Repsol YPF: Más cerca del Gobierno de Néstor Kirchner
En Puerto Madero, el barrio más caro de Buenos Aires, se levanta el esqueleto del que será el edificio corporativo de Repsol YPF. La obra, que requerirá una inversión de, al menos, 134 millones de dólares, tiene previsto finalizarse a mediados de 2008 y se verá a lo lejos como un rascacielos de 36 pisos, según el proyecto original del famoso arquitecto argentino César Pelli. Pero en la futura mesa de directorio de esa sede de la petrolera, que tendrá vistas al Río de la Plata, ya no se sentarán los actuales dueños españoles, que tienen el 99% de la compañía, junto con el Estado argentino, que mantiene un 1% de las acciones: cerca del 25% de YPF se venderá a empresarios argentinos en una operación que podría definirse en las próximas semanas; mientras que otro 20% saldrá a cotizar en la bolsa de Buenos Aires.
¿Significará, entonces, que el Gobierno de Néstor Kirchner podrá sumar su 1% de participación con el 25% de algún grupo económico de su confianza; y obtener así mayor poder de decisión sobre la empresa más importante del país? En los diarios locales y españoles ya se sugirieron como posibles compradores del 25% de YPF a tres hombres conocidos del presidente argentino. Se trata de Jorge Brito, Eduardo Eurnekian y Enrique Eskenazi.
El que más se ha acercado a las negociaciones es Eskenazi, del Grupo Petersen, que controla los bancos de Santa Cruz (provincia natal de Néstor Kirchner), San Juan y Santa Fe. También es dueño de la constructora Petersen, con muchos proyectos en la Patagonia argentina. El Banco Santa Cruz es el que administra los famosos 600 millones de dólares que la provincia de Kirchner llevó a Suiza cuando estalló la crisis económica de 2001.
En tanto, Jorge Brito es titular del Banco Macro, presidente de ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos) y consejero independiente de YPF y miembro de la Comisión de Auditoría.Y Eurnekian es dueño de Aeropuertos Argentina 2000, la empresa que maneja los principales aeropuertos de Argentina y de otros países de la región; además es vicepresidente de la Cámara Argentina de Comercio.
“Creo que al final Eskenazi será el que se quede con el 25%”, afirma Rafael Pampillón, profesor de Economía del Instituto de Empresa en España (IE). “En todo caso, los tres vienen del menemismo (por el ex presidente Carlos Menem), son también kirchneristas, forman parte del peronismo y de todo ese movimiento populista. Los tres son personas de confianza de Kirchner”. De ser así, el empresario debería pagar una cifra cercana a los 3.000 millones de dólares.
Para Gerald McDermott, profesor de Gestión de Wharton, “quizás tenga alguna coincidencia en términos de que se trata de empresarios que tendrían buena relación con privatizadas que brindan servicios en el país. Hay que recordar que en los últimos tres años Kirchner ha tratado de ir regulando, gradualmente, pero cada vez más, la economía”.
No hay que olvidar que el 1% que tiene el Estado argentino le da derecho de veto sobre decisiones estratégicas de la compañía, y la elección de un socio local podría ser una de ellas.
Más presencia del Estado
Desde que asumió la presidencia, Néstor Kirchner reestatizó empresas que brindan servicios públicos clave, como Aguas Argentinas, Thales Espectrum (reguladora del espacio radioeléctrico argentino), Metropolitano (trenes de Buenos Aires) y Correo Argentino.
Estas compañías se habían privatizado en la época de Carlos Menem, a principios de los años 90, mediante polémicos procesos salpicados de corrupción. En el caso de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), al principio se vendió la firma al mercado bursátil, a las provincias petroleras y a sus empleados. Pero en 1999, entró en el juego la española Repsol, que adquirió tanto las acciones que estaban en manos de inversores privados, como el 20% que aún conservaba el Estado argentino, a través del desembolso de 15.000 millones de dólares.
En la sociedad argentina fue fuerte el impacto de ver en las marquesinas de las estaciones de expendio la palabra Repsol, por lo que rápidamente las autoridades de la compañía debieron agregarle la sigla YPF. “Hay por parte del pueblo argentino una sensación de que se hicieron mal las cosas y que, por tanto, se malvendió el sector público empresarial y hubo unas personas que se enriquecieron, y no solo eso, que se quedaron con un monopolio que antes era público y se convierte en uno privado”, sostiene Pampillón.
En Argentina, se discute si en realidad la venta de una parte de Repsol YPF es una decisión tomada por la empresa española o el gobierno argentino ha sido el principal impulsor de esta iniciativa. En opinión de McDermott, “uno tiene que pensar en los motivos que podría tener Kirchner, dado su patrón de comportamiento: YPF es clave para la situación actual del gas y del petróleo en el mundo y en la región. Hay problemas de infraestructura, de precios y de suministro, es decir, es un tema político”. Por lo tanto, continúa McDermott, “Kirchner va a tratar de usar ese activo para influir políticamente en la región. Además, en este caso, es otra manera más de imponer su control sobre la economía”.
