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Venezuela frente al cambio de moneda y de Constitución

Venezuela se prepara para estrenar moneda nueva: el bolívar fuerte, que sustituirá al bolívar actual a partir del 1 de enero de 2008. Hasta entonces, y a partir del 1 de octubre, los venezolanos se preparan para la Reconversión Monetaria, que consiste en dividir por mil o básicamente quitar tres ceros al bolívar actual y “adaptar esa nueva escala monetaria a todos los precios, salarios, pensiones, impuestos…”, señala Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor del Instituto de Empresa (IE). Los comercios tendrán que exhibir, desde octubre, los precios de los bienes y servicios en las dos monedas. Según explica Martínez Lázaro, “algo parecido a lo que ocurrió con el euro, en los meses anteriores al 1 de enero de 2002”. La fase previa durará tres meses y a partir del año próximo, cuando entre en vigor el bolívar fuerte, las dos monedas convivirán por un periodo de seis meses.

 

Martínez Lázaro recuerda que, en cualquier economía, cuando tienes una unidad monetaria que ha perdido tanto valor respecto a otras monedas de referencia, como el euro o el dólar, se producen una serie de efectos. En primer lugar, dice, se dificulta las transacciones económicas diarias y, después, se alimenta la inflación. Con esta medida, lo que se pretende es simplificar estas transacciones y atajar la inflación, “porque al no dar la gente valor a la moneda, hace que los precios suban más de lo que normalmente subirían si las unidades monetarias fueran más grandes”.

 

Jaime Sabal, profesor de finanzas corporativas de ESADE, un venezolano residente en España desde hace cuatro años, que dejó su país por su desacuerdo con el actual Gobierno populista de Hugo Chávez, cree que la medida tiene mucho sentido. “Durante muchos años, y eso no es responsabilidad de este Gobierno, el país ha tenido niveles de inflación muy altos. Llega un momento en que las cifras son inmanejables, un millón de bolívares ya no es nada. Todo tiene muchos ceros y ya se empieza a perder el sentido de cuanto valen las cosas”.

 

Un mal crónico

Sabal explica que la inflación siempre ha sido un problema en Venezuela por el desorden de las finanzas públicas. “El Gobierno siempre ha gastado más de lo que ha ingresado. Devalúa la moneda para tener como financiar sus gastos. El Gobierno central siempre ha sido muy fuerte, no ha habido ninguna otra instancia que pudiera controlarlo”. Martínez Lázaro coincide con Sabal y señala que la inflación es un mal crónico que dura más de veinticinco años. En el periodo 1998-2006, apunta que la inflación acumulada supuso un 440%. “Hubo años, en los noventa, en los que el incremento fue superior al 100% de la inflación. Es un problema consustancial a la economía venezolana que tiene mucho que ver con la renta petrolera.” Actualmente, Venezuela es el octavo exportador de petróleo del mundo y, en 2006, obtuvo unos ingresos superiores a los 45.000 millones de dólares de sus ventas.

 

Una situación que, en opinión de Sabal, se ha agravado con la llegada de Chávez al poder. La economía venezolana, señala, “siempre ha sido muy dependiente del petróleo, que está en manos del Estado, y con los años esta independencia se ha incrementado”. Con la escalada de los precios del oro negro, el Gobierno ha recibido ingresos astronómicos y, explica, “los ha gastado, los ha inyectado en la economía, básicamente en lo que ciertas personas considera medidas sociales y otras consideran derroche. Lo cierto es que ha usado el dinero sin control”. Eso ha traído como consecuencia una mayor aceleración de la inflación y, dado que el Gobierno “es muy autocrático, casi dictatorial, no hay nadie que lo controle. No existe realmente un peso de poderes. El Gobierno se siente libre de hacer lo que quiera y gasta de una manera desenfrenada”, opina.

