Soplan vientos de cambio en la banca brasileña
Lejos de ser el país de la samba y el Carnaval, cuna de futbolistas de renombre y disfrutar de una geografía privilegiada, Brasil se ha consolidado en la última década como una de las economías con más potencial de crecimiento del panorama internacional. Algo que disfruta de la mano un sistema financiero que ha sabido, sabe y, si no fallan las previsiones, sabrá crecer gracias al tirón de la economía local.
Tanto, que en medio de la peor crisis financiera que se recuerda desde el crack del 29, Brasil se ha desmarcado con un sistema que sigue aumentando su tamaño a prueba de bombas y que mantiene previsiones optimistas para los próximos años. Un caldo de cultivo ideal para desatar una tormenta de compras y fusiones, como lleva ocurriendo año y medio, y que continuará en los próximos meses, redibujando el mapa financiero brasileño y convirtiendo al país de la samba en un baile de oportunidades dentro de la crisis internacional que vive el sector.
Este hecho no ha pasado desapercibido para entidades, locales o internacionales, que durante los últimos ejercicios han iniciado un proceso de expansión y concentración sin parangón. Los que mejor se posicionen, los que adquieran más fuerza en la potencia latinoamericana, serán los que exprimirán con mayor intensidad el boom brasileño.
Como prueba de los movimientos corporativos recientes, pueden citarse la fusión entre Itaú (2º en el ranking por tamaño) y Unibanco (6ª), la compra de Nossa Caixa (10ª) y del 50% del Banco Votorantim (8º) por parte del Banco do Brasil (1º), la integración del Banco Real en el Grupo Santander, la adquisición del Banco Cacique por Société Générale, y este mismo mes de abril, el acuerdo de venta de Banco Pactual, la división brasileña del suizo UBS, a BTG Investments por 2.500 millones de dólares, una operación que se ha convertido en el salvavidas de la entidad helvética en medio de la crisis para conseguir liquidez. Pero, ¿a qué responden todos estos movimientos?
“La concentración es una de las tendencias claras en el sistema bancario brasileño”, señalan Altina Sebastián González, profesora de Finanzas en la Universidad Complutense de Madrid. Y añade: “Mientras que a finales de 1994, año de implementación del Plan Real (cuyo objetivo era acabar con la hiperinflación), los cinco mayores bancos del país aglutinaban el 56,8% del crédito concedido al sector privado, en diciembre de 2008 este porcentaje se había disparado hasta el 77,5%. Tras este sustancial crecimiento subyacen las decenas de fusiones y adquisiciones de los últimos años, algunos fiascos sonados, como la quiebra del Banco Santos, y la ralentización de la actividad crediticia por parte de las filiales de algunos bancos internacionales, cuyas matrices se han visto especialmente afectadas por la crisis subprime”.
Itaú y Unibanco, segundo y cuarto grupo financiero de Brasil, respectivamente, supieron ver esta realidad al anunciar una fusión a finales del año pasado, dando origen a la mayor firma financiera del Hemisferio Sur. La nueva entidad cuenta con activos valorados en 263.800 millones de dólares (algo más de 200.000 millones de euros), lo que le sitúa en el decimoséptimo puesto del ránking mundial. Además, puede presumir de sus 4.800 oficinas, 14,5 millones de clientes, y una cuota de mercado cercana al 20% en el mercado bancario brasileño.
Los dirigentes de estas dos entidades han asegurado que la fusión tiene como objetivo ampliar su capacidad competitiva y que, en ningún caso, se ha producido por la crisis financiera internacional. No obstante, sean cuáles sean los motivos de fondo de este matrimonio, la realidad es que la debilidad financiera mundial está dando lugar a un proceso de consolidación en búsqueda de la supervivencia. Y de manera muy especial en Brasil. Aunque también es cierto que, en el caso concreto de este país, influyen otros motivos.
