Alemania, la locomotora europea, enciende el motor de Europa
El pasado 9 de noviembre, la locomotora europea festejaba por todo lo alto el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, un momento histórico en Europa, ya que significó “el primer paso para la democracia y la economía de mercado en Europa del Este, y sentar con ello las bases para la ampliación de la Unión Europea (UE)”, tal y como recordaba Financial Times con motivo del aniversario.
Coincidiendo con esta celebración, se inició un goteo de buenas noticias económicas, que han devuelto al país germánico su sobrenombre de locomotora europea. En septiembre, por segundo trimestre consecutivo, la economía alemana vertió cifras positivas del crecimiento intertrimestral del PIB (Producto Interior Bruto), lo que consolidaba su salida de la recesión, al tiempo que animaba al resto del Viejo Continente. El aumento del 0,7 de su PIB, unido al incremento del 0,3% francés, ha inyectado gasolina a la eurozona, hasta conseguir sacarla de la recesión, con un aumento medio de su riqueza de 0,4%, según datos de la oficina comunitaria de estadísticas Eurostat.
“Es la economía más potente, la que más tira de Europa. Es también la que más compra y, por tanto, gran parte de los países europeos tenemos como principal cliente a Alemania”, dice Rafael Pampillón, profesor de Economía de IE Business School. Y no sólo eso, también es una máquina de producir y vender, dos pilares que han vuelto a fortalecerse. Según datos de la Oficina Federal de Estadísticas del país, las exportaciones alemanas se incrementaron un 2,5% en octubre, respecto a septiembre, y consolidaron su tendencia de crecimiento; mientras que la inflación se ha incrementado un 0,4% en noviembre, el primer dato positivo –señal de que se estaría activando el consumo interno- desde junio, según la misma fuentes.
Pero en el país más poblado de la UE, con 82 millones de habitantes, también se mira con lupa la evolución del resto de potencias, ya que necesita de ellos para consolidar sus exportaciones, de ahí la importancia que tiene para Alemania el dato de que la eurozona ha salido de la recesión.
Dependencia del modelo exportador
Alemania, que cuenta con un enorme abanico de producción industrial con sectores tan destacados como el automóvil, los aparatos de precisión, los equipos electrónicos y las telecomunicaciones, así como los productos químicos y farmacéuticos, “ha basado su recuperación en lo que ellos son fuertes, en las exportaciones”, señala Pampillón. Y ahora, como constatan los datos de los últimos meses, está empezando a recoger los frutos.
Federico Steinberg, investigador principal de Economía y Comercio Internacional del Real Instituto Elcano, comenta que el derrumbe del comercio internacional derivado de la crisis económica tuvo un fuerte impacto en la economía germana, que le llevó a cerrar el tercer trimestre de 2008 con una caída del PIB del 2,4%. “Pero ahora que la economía mundial empieza a despertar, y sobre todo por el incipiente tirón de las ventas de los bienes de capital y maquinaria pesada de los emergentes asiáticos, la demanda externa vuelve a tirar fuerte de Alemania”, señala.
Del primer dato que respalda sus palabras son los dos trimestres de crecimiento que registra la locomotora europea. El investigador añade que el país está saliendo de la crisis por la vía exportaciones, gracias a una estructura productiva distinta de la de otros países de Europa, que ha permanecido invariable durante la crisis. “Esta estructura está orientada a las exportaciones, porque tienen unos niveles de productividad y competitividad muy altos, que se remontan a los años 90, después de la reunificación, cuando se hicieron unos ajustes estructurales importantes para bajar los costes laborales unitarios y aumentar la competitividad externa de las exportaciones. Y, a pesar de la crisis, el país no cambió las bases de su patrón de crecimiento”. Algo que ahora agradece la economía germana.
Aunque este modelo exportador esté dando frutos positivos, un editorial publicado por Financial Times Deutschland, tras el aniversario de la caída del muro, lo tachaba de enfermo y “no sustentable para el futuro”. En el diario se explicaba que, a pesar de las positivas cifras actuales, es demasiado pronto para interpretarlas como una señal de que Alemania ha recuperado su lugar como nación exportadora por excelencia. Sobre todo, después de que China le haya arrebatado el liderazgo mundial en el primer semestre de 2009.
“Hasta ahora los números no reflejan si el aumento de la demanda de nuestros productos será constante o sólo es una reacción precipitada por la crisis”, además de sugerir que en lugar de consolidar exclusivamente el sector exportador, deberían hacer esfuerzos para seguir reactivando la demanda y el consumo internos.