 

Objetivo fallido

Por eso, el profesor de ESADE cree que esta medida, vista de forma aislada, estaría justificada, pero para tener éxito hubiera sido necesario haber equilibrado antes la economía. “Hay que tener una inflación muy moderada, el gasto público controlado, que todo esté en equilibrio. Y, eso, no ha ocurrido”. Por eso, él no piensa que al final se logre el objetivo de controlar la inflación. “Van a hacer la reconversión monetaria y, al poco tiempo, los precios van a seguir subiendo”. Martínez Lázaro también se muestra escéptico sobre el éxito de la medida, más allá del primer efecto psicológico. “Todo hace pensar que los precios van a seguir aumentando y veremos disminuir la capacidad adquisitiva del bolívar fuerte respecto a otras monedas”.

 

En opinión del profesor del IE, cuando se hacen reconversiones monetarias normalmente éstas suelen ir acompañadas de fuertes políticas contractivas monetarias o fiscales, o se realizan en periodos de depresión económica. Pero, en este caso, el Gobierno venezolano continuará aplicando las políticas expansivas de gasto público a partir del 1 enero. Por eso, a pesar de la cruzada que ha emprendido la administración para controlar la inflación, recurriendo incluso a medidas tan dramáticas como la reducción del IVA en cinco puntos, del 14% al 9%, para frenar los precios, Martínez Lázaro no le augura un buen futuro.

 

Para este año, el objetivo del Gobierno era situar el IPC en el 12%, frente al 17% que alcanzó en 2006. Al final de año, explica que la inflación podría acabar en torno al 14%, ya que hasta septiembre ya acumulaba el 10,9%. Sin embargo, apunta que “el Gobierno ha sentado un precedente muy malo al bajar los impuestos para controlar la inflación. ¿Qué puede pasar si la inflación sigue subiendo y se siguen bajando los impuestos? Al final te quedas sin recaudación por impuestos indirectos. Por tanto, se continúa acentuando esa tendencia de alta dependencia del petróleo. Si en un momento determinado los precios del petróleo bajaran, los ingresos fiscales del estado venezolano seguirían el mismo camino”.

 

El Dr. Richard Obuchi, del Instituto de Estudios Superiores de la Administración de Venezuela, tampoco cree que se alcance la meta oficial del 12% y que el año próximo se produzca una reducción sustancial de la inflación. “En el corto plazo y nominalmente esta medida congela los precios, pero poco tiempo después los productos con precios controlados empiezan a escasear o comienzan a ser transados en el mercado negro, lo cual genera efectos negativos sobre la economía y los consumidores”. En este sentido, dice, “es de esperar que el problema inflacionario persista hasta que el gobierno tome medidas integrales que permitan detener de forma estructural y no coyuntural la tasa de cambio de los precios de la economía”.

 

Sabal comenta que algunos “con malicia” creen que detrás de la reconversión monetaria hay un intento de disfrazar una devaluación. Actualmente, dice que “hay una tasa de cambio controlada por el Gobierno que se sitúa aproximadamente en unos 2.500 bolívares el dólar, pero hay mercado paralelo libre que está superando los 5.000 bolívares el dólar. Es más del doble de la tasa oficial”. La moneda, augura, va a tener que ser devaluada para acercarse un poco más a la tasa de cambio del mercado. “Una devaluación de 2.500 a 5.000 es muy violenta. Entonces, hay personas que creen que cuando el tipo de cambio sea 2.5 será mucho más fácil devaluar sin que la gente se dé tanta cuenta. Pero yo no sé si es verdad o no, es pura especulación”, aclara.

 

De lo que sí está seguro el profesor de ESADE es de hay un gasto público desenfrenado y sin control. Sabal compara al Gobierno con una persona que un buen día gana la lotería y como no tiene ninguna formación, no se le ocurre ahorrar el dinero, sino gastárselo. Tampoco cree que la reconversión monetaria se convierta en otro motivo de enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición. Entre otras cosas, porque la oposición está muy debilitada.