El profesor de Finanzas de la Universidad Pompeu Fabra, Sergio R. Torassa, explica que “una de las razones que subyace tras este proceso es el tamaño del país. Brasil tiene un territorio equivalente al 90% de Estados Unidos, por lo que los costes de implementar una red de oficinas bancarias con una cobertura nacional son muy elevados. Se estima que la inversión necesaria para conseguir el 1% de cuota de mercado se sitúa entre 1.000 y 2.000 millones de dólares (entre unos 767 y 1.533 millones de euros). Consecuentemente, si una entidad deseara hacerse con una cuota del 5%, necesitaría entre 5.000 y 10.000 millones de dólares. Dichas cantidades no están al alcance de pequeños y medianos players”. Por tanto, Torassa explica que esta nueva configuración del sector bancario “constituye una clara ventaja desde el punto de vista de incremento del grado de competitividad entre las entidades de mayor tamaño, con el consecuente beneficio para los clientes y, por ende, para la economía brasileña en su conjunto”.
Otro indicio positivo para el sector financiero brasileño, es que, frente a los planes billonarios anunciados en Estados Unidos y Europa, el Gobierno de Lula se ha quedado en una inyección de 45.000 millones de dólares orientada a mantener vivo el crédito y evitar el desempleo. En esta línea, el catedrático de Economía Financiera de la Universidad Complutense, Juan Mascareñas, señala que “el impulso que está dando el Gobierno brasileño, con una serie de iniciativas dirigidas a facilitar el crecimiento del volumen del crédito, se estima que en un 14 por ciento para este año, beneficiará al sector bancario privado”.
Presente, pasado y futuro
Para entender hacia dónde se dirige el sector financiero brasileño quizás deberían analizarse antes todas las operaciones que ha habido en los últimos tiempos. Como punto de inflexión podría citarse el nacimiento de Itaú Unibanco Holding, la entidad resultante del matrimonio entre Itaú y Unibanco, que ha superado en el ránking financiero al hasta ahora inexpugnable Banco de Brasil, el principal banco del estado brasileño. Por detrás quedan también Bradesco, que antes podía presumir de ser la mayor entidad privada, y Banespa, de Banco Santander.
Itaú y Unibanco han sido, quizás, los que han movido ficha con más fuerza, pero antes y después han habido una serie de fusiones y adquisiciones que dejan entrever la importancia que dan los pesos pesados del sector al reordenamiento financiero brasileño. Así, el estatal Banco de Brasil es uno de los que se ha mostrado más activo a la hora de crecer a base de talonario. Este banco anunció en noviembre de 2008 la compra de Nossa Caixa, centrada en la región de Sao Paulo, por 2.250 millones de euros (2.936 millones de dólares). El motivo de esta adquisición no fue otro que reforzar la entidad pública tras la fusión de Itaú y Unibanco, como reconoció el propio ministro de Hacienda, Guido Mántega. “Vimos que es importante, en un momento de crisis financiera como éste, tener bancos públicos fuertes e importantes. Esta operación equilibra el juego”, aseguró.
Posteriormente, Banco de Brasil se hizo con el 50% de Banco Votorantim, la séptima entidad del país, por 1.800 millones de dólares (unos 1.380 millones de euros). Además, a estas compras hay que añadir otras dos realizadas durante 2008, la del Banco del Estado de Piaui y la del Banco del Estado de Santa Catarina.
Pero, sin duda, la operación que más dio qué hablar fue la de Santander, al adquirir la filial brasileña de ABN Amro, Banco Real, que fusionó con su división en el país carioca, Banespa. Esta compra, enmarcada dentro del despiece de la entidad holandesa que realizó junto a Royal Bank of Scotland y Fortis, le costó a Santander casi 20.000 millones de euros (unos 26.100 millones de dólares).
La fusión de Banespa y Banco Real permitió a Santander convertirse en el cuarto banco de Brasil, con activos por más de 57.000 millones y 8,5 millones de clientes. Pero Emilio Botín, presidente del banco español, ya ha anunciado que no se conforma con ello y que pretende ser el primer banco privado del país. Unas declaraciones que han levantando muchas ampollas y, en opinión de los expertos, han acelerado muchos movimientos de sus rivales brasileños. "Brasil es un gran país, que combina un mercado fantástico con un potencial agrícola, mineral, tecnológico, industrial y de servicios que le han convertido, sin duda, en una de las más grandes potencias a nivel mundial", explicó Botín en una reciente visita al país carioca.