En opinión de Mauro Guillén, profesor de Wharton y Director of the Lauder Institute, “en sectores regulados como el petróleo, es bueno tener socios locales. Pero creo que en este caso Repsol también quiere hacer caja”.
Kirchner está a pocos meses de concluir su mandato y en estos casi cuatro años al frente del gobierno aplicó un fuerte control de precios y ha mantenido congeladas las tarifas de servicios públicos, en el marco de una política económica con gran intervención del Estado. En octubre próximo, sea él el candidato o su mujer, Cristina Kirchner, por el partido Frente para la Victoria, algo que todavía no está decidido, un mayor control dentro de la petrolera más importante de Argentina puede ser un elemento clave para continuar en el gobierno. De cara a las elecciones, dice Pampillón, “a mí me parece que Kirchner está muy interesado en nacionalizar –no desde el punto de vista de la compra pública pero sí de hacer más argentino el petróleo- y de esta manera, de cara a la opinión pública, remataría unas elecciones que ya están ganadas. Luego le permitiría, además, subir las tarifas porque uno de los grandes problemas que tienen las empresas españolas que están ubicadas en Argentina es que no se les han respetado los contratos, ha habido una inseguridad jurídica, no se les ha concedido lo que se les había prometido”.
McDermott coincide con este pensamiento: “La tendencia en la región es que el Estado está tratando de reforzar su presencia, sobre todo en empresas de servicios públicos”.
El futuro de Repsol
La decisión de vender el 45% de la participación de la empresa española en Argentina podría responder a una estrategia de la compañía de apuntar sus naves hacia mercados más competitivos y rentables. Eso es lo que sostiene McDermott: “Repsol está tratando de focalizar sus activos en áreas con mejores perspectivas. Argentina no es un lugar muy seguro, en un mercado muy regulado respecto de otros países. Además, quizás la idea de tener un grupo de socios argentinos puede mejorar las relaciones locales. Quizás para Repsol es muy costoso tener incertidumbre con el gobierno de Kirchner o con Cristina en el futuro”.
Según consigna la propia página oficial de Repsol YPF, la empresa integrada de petróleo y gas tiene actividades en más de 30 países, entre ellos España y Argentina. Es una de las diez mayores petroleras privadas del mundo y la mayor compañía privada energética en Latinoamérica en término de activos.
Para Mauro Guillén, “A Repsol le interesa YPF por sus yacimientos, no tanto por la cuota de mercado en Argentina. Repsol tiene un problema claro: le faltan reservas (yacimientos). El problema en Bolivia fue un golpe muy duro (donde el petróleo volvió a manos del Estado). YPF interesaba porque tiene yacimientos en Argentina y en otros países”.
Pampillón, del IE, también hace referencia a los países populistas de la región: “Repsol lo ha pasado mal en los países donde ahora mismo hay políticos populistas como Morales (Bolivia) o Chávez (Venezuela), con los que Kirchner está aliado. Hay otros países como México con Calderón, Colombia con Uribe, Perú con Alan García e incluso Brasil con Lula Da Silva, que están mucho más dispuestos a llegar a acuerdos con EE.UU.”, dice Pampillón.
Capitalismo popular
En una segunda etapa, una vez que la empresa española haya decidido quién será su socio en Argentina, se preparará la colocación de cerca del 20% de la compañía en acciones que cotizarán en la bolsa argentina, quizás a fines de 2007 o principios de 2008.
“Los chinos son actores cada vez más importantes en el mapa mundial”, destaca McDermott. Y añade: “Necesitan recursos energéticos para su país, y en ese sentido están invirtiendo en el sector, por ejemplo en África o en países de Latinoamérica, como Ecuador. Entonces, la salida a bolsa de Repsol YPF puede ser un incentivo para los chinos para tratar de competir en el negocio”.
Pampillón cree que el 20% que saldrá a bolsa “es para darle cierto populismo, en el mejor sentido de la palabra -es un capitalismo popular tipo Margaret Thatcher- al pueblo argentino para que tenga participaciones en una empresa que es muy emblemática, que siempre lo ha sido para Argentina. El control seguiría siendo de Repsol”.
Pero, en definitiva, a Repsol, compañía española integrada por la constructora Sacyr Vallehermoso y la entidad financiera La Caixa, “le va a venir bien. Va a embolsar unos cuantos millones de dólares, le va a permitir una expansión mayor y le abre un futuro más cierto, más creíble”, finaliza el profesor del IE.
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