 

La nueva Constitución

El peso de la oposición se pondrá a prueba en el referéndum sobre el proyecto de reforma de la Constitución que tendrá lugar en diciembre y que Chávez ya presentó al Congreso en agosto. Desde el punto de vista económico, el texto prevé la eliminación de la autonomía del Banco Central de Venezuela (BCV), así como la reducción de la jornada laboral a un máximo de seis horas diarias. Por otro lado, la futuro constitución también prohíbe los latifundios y monopolios.

 

Respecto a las dos primeras medidas económicas contempladas en el nuevo texto, Martínez Lázaro afirma que “toda la lógica económica que está aplicando Chávez va en contra de todas las prácticas que últimamente se está viendo que tienen sentido común”. En opinión de este profesor y de Sabal, acabar con la independencia de Banco Central es simplemente formalizar algo que ya es un hecho. Chávez salió escaldado de la oposición por parte del Banco Central al control de cambios en 2003, cuando la huelga petrolera puso a prueba a la economía venezolana y al presidente. De manera que si se aprueba la nueva Constitución, el mandatario venezolano se asegura de que esto no vuelva suceder.

 

Hoy en día, dice el profesor del IE, “se ha demostrado que cuando dotas al Banco Central de independencia y lo haces autónomo de las directrices del Gobierno, esto tiene efectos muy sanos en el crecimiento a medio plazo. Este ejemplo lo podemos ver en cualquier país”. Lo que pretende Chávez, explica, es justamente lo contrario: que el Banco Central se subordine a sus intereses y plasmarlo en la Constitución. “¿Con esto qué va a conseguir? Pues seguir alimentando la inflación, aumentar la liquidez, que son justo los objetivos que no debería buscar”.

 

Obuchi añade que si bien en el corto plazo no parece probable que el Gobierno intente usar al BCV para financiar el gasto fiscal, en una situación económica adversa - producto, por ejemplo, de una caída de los ingresos petroleros- el Gobierno podría intentar financiar el gasto mediante devaluaciones y uso de los recursos del BCV. Además, dice, “tendría poderosos incentivos para estimular el crecimiento en el corto plazo mediante incrementos en la cantidad de dinero. En ausencia de autonomía del BCV, el Gobierno tendría total libertad para llevar a cabo estas políticas que en el corto y mediano plazo podrían generar aun más inflación”.

 

En cuanto a la reducción de la jornada, Martínez Lázaro tampoco cree que ésta sea una medida adecuada y señala que, hoy en día, la gente está tratando de trabajar más, aumentar su productividad para hacer frente a la competencia de países asiáticos y emergentes. En Francia, dice, la reducción de la jornada a 35 horas demostró ser un fracaso porque no generó más empleo y no consiguió que la economía creciera. Sabal coincide con Martínez Lázaro y cree que en Venezuela la gente no es muy productiva, “no por ellos, porque la gente es muy trabajadora, sino porque no tienen infraestructura para producir. Además de esto, ¿se va a trabajar menos tiempo?”, se pregunta. “Es un acto de demagogia, es un Gobierno demagógico que vive buscando el apoyo de la población”, añade.

 

Para Obuchi, la reducción de la jornada laboral es una medida que va a encarecer en términos relativos el uso del trabajo. En este sentido, señala, “para producir la misma cantidad de productos es necesario organizar la producción de una forma diferente y posiblemente más costosa. En estas condiciones, es posible que los empresarios opten por sustituir trabajo por capital en forma de maquinarias o procesos más eficientes, lo cual en el mediano y largo plazo podría generar desempleo, incremento en los costos laborales, precios mayores para los consumidores y una distribución desigual de los beneficios”.