¿Es exportable el modelo alemán?
La industria automovilística alemana es una de las claves del resurgir germánico. Robert Tornabell, profesor de Finanzas de Esade, destaca “la eficacia de los incentivos introducidos para la compra de coches no contaminantes por parte del Gobierno para el relanzamiento del sector”. Durante 2009, el país ha conseguido mantener activa una de sus principales industrias y compensar la caída de las exportaciones (en torno al 19%) gracias al plan de canje y desguace del Gobierno, consistente en dar 2.500 euros por su viejo modelo a cualquier comprador de un vehículo nuevo o con una antigüedad inferior a doce meses, que cumpla al menos la norma Euro4 (establece un límite a las emisiones contaminantes). Esto ha permitido incrementar un 25% las ventas respecto a 2008, según datos de la Asociación Alemana de la Industria del Automóvil (VDA). Este mismo organismo prevé que, en 2010, las exportaciones se incrementen entre un 1% y un 3%, lo que ayudará a equilibrar las cuentas de importantes fabricantes como Porsche, Volkswagen o Mercedes.
Pampillón añade que “ahora mismo estos incentivos están tirando de la economía europea, también de la alemana, que produce coches, pero veremos que este sector tiene un exceso de capacidad de aproximadamente el 20%, por eso hay que achatarrar y reconvertirlo”. En su opinión, al sector del automóvil podría pasarle “algo similar a la industria textil de hace años, cuando los países emergentes empezaron a producir textiles y arruinaron a la industria europea porque dejamos de ser competitivos”.
Tornabell señala que este incipiente crecimiento vía exportaciones ha tenido un efecto dominó positivo “sobre la creación de empleo -tres de cada cinco puestos dependen de las exportaciones-, y el consumo interno del país”.
Pero quizás el logro más destacable de Alemania haya sido mantener bajo control las tasas de desempleo, del 7,6% en noviembre, según datos de la Agencia Federal de Empleo germana, en comparación con la mayoría de sus socios comerciales como Francia, del 9,1%, o España, del 19,3%, en medio de la crisis. La clave del llamado Kurzarbeit o 'modelo alemán', en el que otros países se están fijando para frenar el paro, es la flexibilidad, que permite la suspensión temporal de los empleos excedentes de una empresa y la reducción de jornada laboral.
Este modelo evita despidos al combinar prestaciones por desempleo con jornada reducida para cubrir las horas perdidas de trabajo, además de compensar las cotizaciones sociales de las empresas con una aportación del Estado. El modelo cubre el 60% que dejan de percibir los empleados en las horas no trabajadas (un 67% si tienen hijos) y les permite tener otros trabajos, además de pagar parte de las cotizaciones sociales de la empresa.
En España, se está estudiando con detalle el modelo del gigante alemán, dada la rigidez de su sistema laboral y la oposición de sindicatos y Gobierno para acometer una reforma estructural que conllevara un abaratamiento del despido. Los expertos consultados creen que podría aplicarse en territorio español, pero con matices. Steinberg comenta que “si se tiene un shock temporal de la demanda externa, que se va a recuperar, tiene sentido, a fin de no destruir capacidad productiva, repartir el trabajo y aguantar un poco hasta vender lo que se vendía con anterioridad”, tal y como sucede en Alemania. “En España es distinto, porque la crisis va a forzar ciertos cambios en el patrón de crecimiento (hasta ahora muy dependiente del inmobiliario). Por ejemplo, no tiene mucho sentido repartir el trabajo en el sector de la construcción, porque después de la crisis no vamos a seguir con el mismo nivel de producción. En el sector del automóvil se podría hacer, pero en el de la construcción, no. Habría que ir caso por caso”, añade Steinberg.
El sistema, señala Tornabell, es ventajoso, porque “permite la formación de los trabajadores, lo que mejora la productividad, y contribuye además a que la mano de obra siga vinculada a la empresa”. El profesor señala que el contrato alemán llegará a España a principios del año próximo, tal y como están sugiriendo los políticos en los medios, pero aún están por discutir los detalles de cómo se trasladará el modelo a España.
