¿Llevará la fiebre del oro negro a China de compras por América Latina?
China se ha encontrado un camino de baches en su carrera por convertirse en la mayor potencia económica del mundo. La ausencia de recursos naturales suficientes con los que asegurar el suministro petrolífero amenaza con mermar en el futuro el crecimiento del gigante asiático. Pero China está dispuesta a todo con tal de esquivar estas dificultades y ha puesto rumbo al exterior, cheque en mano, para hacerse con el mayor número posible de reservas. Operaciones como la compra de la canadiense Addax Petroleum por parte de la estatal china Sinopec o el interés de China National Petroleum y CNOOC por hacerse con YPF, la filial argentina de Repsol, constatan la estrategia que han emprendido las petroleras asiáticas en los últimos tiempos.
Pero, ¿a qué responde este movimiento? Mauro F. Guillén, Director del Joseph H. Lauder Institute of Management and Internacional Studies de Wharton, explica que “todas las empresas integradas de petróleo, no solamente las chinas, necesitan tener acceso a yacimientos, porque su valor en bolsa y su viabilidad futura depende de tener reservas probadas. En China hay muy poco petróleo para las elevadas necesidades del país, por lo que sus empresas tienen que salir afuera en busca de yacimientos”. El profesor de Economía de IE Business School, Juan Carlos Martínez-Lázaro, refrenda esta idea: "Aunque China sea el quinto productor de crudo del mundo, con casi 3,8 millones de barriles al día, el año pasado consumió a un ritmo de 8 millones de barriles diarios, por tanto, necesita salir fuera para garantizarse el suministro".
Con 1.500 millones de habitantes, la República Popular de China se ha convertido en el país más poblado del mundo y en el segundo que más petróleo consume, por detrás de Estados Unidos. Las previsiones apuntan, además, que esta demanda crecerá en un 150 por ciento hasta 2020, a un ritmo aproximado del 7,5 por ciento anual. Un simple dato ayuda a ilustrar el cambio que está viviendo el país: el número de automóviles se multiplicará por 90 entre 1990 y 2010 y podría superar a los existentes en Estados Unidos en un par de décadas.
“Los chinos han dejado de ir en bicicleta para montar en coche”, afirma, gráficamente, Mike Rosenberg, director general de estrategia de IESE Business School. “La economía china crece mucho y eso requiere un enorme consumo energético. Pero, para llegar a los niveles de una potencia de occidente, todavía tiene que consumir tres veces más. Por tanto, si va a triplicar su consumo, habrá que mirar de dónde va a sacar los recursos que necesita”, añade Rosenberg. ¿La respuesta? Lo que está ocurriendo: el gigante asiático va a realizar las adquisiciones que necesite para garantizarse el suministro.
La ventaja del momento
Como apuntan los expertos, China necesita garantizarse el máximo control posible dentro del panorama energético mundial, y éste siempre está expuesto a los vaivenes del precio del barril de crudo. A pesar de que el precio del petróleo se ha estabilizado durante las últimas semanas por debajo de los 70 dólares por barril, en el caso del Brent, la posible vuelta a los máximos históricos de 2008, cuando llegó a marcar la cifra de 150 dólares, erosionarían las cuentas de las grandes compañías industriales del dragón asiático.
Por esta razón, la petrolera estatal china Sinopec no ha dudado en pagar 8.320 millones de dólares canadienses (cerca de 5.300 millones de euros) por hacerse con Addax Petroleum en junio, superando, incluso, la compra de la noruega Awilco Offshore por parte de China Oilfield Services en julio de 2008, filial de la estatal China National Offshore Oil Corporation, hasta ahora la mayor adquisición de una petrolera china en la historia. "Estas empresas tienen en su punto de mira a todas las compañías independientes y, como tienen dinero para pagarlo, no les importa desembolsar una prima por ellas", indica el profesor Martínez-Lázaro.
De hecho, las petroleras chinas cuentan con un gran respaldo económico para llevar a cabo la expansión en la que se hayan inmersas. Un ejemplo es el crédito de 30.000 millones de dólares (20.600 millones de euros) que ha obtenido recientemente la también estatal Petrochina del Banco de Desarrollo de China, el brazo inversor del gobierno de Pekín, con el objetivo implícito de que sean gastados en la internacionalización de la petrolera.
Este dinero podría ser empleado en la adquisición de YPF, la participada argentina de Repsol, por la que se ha especulado que Petrochina y CNOOC podrían pagar 17.000 millones de dólares (11.600 millones de euros). Aunque a día de hoy no hay nada cerrado, se trataría de una operación que interesa a ambas partes. A las empresas asiáticas, por su posicionamiento en la potencia latinoamericana, algo que tiene difícil en otros países como Arabia Saudí, Emiratos, Rusia o Venezuela, cuyos buques insignia están controlados por el Gobierno y, por tanto, fuera de su alcance. Para Repsol, esta venta significaría una importante y necesaria inyección de liquidez.
Como señala el profesor Rosenberg: “Repsol tiene una deuda histórica y, además, sus resultados han sido decepciones. Si, finalmente, recibe 17.000 millones por desprenderse de YPF, recompondría toda su situación financiera. Como mínimo, se trata de una oferta tentadora”. Además, como señala Mauro Guillén, “Repsol está teniendo bastante éxito a la hora de encontrar yacimientos en otros lugares, por lo que YPF ya no es tan necesaria como antes. No hay que olvidar que cuando se produjo la adquisición de la empresa argentina a finales de los 90, se trataba sobre todo de una medida defensiva, es decir, crecer para evitar ser comprado. Tras la crisis argentina de 2001 y la inestabilidad política, Repsol ya no tiene tanta necesidad de YPF. En este contexto, si la compañía española quiere vender, los chinos aprovecharán la oportunidad”.
