Un nuevo plan para asegurar la oferta –y el empleo seguro- de uranio en el mercado de la energía nuclear
Expertos de Wharton y de la Universidad de Harvard han realizado una propuesta que, en su opinión, soluciona dos de los temas más importantes que el mundo tendrá que resolver en los próximos años: la seguridad y el futuro global de los mercados energéticos a la luz de la creciente demanda de energía no basada en hidrocarburos para atajar el problema del calentamiento global.
En un nuevo artículo, Erwann O. Michel-Kerjan y Debra Decker sostienen que es crucial que la comunidad internacional garantice una oferta fiable de combustible nuclear para los reactores de todos los países, incluso de regímenes con motivos potencialmente peligrosos, y al mismo tiempo reducir el riesgo de que algunos países usen su capacidad nuclear con objetivos no pacíficos. En su opinión, estos objetivos pueden lograrse contando con la experiencia de empresas del sector privado pertenecientes al ámbito de la seguridad nuclear y la gestión de riesgos catastróficos, y así desarrollar un mercado de seguros que proporcione seguridad añadida a aquellos países que utilicen energía nuclear.
En concreto, los autores recomiendan la creación de una mutua de seguros propiedad de los que dicten su política que también incorpore a aseguradoras y reaseguradoras privadas. La mutua proporcionaría indemnizaciones monetarias en caso de pérdidas económicas sufridas por las centrales nucleares tanto públicas como privadas debido a interrupciones en el suministro de combustible en algún momento del ciclo del combustible nuclear -que comprende su enriquecimiento, fabricación y transporte-, y facilitaría el reestablecimiento de la oferta de combustible nuclear gracias a otras opciones de suministro. Los autores afirman que si sus ideas se implementasen –de forma que todas las naciones pudiesen tener acceso a una oferta segura de uranio enriquecido-, algunas naciones estarían menos interesadas en tener capacidad propia para enriquecer el uranio.
El artículo se titula "A New Energy Paradigm: Ensuring Nuclear Fuel Supply and Nonproliferation through International Collaboration with Insurance and Financial Markets" (“Un nuevo paradigma energético: Asegurar la oferta de combustible nuclear y la no proliferación a través de la colaboración internacional con los mercados financieros y de los seguros”). Michel-Kerjan es director del Risk Management and Decision Processes Center (Centro de Gestión del Riesgo y Procesos de Decisión) de Wharton. Decker es investigador asociado en el Belfer Center for Science and International Affairs en la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard y consultor en Booz Allen Hamilton.
La propuesta de estos autores sale a la luz en un momento en que las necesidades energéticas por parte de los países industrializados y de economías emergentes como China o India están creciendo significativamente. Algunas predicciones apuntan que la demanda global de energía habrá crecido más del 50% para el año 2030. La creciente preocupación por los efectos de los hidrocarburos –petróleo, gas natural y carbón-, sobre el calentamiento global ha reavivado el interés en otras fuentes energéticas, incluyendo la energía solar, eólica y energías alternativas como el etanol. Al mismo tiempo, la oferta de petróleo está sujeta a hechos impredecibles, ya que gran parte de esta fuente energética procede de naciones políticamente inestables.
Una posible fuente energética no basada en los hidrocarburos es la energía nuclear. Si se construyen más plantas nucleares, hecho que parece muy probable, los propietarios de dichas plantas necesitarán contar con un suministro fiable de uranio. No obstante, que países como Irán quieran tener plantas nucleares no hace más que despertar temores en las capitales de todo el mundo sobre el desarrollo de la energía nuclear, en especial el enriquecimiento del uranio para producir combustible. El motivo es que las plantas en las que se realiza el proceso de enriquecimiento también podrían producir armas nucleares para amenazar a otros países. Hace tiempo Mahmoud Ahmadinejad, el Presidente de Irán, declaró que Israel debería ser destruido. Y recientemente, el 10 de abril de este año, Ahmadinejad decía que su país ahora tenía capacidad para enriquecer uranio a escala industrial, desobedeciendo la resolución de Estados Unidos contra dicho programa en Irán.
En un intento por disuadir a los países para que no pongan en marcha sus propios programas de enriquecimiento de uranio, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) está considerando diversos mecanismos para asegurar a estos países que podrán obtener uranio enriquecido sin ningún tipo de interferencia política. Pero a aquellos países que utilizan energía nuclear les importan todos los aspectos relacionados con la gestión de riesgos en el suministro energético, no sólo los aspectos políticos presentes en la obtención del uranio enriquecido –que es una pequeña parte del coste total de construir y poner en marcha una planta nuclear-. Es más, a algunos países les podría preocupar que cualquier solución exclusivamente respaldada por la AIEA pudiese ser susceptible de recibir presiones políticas por parte de los miembros productores. Michel-Kerjan y Decker se entrevistaron con Knowledge@Wharton para discutir cómo su idea conseguiría despejar las preocupaciones de todos los países que necesitan un suministro fiable de uranio.
Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el tema general del artículo? ¿Por qué se necesita un plan como el vuestro?
Michel-Kerjan: Desde el punto de vista de los negocios, este estudio se centra en el futuro de los mercados energéticos, necesidades de las empresas y oportunidades de mercado reales. Desde el punto de vista de la política pública se centra en la seguridad internacional. Combinando los dos obtenemos varios retos que superar cuando se combinan los mercados energéticos y la seguridad; así pues, estamos hablando de gestión de riesgos. Como lo que nos interesa es la seguridad nuclear, se trata de gestionar eventos extremos en los mercados mundiales. Es fundamental dejar claro desde un principio que no se trata de pensamientos de académicos desde sus urnas de cristal: la expansión de la energía nuclear está ocurriendo mientras hablamos. En la actualidad están operando 435 plantas de energía nuclear en 30 países –entre ellas 103 en Estados Unidos, 59 en Francia, 55 en Japón y 31 en Rusia-. Pero otras 28 plantas más están en construcción, otras 64 están aprobadas y diversos países -como China o Sudáfrica-, han propuesto la construcción de otras 158 plantas. Estas cifras no incluyen las recientes manifestaciones al respecto de Arabia Saudí y el Consejo de Cooperación del Golfo.
El crecimiento de la población mundial y de la demanda energética per cápita de las próximas décadas supuestamente va a causar un incremento significativo en el uso energético mundial. Además, la creciente preocupación sobre el efecto de las energías basadas en hidrocarburos sobre el calentamiento global ha reavivado el interés en las fuentes energéticas alternativas, como la energía nuclear. Si tenemos esto presente, el resultado es que en los próximos años la demanda de uranio enriquecido aumentará enormemente. En consecuencia varios países están contemplando la posibilidad de construir sus propias plantas para enriquecer uranio en lugar de depender de un número limitado de suministradores extranjeros. Hasta este punto todo es correcto. El problema es que el mismo proceso utilizado para enriquecer uranio como combustible para producir electricidad puede emplearse para enriquecer el uranio y producir armas. Esto no es nada nuevo, pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos 20 o 30 años y la comunidad internacional está pensando cómo gestionar el mercado de energía nuclear. Da la sensación de que nosotros, como sociedad, hasta el momento no hemos sido capaces de resolver el problema empleando únicamente la diplomacia.
Decker: El pasado otoño asistí en Viena a la Conferencia Especial para celebrar el 50 Aniversario de la AIEA. El tema fue la seguridad en el suministro de combustible nuclear, y me di cuenta que entre los varios cientos de asistentes, sólo unos pocos eran hombres y mujeres de negocios. Además, ninguno de ellos pertenecía al mundo de los seguros o las finanzas. Así que envié un correo electrónico a Erwann desde la conferencia diciéndole que tenía que haber algún modo de estudiar el tema desde el punto de vista de los seguros.
Michel-Kerjan: Si, la sencilla idea que puso todo esto en marcha es la necesidad de involucrar a un nuevo e imprescindible socio: el sector privado en su sentido más amplio, incluyendo a lo que se ha convertido en el mayor sector del mundo, los seguros y las finanzas.
Los esfuerzos diplomáticos para limitar el deseo de los países de realizar por ellos mismos el proceso de enriquecimiento del uranio, tal y como se puede comprobar, no han funcionado. Es más, la diplomacia resultará cada vez más insuficiente a medida que la demanda de una mayor seguridad en el suministro de combustible haga que los países busquen una mayor autosuficiencia. De hecho, las plantas nucleares están preocupadas no sólo por la disponibilidad de uranio enriquecido, sino también por la fabricación y transporte del uranio a lo largo de todo el ciclo de generación de energía. Es necesario desarrollar soluciones complementarias a las propuestas hasta el momento.
Decker: Todo el mundo está buscando la seguridad energética a través de la independencia energética. Nosotros sugerimos conseguir la seguridad energética a través de la interdependencia energética. Nuestro plan puede aplicarse a cualquier mercado energético y podría ampliarse para cubrir cualquier tipo de interrupción en el suministro, no sólo las interferencias políticas en el suministro.
K@W: ¿Facilitaría de algún modo vuestro plan a los países la utilización de la energía nuclear con fines bélicos? ¿Cómo encajan Irán y Corea del Norte en este plan?
