Reyes del dinero: El impacto de la crisis financiera global sobre los fondos soberanos
La crisis financiera mundial ha suscitado varias preguntas sobre la eficacia y el papel de los fondos soberanos (FS). Los FS son fondos enormes cuyas inversiones están controladas por países y se componen, invariablemente, de un conjunto diversificado de activos. Algunos de los mayores fondos, tomando como referencia el PIB de los países, están localizados en Oriente Medio. Un buen ejemplo es el Abu Dhabi Investment Authority, con 875.000 millones de dólares en activos. Durante la crisis financiera mundial, la mayor parte de los fondos soberanos de Oriente Medio han dejado de invertir o se han vuelto aversos al riesgo. Ahora prefieren invertir internamente para estimular sus debilitadas economías y, con eso, reducir la adquisición de activos extranjeros. La expansión de los gastos del Gobierno, necesaria para atenuar el golpe sufrido por las economías de los países, así como la caída de los ingresos por petróleo, está absorbiendo la mayor parte, sino todos los superávit internos.
¿Han sido capaces los FS de Oriente Medio de crear una cierta estabilidad económica y diversificar sus economías domésticas? Knowledge@Wharton pidió a profesores de Wharton y a otros expertos que evaluaran la cuestión.
Una historia de retornos competitivos
Inversores pasivos que, por norma, tienen poca interacción significativa con la gestión de sus metas de inversiones, los FS de Oriente Medio han seguido en gran medida una estrategia conservadora de inversión.
Es un hecho ampliamente aceptado que la gestión tradicional de las reservas por los bancos centrales, normalmente compuestas por títulos del Tesoro americano, genera retornos poco significativos y, a veces, incluso pérdidas en términos reales a largo plazo. Pero se esperaba que la cartera de un fondo de pensión típico con un 60% en acciones y un 40% en bonos —por lo menos hasta la crisis actual— rindiera más a largo plazo. Los FS que acompañaron la estrategia de inversión de las carteras de pensiones tuvieron pocos retornos significativos, siendo éstos más coherentes con los retornos generados por las inversiones en petróleo y mucho mayores que los de los fondos que siguieron el modelo de inversión de los bancos centrales. Pero la crisis mundial dejó claro que los FS conservadores, que aplicaban la mayor parte de sus inversiones en títulos menos arriesgados y más líquidos, tuvieron mejor rendimiento que aquellos que invirtieron con mayor ímpetu, una estrategia asociada en gran medida al reciente boom del petróleo. En el cómputo general, se cree que la mayor parte de los FS de Oriente Medio, así como sus pares de otros países, han tenido pérdidas de hasta un 30% en sus carteras debido a la caída acentuada de los mercados mundiales de acciones.
Pero, “si las pérdidas fueron de sólo un 30%, su situación se puede considerar muy buena en relación a la mayor parte de los otros inversores institucionales”, observa Franklin Allen, profesor de Finanzas de Wharton. “Creo que la lección principal que podemos sacar de todo eso es que los riesgos negativos están ahí y no se puede dudar de eso. Los últimos 30 años fueron tan buenos para el mercado bursátil que todos nosotros creíamos que las acciones siempre tenían de revalorizarse. La actual situación sirve de recordatorio de cuánto se puede perder”.
¿Cuáles son los probables efectos futuros? Howard Pack, profesor de Negocios y de Políticas Públicas de Wharton, dice que aún es demasiado pronto para que se tenga una idea más concreta sobre el impacto de la reciente caída de los precios del petróleo sobre los flujos de capital, pero “no hay duda de que muchos gobiernos, como el de Dubai, tienen problemas bastante graves. Puesto que hubo un compromiso importante de recursos con vistas a la diversificación de las economías, y estando ese esfuerzo aún lejos de su término en el momento en que los precios del petróleo comenzaron a caer, es evidente que todos los países del Golfo sufrirán una desaceleración significativa en su crecimiento y un vacío sustancial de reservas acumuladas”. Pack añade que el efecto generalizado de la caída de los precios del petróleo continuará siendo una incógnita durante cerca de seis meses, cuando haya más datos disponibles. Sin embargo, dice, “sería una gran sorpresa si no tuviera lugar un crecimiento más lento, tal vez hasta una retracción significativa, como la pérdida en gran escala de las reservas”.