Antes de aparecer la oportunidad de YPF, las petroleras asiáticas ya tuvieron en su punto de mira a Repsol. Fue a principios de este año, cuando la compleja situación financiera del grupo constructor e inmobiliario Sacyr Vallehermoso, propietario del 20 por ciento de Repsol, llevó a varios inversores de todo el mundo a analizar la posible compra de esta participación. Entre las empresas que la prensa apuntó como interesadas se encontraba Sinopec, aunque las elevadas expectativas de precio por parte de Sacyr Vallehermoso terminaron por frenar cualquier acuerdo.
Pero, aunque hubiera habido un entendimiento respecto al precio, todo apunta a que las petroleras orientales lo hubiesen tenido muy complicado para tomar el control de Repsol. En esta línea, el ministro español de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, aseguró hace unas semanas en Pekín que su Gobierno sólo está interesado en inversiones "financieras, no estratégicas" de empresas chinas hacia las compañías españolas de sectores sensibles. "Si las empresas chinas muestran interés por las empresas estratégicas españolas, estaremos encantados en que haya una participación, siempre que tengan un contenido financiero, no estratégico", sentenció el ministro.
Ésta es precisamente una de las grandes dificultades que están encontrando las petroleras asiáticas en su expansión internacional. Resulta complicado que países como Estados Unidos y Rusia accedan a que una empresa china pase a controlar algún activo de interés estratégico. CNOOC lo intentó hace cuatro años al presentar una oferta por la norteamericana Unocal, que acabó adjudicándose Chevron con una oferta 1.000 millones inferior al importe que estaba dispuesta a abonar su rival china. “Situaciones como ésta han ocurrido varias veces en Estados Unidos, pero dudo que en Argentina pongan peros”, señala el profesor Guillén en relación a la venta de YPF.
Acuerdos estratégicos
Junto con la compra de empresas a golpe de talonario, el Gobierno chino está pisando el acelerador para cerrar acuerdos en grandes países productores de petróleo. Así, China ha sellado una alianza con Venezuela para la explotación de recursos en la faja del río Orinoco, donde se encuentran las mayores reservas del mundo, que exigirá inversiones de 16.000 millones de dólares (11.000 millones de euros) hasta 2012. El acuerdo, mediante el cual petroleras chinas formarán una empresa mixta con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), aumentará la producción del país latinoamericano en 450.000 barriles diarios de crudo.
Este mismo año, China y Brasil han cerrado un acuerdo en la misma línea. El Banco de Desarrollo de China se comprometió en mayo a conceder a Petrobras, la principal petrolera brasileña, un préstamo a diez años de 10.000 millones de dólares (6.800 millones de euros). A cambio, la estatal brasileña abastecerá a Sinopec con un promedio de 150.000 barriles de petróleo al día durante el primer año y 200.000 barriles diarios durante los nueve ejercicios restantes. Hasta ahora, Petrobras vendía aproximadamente 60.000 barriles de crudo diarios a China.
Hace algo menos de un año China alcanzó una alianza similar con Rusia. El Banco de Desarrollo de China concedió un crédito de hasta 30.000 millones de dólares (20.600 millones de euros) a cambio de asegurarse la importación anual de 2.000 millones de barriles de petróleo ruso durante los próximos veinte años.
Estos acuerdos, son el complemento que utiliza el dragón asiático a las adquisiciones de empresas y los lleva a cabo, sobre todo, en los principales países productores de petróleo cuyos buques insignia están controlados por el Gobierno. Dicho de otro modo, a falta de oportunidades de compra, buenas son alianzas. Porque, como señala el profesor Martínez-Lázaro, “China sólo puede aspirar a adquirir petroleras medianas independientes, porque los gigantes internacionales son empresas estatales”.
Dentro de este esquema, uno de los mercados que más interesan a los grupos asiáticos es África, donde están peleando por obtener grandes contratos de exploración y explotación. “China está invirtiendo fortunas en África, porque necesita todo tipo de materias primas, ya sea petróleo, aluminio, acero… y este continente se las ofrece. Además, lo hace sin preguntar demasiado por los derechos humanos”, apunta el profesor Rosenber.
El gigante asiático, por ejemplo, ha entrado con fuerza en Nigeria, donde 16 de sus 18 licencias petrolíferas están próximas a ser renovadas. La estatal CNOOC es la que más fuerte está apostando por esta estrategia y ha iniciado los trámites para lograr contratos que le permitirían producir 6.000 millones de barriles, el 16% de las reservas nigerianas.
Sus rivales en la puja por estas adjudicaciones, entre las que se encuentran las principales petroleras occidentales como Total, Chevron y Shell, se quejan de la dificultad de competir con las compañías chinas. Las energéticas asiáticas toman más riesgos con tal de hacerse con los contratos, algo que les ha permitido, por ejemplo, ser las primeras en perforar en Irak a pesar de la primacía de Estados Unidos en la región. Por no hablar de la ventaja económica asiática.
El experto de IESE concluye señalando que “China cuenta con las mayores reservas de dólares del mundo y, además, está financiando a Estados Unidos para que pueda mantener su sociedad de consumo, un consumo que además se dirige en gran parte a adquirir productos chinos. Esta liquidez permite a las compañías asiáticas pujar con una prima de precio que ellas analizan en el largo plazo, porque los chinos siempre piensan a largo plazo. El razonamiento es el siguiente: si se estima que para 2020 se va a multiplicar por diez su consumo de petróleo, ahora el barril vale la mitad que hace un año y, además, cuentan con el efectivo necesario para salir de compras, lo lógico es pensar que las petroleras chinas van a dar muchas noticias”.
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