Michel-Kerjan: Si se admite que nuestro planteamiento limitaría la necesidad de algunos países de invertir en el proceso de enriquecimiento, entonces la propuesta debería limitar el potencial de esos países para desarrollar armas nucleares. Si este sistema se hubiese implementado antes, resulta obvio que Irán no habría tenido excusa alguna para hacer lo que hizo. Muchos países están ahora sopesando la posibilidad de construir plantas para enriquecer ellos mismos el uranio. No sólo estamos hablando de Irán y Corea del Norte.
Decker: A pesar de los altos costes de construcción y puesta en marcha de una planta habilitada para el enriquecimiento del uranio, algunos de los motivos aludidos por los que los países que enriquecen el uranio son el asegurar el suministro, o conseguir desarrollo tecnológico y prestigio. Ofrecer una seguridad efectiva en el suministro haría desaparecer la necesidad comercial de enriquecer el uranio a nivel local. Así, Irán y Corea del Norte no tendrían motivos comerciales para hacerlo. Sin la capacidad para enriquecer uranio, los países no pueden desarrollar el uranio enriquecido apto para crear armas.
Recientemente hemos visto como Rusia se retrasaba en el envío de combustible nuclear al reactor Bushehr en Irán. Si nuestro programa se hubiese implementado hace 15 años por ejemplo, no estaríamos en la posición actual, con Irán desarrollando su propia capacidad para enriquecer uranio. Independientemente de creación de bombas, es necesario contar con una fuente segura de combustible nuclear para los reactores. Ahora bien, si decimos a Irán que puede acceder a una fuente segura y que está asegurada a través de un tercero, y aún así Irán sigue adelante y desarrolla su capacidad para enriquecer uranio, algo que bien podría suceder, entonces sería evidente que aspira a construir bombas nucleares.
K@W: Describan, por favor, cómo pueden acceder en la actualidad al combustible nuclear los países que lo necesitan para sus reactores nucleares con fines no-armamentísticos. ¿Se compra y vende por los gobiernos como si se tratara de cualquier otro bien, aunque bajo una dura supervisión? ¿De quién adquieren las plantas nucleares en Estados Unidos y otros países industrializados el combustible?
Decker: La mayoría de los reactores nucleares utilizan como combustible uranio poco enriquecido. Este combustible se produce extrayendo, convirtiendo y enriqueciendo mineral de uranio, y luego transformándolo en barras de combustible nuclear. El combustible nuclear es adquirido por centrales que pueden ser privadas o propiedad del estado. Las plantas compran el uranio normalmente bajo contratos de largo plazo con empresas extractoras como Cameco en Canadá, y posteriormente adquieren los servicios de conversión, enriquecimiento y fabricación del combustible a varios proveedores. El uranio natural no se comercia como otros bienes, pero tal vez las cosas cambien a medida que los fondos especulativos de alto riesgo (hedge funds) sigan entrando en el mercado spot y contribuyendo a incrementar el volumen de intercambios. Existen plataformas comerciales pero no existe un mercado formal y aceptado. El comercio de uranio enriquecido es mínimo pero podría desarrollarse a través de contratos estandarizados. El envío obviamente está controlado y tiene que realizarse a plantas seguras.
Las restricciones sobre quién puede comprar materiales fisionables y su seguridad normalmente aparecen recogidas en acuerdos como la Convención sobre la protección física de materiales nucleares. Se han aprobado algunas medidas voluntarias, como por ejemplo el Código de Conducta sobre la seguridad tecnológica y física de las fuentes radiactivas o la Resolución 1540 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la cual obliga a los países a implementar algún sistema de control sobre los materiales nucleares para declarar ilegal la posesión personal y transferencia de estos materiales con fines ilícitos. Pero depende básicamente de cada estado implementar sus propias leyes y controles.
Los países sin armas nucleares que han firmado el Tratado de No Proliferación deben aprobar el acuerdo de salvaguarda de la AIEA, en el cual los países declaran sus actividades, que son verificadas por la AIEA con inspecciones de campo para asegurar que los materiales no han sido diferidos. Los cinco países con armas nucleares –China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos-, cuentan con salvaguardas voluntarias. Los inspectores de la AIEA cubren unas 900 instalaciones de 70 países, buscando básicamente uranio 234 y 233 y plutonio 239, que son los materiales fisionables.
Michel-Kerjan: No es posible comprar y vender combustible nuclear como si se tratase de un bien cualquiera. Incluso si se almacenase uranio poco enriquecido en una de las instalaciones, sería necesario enriquecer el combustible y transformarlo de manera específica para poder ser utilizado en determinado reactor nuclear. Hoy en día siete países enriquecen la mayoría del uranio suministrado: Estados Unidos, Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido y Países Bajos. Pero otros países sospechan sobre la posibilidad de que estos seis países coludan para mantener el poder de producción de combustible nuclear y así provocar determinados comportamientos.