No todos los FS se han visto perjudicados por igual. Las inversiones en FS de Libia, de 50.600 millones de dólares, produjeron retornos de cerca de 2.400 millones desde 2006, con un 78% de la cartera invertida en instrumentos financieros de corto plazo y sólo 8.000 millones de dólares en acciones, distribuidas sobre todo por América del Norte y Asia. De igual modo, se cree que la Agencia Monetaria de Arabia Saudita (SAMA), que ejerce el papel de banco central y de gerente de las riquezas del país, no haya tenido tantas pérdidas como los demás países durante la crisis financiera gracias a una cartera conservadora compuesta sobre todo por dólares y bonos, con sólo un 20% de exposición a acciones.
Existe ahí una lección obvia e importante de gestión de riesgo. “Si su flujo de ingresos de exportaciones está en sintonía con el crecimiento mundial, su riqueza no debe ser totalmente invertida en activos que estén también relacionados de forma significativa con el crecimiento global. En el caso de los fondos enfocados a la estabilización, el valor de un activo en tiempos difíciles es mucho más significativo que en los buenos tiempos”, observó el Council on Foreign Relations en un estudio titulado “Fondos soberanos del GCC: cambio de suerte”, publicado en enero. (GCC es la sigla en inglés para Consejo de Cooperación del Golfo, formado por seis países árabes: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Bahrein, Qatar y Kuwait).
Richard Herring, profesor de Finanzas de Wharton, observa que como los inversores en FS trabajan a largo plazo, la caída de los valores de los activos debería permitir reasignar algunos de ellos de tal forma que se vuelvan extremadamente lucrativos a largo plazo. Al mismo tiempo, “creo que los fondos van a buscar maneras nuevas y más perfeccionadas de diversificar y proteger sus inversiones, ya que muchas de las medidas anticipadas de diversificación simplemente no funcionaron en un mercado a la baja. Ellos han aprendido que la única cosa que aumenta en los mercados en caída son las correlaciones”.
“Lo más importante”, dice Allen, es observar de qué forma los FS de Oriente Medio van a conducir, en el futuro, sus patrones de inversión. “Depende mucho del Gobierno del país en cuya riqueza ellos estén invirtiendo. Creo que sufrirán una presión muy grande para que reduzcan los riesgos e inviertan principalmente en bonos”.
Estrategias de inversiones variadas
Se estima que en todo el mundo hay 53 FS de tamaños y objetivos varios, con un total estimado de activos de 3.800 billones de dólares a principios de 2008. Los fondos GCC son los más ricos y, de acuerdo con cifras de la empresa de consultoría de gestión Booz & Company, son responsables de un 40% del total. En Oriente Medio, el papel crítico de estabilización de los FS comenzó en los años 90, cuando los precios del petróleo cayeron hasta cerca de 10 dólares el barril. La SAMA, por ejemplo, que viene acumulando superávit con ingresos de petróleo desde los años 70, ayudó en la expansión de los fondos en Arabia Saudita a lo largo de toda una década de bajo crecimiento. Después de la primera Guerra del Golfo, el Kuwait Investment Authority (KIA) despuntó como el principal motor de reconstrucción de la economía devastada del país.
Hasta los años 90, los FS de Oriente Medio estaban constituidos básicamente por inversiones en reservas cambiarias extranjeras contrarias a riesgos y sólo inyectaban fondos en la economía local en momentos de necesidad. Fue entonces cuando varios eventos importantes de impacto regional llamaron la atención sobre la necesidad de que las economías locales diversifiquen los flujos de ingresos y que reduzcan su dependencia del petróleo. Con la disminución de las posibilidades inmediatas locales, esos FS comenzaron a invertir en activos relativamente más arriesgados en el exterior, como acciones y bienes inmuebles. La tendencia ganó fuerza a medida que los precios del petróleo comenzaron a subir a principios del nuevo siglo y ganaron mayor respaldo con la expansión de la globalización, alimentada por instituciones como la Organización Mundial del Comercio.
