile dependía de Argentina para su abastecimiento energético- ha dejado de ser el tema de la agenda entre ambos países, comenta Donoso.

Al menos por ahora, la relación bilateral entre Chile y Venezuela se ha enfriado, luego de que Piñera y el primer mandatario Hugo Chávez, protagonizaran un enfrentamiento verbal que concitó la atención de la comunidad regional. Hace poco Piñera declaró que no estaba de acuerdo “con la forma en que se practicaba la democracia en Venezuela", comentario que sacó chispas en Chávez, quien inmediatamente contestó "no se meta con nosotros y póngase a gobernar Chile”, agregando que Piñera “es un empresario muy rico y es imposible que esté de acuerdo con una revolución socialista”.

En un gesto de colaboración, Michelle Bachelet invitó a Sebastián Piñera para que la acompañe en la próxima Cumbre del Grupo de Río, que se celebrará el 21 de febrero próximo en Cancún, México, instancia que confirmará las simpatías y aprehensiones que despierta entre sus pares latinoamericanos el futuro Presidente de Chile.


Publicado el: 10/02/2010


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