La vía política
La recuperación también viene apoyada por la vía política. En opinión de los expertos, el nuevo Gobierno de coalición de la Unión Cristiano Demócrata de la canciller Angela Merkel y el Partido Liberal de Guido Westernelle, que llegó al Gobierno el pasado mes de septiembre, envía mensajes muy positivos al sector empresarial. “La gente confía en un Gobierno que va a animar la inversión privada y que va ser pro mercado, esto da confianza a los empresarios. La certidumbre en un marco de relaciones institucionales estables va a generar, sin duda, crecimiento económico”, dice Pampillón. Y señala que “aunque ahora los socios de coalición estén en confrontación, porque están intentando resolver los desencuentros lógicos en este tipo de coaliciones en temas como la sanidad, educación, impuestos, etc. esto se pasará, porque es un matrimonio que se quiere y ahora está peleándose”.
Pampillón destaca, además, la figura de Ángela Merkel, “una persona tranquila, que genera consenso”, como una de las principales bazas para resolver sus problemas. Tornabell también destaca la figura de la canciller, a la que califica de líder de Europa durante la crisis, en cuanto a iniciativas y coraje. “Fue muy valiente y reaccionó muy bien en los primeros momentos de incertidumbre (acerca del sistema financiero). Ella dijo que el Estado aseguraba el dinero que todos los ciudadanos –no empresas- tuvieran en el banco”, calmando de esa manera los ánimos.
Aún así, esta Ejecutiva deberá seguir peleando por salir de la crisis y calmar las voces críticas. Una de ellas procede del Tribunal de Cuentas alemán, que durante la presentación de su reciente informe anual ha criticado la política fiscal y presupuestaria del nuevo Gobierno, además de haberle acusado de carecer de “una estrategia clara que conduzca a una reducción de la deuda”, añadiendo que, en estos momentos, “no hay margen para bajadas de impuestos”. El Gobierno de Merkel ha puesto en marcha una amplia reforma fiscal que persigue aliviar la carga tributaria en unos 24.000 millones de euros anuales a partir de 2011. Desde enero, se aplicarán ayudas inmediatas a las familias, que pretenden aumentar la cantidad desgravable por cada hijo de 6.024 euros a 7.008 euros, así como aumentar el subsidio familiar hasta un máximo de 215 euros. La pretensión del Gobierno es fomentar la demanda interna como instrumento para combatir la crisis.
Otro reto que tiene por delante Merkel está relacionado con el déficit público. La agencia de rating Standard & Poor's (S&P) estima que alcanzará el 3% en 2009, después de un presupuesto equilibrado en 2007 y 2008, una cifra favorable en comparación con la de la mayoría de los países con rating 'AAA', donde los aumentos del déficit han sido más pronunciados y podrían persistir durante más tiempo.
No obstante, el déficit alemán podría alcanzar su máximo, en torno al 5% del PIB el próximo año, debido a que el desempleo seguirá creciendo (a pesar de que, hasta ahora, el impacto de la recesión ha sido moderado), a la debilidad cíclica de los ingresos fiscales y a una serie de medidas de estímulo fiscal, según la misma firma, que prevé que la carga de la deuda del Gobierno alemán alcanzará un máximo del 80% del PIB en 2011, frente al 66% el año pasado, antes de que tienda de nuevo a la baja. A pesar de estas reflexiones, S&P ha mantenido la calificación crediticia de AAA (sobresaliente) a largo plazo, mientras que a corto le mantiene la nota de A-1+, lo que significa que su capacidad para cumplir con los compromisos financieros es extremadamente fuerte.
Porque, aunque la locomotora lleva dos trimestres vertiendo datos positivos, todavía debe recuperarse del duro primer semestre de este año, cuyos malos resultados han llevado al Bundesbank, en la última edición de su informe de perspectivas económicas, a prever una contracción de su economía para todo el año 2009 del 4,9%, aunque, a cambio, estima que el país crecerá un 1,6% en 2010. No obstante, estas cifras pueden terminar quedándose cortas. Al menos, eso es lo que piensa el profesor Tornabell: “Si el comercio mundial sigue ganando fuerza es posible que Alemania cierre el año mucho mejor”, señala. En su opinión, el resto de Europa está esperando que se produzca el efecto locomotora. “Si Alemania se recupera arrastra a Francia, y los dos, a los otros. El Gobierno español espera que ellos (las grandes economías europeas) nos saquen del pozo (la economía española experimentó una contracción intertrimestral del 0,3%), porque nuestros principales clientes, a parte de Reino Unido, son fundamentalmente Alemania y Francia”.
Por el momento, sus previsiones se están cumpliendo, tal y como señalan los últimos datos de crecimiento de PIB alemán y de la eurozona. Y concluye con un deseo de cara al próximo año: “¡Que la locomotora nos arrastre pronto!”.
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