 

Por otro lado, el profesor del IE, comenta que plasmar esta medida como derecho constitucional es algo que Chávez se puede permitir por los ingresos petroleros. Pero no es la forma de hacerlo, señala, “al final una economía tiene que ser más productiva porque así se consigue mayor bienestar. No por decreto ley, no por trabajar menos horas vas a conseguir mayor bienestar. Lo único que consigues es que la economía siga subvencionada por la renta petrolera. Y mientras el precio del petróleo esté en torno a los 80 dólares todo ira bien, pero lo único que se va a conseguir es una disminución de la producción de bienes y servicios, y al final esto va a pasar una factura muy seria en el medio plazo a la economía venezolana”.

 

Estas dos medidas van en dirección contraria a lo que está ocurriendo en los otros países de su entorno. “Es espectacular cómo Brasil ha conseguido luchar mejor contra la inflación y reducir los tipos de interés desde que el Banco Central es independiente”, señala Martínez Lázaro. El profesor del IE también alaba, frente al ejemplo venezolano, la capacidad de México para conseguir reducir la dependencia del sector petrolero. “Venezuela está viviendo un sueño, pero cuando se despierte la realidad va a ser muy cruda”, comenta.

 

Además, Obuchi explica que, a pesar de que Venezuela, durante los últimos tres años, ha experimentado altas tasas de crecimiento económico, no ha habido un incremento equivalente en las inversiones y la capacidad productiva del país. “Buena parte de la explicación de este fenómeno reside en la incertidumbre regulatoria y política que han ocasionado diversos anuncios del Gobierno en relación con su intención de abandonar progresivamente el esquema capitalista por una economía de corte socialista”.

 

¿Y cómo perciben la población y el sector empresarial la futura constitución? “En Venezuela no se sabe lo que va a pasar”, dice Sabal. “Un escenario es que llegue a convertirse en un cuasi comunismo. Las empresas privadas son cada vez menos importantes en el país, ya casi no hay grandes empresas privadas de importancia, las pocas que había han sido estatizadas y la economía privada se esta convirtiendo en empresas pequeñas al servicio del Estado”, añade. Por otro lado señala que los pocos empresarios importantes que existían han emigrando del país, estableciéndose principalmente en Colombia y EEUU. Las multinacionales que tenían presencia en Venezuela también se están marchando. “El país se está convirtiendo prácticamente en una economía estatal”, apunta.

 

La población tiene hasta diciembre para decidir si este nuevo texto sustituye a la constitución que hizo Chávez en su segundo año de Gobierno y que ahora tilda de capitalista. Según las encuestas que el profesor de ESADE ha recibido de instituciones privadas con cierta trayectoria en el país, el 60% de la gente está en contra de esta nueva constitución de corte socialista que permitiría reelegir al presidente indefinidamente.  Aún así, él cree que el proyecto saldrá adelante con, aproximadamente, el 70% de apoyo popular, ya que el cuerpo electoral está controlado por el Gobierno. “Van a tratar de ganar por las buenas, pero si ven que pierden, van a ganar igual. De ahí que mucha gente esté pensando en no votar”.

 

El razonamiento para abstenerse en la consulta es el siguiente: “Si uno vota y ellos hacen trampa, te están utilizando, porque dirán: 'miren, el 90% de los votantes aprobó la Constitución'. En cambio, si solo votan el 20% o 30%, la Constitución será aprobada con menos legitimidad. Ésa es en la disyuntiva en la que estamos. Todavía no se sabe cuál va a ser la consigna, si votar o no votar. Yo todavía no he decidido qué voy a hacer”, concluye Sabal.

 

Chávez llegó al poder en diciembre de 1998 y dentro de poco cumplirá una década dirigiendo el país. De acuerdo con el BCV, el PIB de Venezuela registró un crecimiento de 8,9% en el segundo trimestre de 2007, respecto al mismo periodo del año anterior. La economía alcanzó una expansión de 9,0% en el primer semestre del año, lo que suma 15 meses consecutivos de crecimiento económico, señala en un informe la Red Econolatin.


Publicado el: 17/10/2007


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