K@W: ¿Qué significa "convertir y enriquecer" el uranio?
Decker: Cuando se extrae uranio, se muele para limpiarlo de otras sustancias. Luego se convierte en hexafluoruro de uranio. Normalmente ese uranio se almacena en forma gaseosa en contenedores. Algunos reactores utilizan uranio natural, lo cual significa que no es necesario enriquecer el hexafluoruro. Pero la mayoría de los reactores del mundo son reactores de agua ligera y necesitan uranio enriquecido. Esto implica incrementar el porcentaje de U-235 que contiene el uranio. Eso es lo que le convierte en fisionable. (Los materiales fisionables se consiguen con átomos que pueden ser separados en una reacción en cadena auto-sostenible para liberar energía). El uranio extraído de la mina normalmente sólo tiene el 0,7% de uranio-235. Para los reactores de agua ligera, se enriquecen las barras de combustible de hasta conseguir un 3-5% de U-235. El uranio para usos armamentísticos debe tener al menos un 20% de U-235; normalmente dicho porcentaje alcanza el 80 y 90%, pero a partir del 20% se considera significativo.
K@W: ¿En qué difiere su propuesta, y en qué es mejor, en comparación con otras ideas o propuestas formales sugeridas por otros expertos? ¿Han informado del plan a algún gobierno, asociación o empresa para su revisión? ¿Será publicado en una revista académica?
Michel-Kerjan: Nuestra intención no es proponer un plan "mejor". En la actualidad se están discutiendo varios planes en diversos países. Nosotros simplemente creemos que ninguno de ellos puede ser suficiente para resolver el problema, y que resulta imprescindible adoptar enfoques complementarios. Del mismo modo que no se puede llegar muy lejos en un coche con una sola rueda, este problema no se resolverá únicamente a través de la diplomacia o respuestas burocráticas. Nosotros sugerimos la participación del sector privado y específicamente de aquellos que toman sus decisiones cotidianas en entornos de riesgo: las aseguradoras y los expertos financieros.
El aspecto innovador de esta propuesta es que aúna dos mundos que raramente dialogan entre sí: el mundo de la seguridad internacional y el de los seguros-finanzas. Hasta donde nosotros conocemos, este enfoque nunca ha sido considerado con anterioridad. Proponemos que la aseguradora mutua cubra las pérdidas económicas en caso de que el negocio deba detenerse, es decir, no haya combustible en el reactor. Pero también proponemos la creación de un mercado de opciones y futuros que aumentará la liquidez del mercado de uranio. Es necesario señalar que durante muchos años el mercado spot de uranio ha permanecido muy bajo, comerciándose por debajo de 40 dólares por libra (llegando incluso a 20 dólares); pero esto ha cambiado radicalmente en los últimos 15 meses y el precio ha subido hasta 75 dólares en febrero de 2007 y superaba los 115 dólares a principios de abril de 2007. En nuestra opinión, tenemos por delante el desarrollo de un mercado que facilitará las compras y ventas de uranio.
Nuestra propuesta ha sido debatida informalmente con representantes de diversos gobiernos y sectores. Publicamos el libro blanco hace apenas un mes y ahora estamos recibiendo correos electrónicos y llamadas de todo el mundo para debatir los diferentes aspectos de la propuesta. Una vez lo hayamos revisado, lo enviaremos para su publicación. En el fondo lo que está en juego es la energía nuclear y la seguridad energética en un mundo cada vez más interdependiente.
Decker: Las revistas académicas suelen tardar mucho tiempo hasta publicar sus artículos. Queríamos que la idea viese la luz pública lo suficientemente rápido para poder ser debatida en el World Energy Congress, la AIEA y otros foros. La admirable promesa de Warren Buffett bajo la Nuclear Threat Initiative (Iniciativa ante la amenaza nuclear) de contribuir con 50 millones de dólares para el establecimiento por parte de la AIEA de algún tipo de banco de combustible nuclear ha llamado de nuevo la atención sobre el tema de la seguridad en los suministros de combustible. Para resolver el problema simplemente desearíamos poder contar también con la sabiduría del Sr. Buffet en el ámbito de los seguros.
K@W: ¿Están las empresas aseguradoras de algún modo presentes en la compra, envío y disponibilidad de combustible nuclear? En caso negativo, ¿por qué?