Por ello, Santander tiene previsto invertir 1.125 millones de dólares en Brasil durante este año y el próximo, con un ambicioso plan de apertura de oficinas que se estima en unas 400. Junto a la compra de Banco Real, la entidad presidida por Botín también se está reforzando en el negocio asegurador brasileño. Así, comunicó el pasado mes de marzo la adquisición del 50% del capital que no poseía en Real Tokio Marine Vida e Previdencia, propiedad del grupo financiero japonés Tokio Marine Holdings, por la que pagó 230 millones de euros.
Entre otras entidades internacionales presentes en Brasil, además de Santander, se encuentra Société Générale, que en 2007 compró el banco Cacique por algo más de 300 millones de euros. La Caixa también contó con exposición a la región a través de una participación del 3% en Itaú, de la que se deshizo en 2005. Además, BBVA estuvo presente en Brasil, a través de su filial BBV Banco, que vendió en 2003 a Bradesco. Sin embargo, desde la entidad española han señalado recientemente su intención de volver a la potencia sudamericana, que definen como “su asignatura pendiente”.
Está claro que cada vez cobra más sentido que quién no está en Brasil, no está en Latinoamérica, como ha señalado en más de una ocasión algún banquero. La crisis financiera ha reforzado esta tesis, hasta el punto de que los bancos brasileños no sólo no han arrastrado a la economía, como ha ocurrido en otros países, sino que la han hecho más sólida y resistente a los vaivenes locales e internacionales. “En épocas de crisis, siempre surgen excelentes oportunidades de compra”, recuerda el profesor Torassa.
Trampolín internacional
Tras el proceso de concentración que está viviendo el mercado financiero brasileño se esconde una última clave: el trampolín internacional que representa este país para seguir creciendo por el mercado americano. “Brasil es la potencia económica latinoamericana que, además, en los últimos años está creciendo económicamente a buen ritmo, así que este movimiento concentrador puede buscar no sólo un aumento de la eficiencia, sino también una manera de extenderse hacia el resto del subcontinente”, señala el profesor Mascareñas.
El nuevo Itaú Unibanco Hólging es un claro ejemplo. Nada más sellar su matrimonio, la entidad ya adelantó que su primer foco de atención será la expansión internacional en países latinoamericanos más emergentes, como México, Colombia y Perú, además del desarrollado Chile. Algunos expertos no descartan, incluso, que dé el campanazo adquiriendo algún gran rival norteamericano o europeo, en medio de la crisis internacional. “Queremos ser un banco con capacidad para operar en todo el mundo. Aspiramos a tener escala global”, señaló Pedro Moreira Selles, presidente de Unibanco, poco después de anunciarse la fusión.
Santander también ha reconocido que Brasil se ha convertido en el epicentro de su estrategia de crecimiento por Latinoamérica. Algo que está muy en línea con los planes de expansión internacional de la entidad, porque, como recuerda la profesora Altina, “en los últimos años, la entidad española ha acelerado su ansia por convertirse en uno de los grandes bancos en el mundo. Sus adquisiciones se han dirigido hacia cuatro mercados estratégicos como son: Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Brasil.En este último país, ha avanzado hasta el tercer puesto en el ranking bancario”.
Pero toda esta concentración también tendrá sus consecuencias, que Torassa mide, sobre todo, en términos de eficiencia y reestructuraciones. “Es innegable que la eficiencia en cualquier sistema bancario constituye un factor estratégico de máxima importancia, tanto más cuanto menores sean los márgenes comerciales. En el caso brasileño, tradicionalmente, las entidades han estado acostumbradas a trabajar con precios que les proporcionaban confortables diferenciales. Por ejemplo, en préstamos personales, las tasas cargadas a los mejores clientes superan, hoy por hoy, el 32%, alcanzando incluso tipos del 73% y el 76% anual”. En el momento actual, señala, “el propio presidente Lula ha declarado que su “obsesión” es la de reducir sustancialmente los spreads entre las operaciones bancarias activas –lo que los bancos cobran- y las pasivas –lo que los bancos pagan a sus clientes- y que empleará todos los medios que tenga en sus manos para conseguirlo. Ante esta tesitura, el sector bancario se verá abocado a acometer un amplio proceso de reestructuración, implantando políticas destinadas a reducir plantilla, recortar gastos de explotación, racionalizar sucursales, invertir en tecnología y ganar tamaño a través de operaciones de fusión y adquisición”.
Una auténtica revolución. Pero parece que tiene el terreno bien abonado.
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