Dadas las condiciones de los mercados financieros internacionales, no sorprende que los FS sean más cautelosos hoy en día a la hora de invertir en el exterior, observa Don DeMarino, presidente adjunto de la Cámara de Comercio Nacional EEUU-Países Árabes. “Los fondos soberanos están financiados por ingresos acumulados. Al precio de 40 dólares el barril, hay otras exigencias más fuertes en lo que respecta a la utilización de esos ingresos. Creo, sin embargo, que la inactividad de los fondos durante la crisis económica se debe, en grado igual o mayor, al ambiente político de desconfianza hacia ellos en Occidente. Todos los fondos del Golfo se acuerdan perfectamente del colapso de Dubai Port World. La perspectiva de que esos fondos se enfrenten nuevamente a otra explosión incontrolable —esta vez ocasionada por la adquisición ‘a precios demasiados bajos de activos por parte de los árabes’— es muy preocupante”.
Con el aumento de los precios del petróleo, el número de FS aumentó y nuevos competidores buscaron no sólo servir de lastre para la estabilidad económica y para la diversificación de las inversiones, sino también para maximizar los recursos. Esto hizo que muchos buscaran inversiones más arriesgadas. Incluso algunas instituciones más antiguas y más conservadoras se vieron arrastradas por el cambio generalizado del ahorro nacional, que dejó los bonos, que antes caracterizaban el estilo tradicional de la gestión de reservas por los bancos centrales, y se trasladó hasta las inversiones en acciones, caracterizados por el énfasis en el valor y en el retorno proporcionado, lo que antes era considerado dominio propio de las empresas de private equity y de los fondos hedge. Entre los inversores más agresivos de los FS de Oriente Medio se encuentran el Abu Dhabi Investment Authority, el Kuwait Investment Authority y el Qatar Investment Authority (QIA).
QIA, sin embargo, también pertenecía al club de FS que emergieron durante el boom del petróleo con el propósito de servir de complemento a los planes de desarrollo socioeconómicos internos. Esos FS proativos, que buscan inversiones internas y externas, van a servir de soporte al desarrollo económico, incrementar el conocimiento y las transferencias de tecnología apalancando las ventajas de costes. También van a buscar una mayor implicación en la gestión de las empresas en las que invierten. Otros ejemplos de inversores proativos son el Mubadala Development Company, de los Emiratos Árabes Unidos y Dubai Investment Corp.
Al frente de FS de países asiáticos como Temasek Holdings, de Singapur, y Khazanah Nasional Berhad, de Malasia, Mubadala tal vez sea el de mayor éxito de los FS proativos de Oriente Medio. Su participación del 5% en Ferrari trajo consigo un aumento en potencia del turismo en Abu Dhabi gracias al parque temático de la famosa firma automovilística. Más recientemente, Mubadala invirtió 8.000 millones de dólares en I+D en asociación con General Electric que, por su parte, decidió aumentar sus inversiones y transferencias de tecnología a los Emiratos Árabes Unidos.
Sea cual sea la estrategia de inversión que los FS de GCC decidan adoptar, los economistas coinciden en señalar que la región tendrá que preocuparse por otras cosas además de su riqueza en petróleo si quiere crecer en el futuro. Herring observa que muchas de esas economías disponen de un volumen finito de recursos naturales que están transformándose en activos más diversificados. Con el tiempo, esos activos podrán continuar generando renta en el momento en que los recursos naturales que tengan se hayan extinguido. “Algunas de las oportunidades tal vez se encuentren en el ámbito de sus propias economías. Pero, de modo general, ellas son demasiado pequeñas en relación a la economía mundial, por lo tanto es poco probable que una fracción muy grande se dedique a las inversiones domésticas”.
|