Michel-Kerjan: No del modo en que nosotros proponemos, ya que el mundo de la IAEA tiene muy pocas interacciones con Wall Street. Es más, nuestro concepto únicamente funcionaría si una masa crítica de aseguradoras y reaseguradoras, respaldadas por los gobiernos, se uniesen al proyecto. Cuando cuentas con una coalición de tres o cuatros líderes, es fácil llegar a cinco o seis, y cuando consigues seis, es posible tener 10, etc., lo cual es un efecto positivo. Tal vez una sola empresa no esté dispuesta a asumir el liderazgo en el proyecto si sus competidores no se unen al mismo. La existencia de una estructura global, un marco, es muy importante en este caso. Los riesgos globales generan grandes oportunidades, pero también necesitan coordinación global. Eso es precisamente lo que echamos de menos en la actualidad y lo que hemos propuesto.
Alguien también se podría preguntar cómo nuestra propuesta es diferente al sistema de puesta en común vigente en Estados Unidos para las plantas nucleares. El objetivo es muy diferente. Varios países que cuentan con centrales nucleares han establecido un sistema de cobertura para las potenciales víctimas de un accidente nuclear. En Estados Unidos la Ley Price-Anderson asegura que las empresas que tienen plantas nucleares serán financieramente responsables -a través de la mutualización de los riesgos-, si una de las plantas sufre un accidente. Por encima de determinado umbral de pérdidas económicas abonadas por las nucleares, empieza a pagar el gobierno federal. En nuestro caso, proponemos cobertura ante la posibilidad de no conseguir el combustible necesario para que haya plantas de energía nuclear operativas en estos países; eso es muy diferente.
K@W: ¿Qué incentivos financieros tienen las aseguradoras para apoyar su propuesta? Da la sensación de que asegurar la disponibilidad de uranio enriquecido supone un enorme riesgo.
Michel-Kerjan: Las primeras conversaciones que mantuvimos con las grandes aseguradoras y reaseguradoras fueron muy fructíferas, ya que si el capital expuesto está bien definido y limitado y participan en el proceso de fijación de precios a través de la cuantificación del riesgo y el proceso de indemnizaciones, su interés es real. La propuesta podría ser muy atractiva para muchas de ellas, por no mencionar los fondos especulativos de alto riesgo que buscan la diversificación de sus carteras.
Asimismo, creemos que van a estar activamente comprometidas en el desarrollo de soluciones desde el primer día. Creemos que si un número suficiente de ellas deciden participar, entonces otras se unirán, generando ese deseado efecto positivo. En este caso no sólo estamos hablando de una oportunidad de mercado sino también de la contribución del sector para crear un mundo mucho más seguro.
Decker: Hay que recordar que esto sería un mecanismo de seguros mutuos, por tanto los de la mutua estarían proporcionado su propia cobertura en primer lugar, y las aseguradoras y reaseguradoras proporcionarían respaldo adicional, y también los gobiernos.
K@W: ¿Qué países serían los más interesados en el tipo de seguro que proponen?
Decker: Países que no pueden contar con el respaldo de su red eléctrica. Si una planta de energía nuclear deja de funcionar en Estados Unidos, la red eléctrica es lo suficientemente grande como para acudir a otras fuentes durante algún tiempo. En países sin ese tipo de red eléctrica sería mucho más necesario. Creo que cualquier pequeño país que dependa de fuentes energéticas del exterior estaría interesado.
K@W: ¿Podría vuestro plan ser implementado por etapas a lo largo de varios años? ¿O es necesaria la participación de todos o casi todos los miembros de la AIEA para ponerlo en marcha? ¿Quién exactamente debería participar para que el plan funcionase?
Michel-Kerjan: Es una buena pregunta. De acuerdo con nuestra experiencia, si esperas para conseguir el acuerdo perfecto con todos los miembros de la AIEA –147 en la actualidad-, no tendremos nada en un futuro cercano. Sugeriríamos empezar con un grupo de empresas y países que estén interesados en el concepto y a partir de ahí seguir progresando. Se necesitan buenas dosis de innovación y de liderazgo. En la última parte del estudio subrayamos los pasos a seguir en los próximos 12 meses. Pasamos de las palabras a los conceptos; esperemos que los mercados y la comunidad internacional pasen de los conceptos a la acción.
Decker: Los países de la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico] se unieron como consecuencia de la crisis del petróleo de los 70 y formaron la Agencia Internacional de la Energía para atajar la seguridad energética, principalmente reduciendo el riesgo de shocks en la oferta de petróleo. Una crisis fue la causa de la coordinación. Esperemos no necesitar otro nuevo tipo de crisis para fomentar la coordinación internacional en el ámbito de la energía nuclear.
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