Alemania, el llamado enfermo de Europa, da signos de renovada vitalidad
No podría haber sido un mejor momento. En el mismo instante que Alemania asume la presidencia rotativa de la Unión Europea y del Grupo de los Ocho (G8), formado por los países más ricos del mundo y Rusia, el país experimenta un resurgir económico. Alemania sigue siendo un exportador formidable de productos al mundo entero, la tasa de desempleo se encuentra en niveles moderados y ni el reciente incremento de impuestos ha sido capaz de frenar la actividad económica como algunos temían.
Aún así, todavía hay muchas preguntas sobre si la recuperación es sostenible y si el país está preparado para enfrentarse a desafíos más duraderos, como el envejecimiento de la población y el declive de la tasa de natalidad, según profesores de Wharton y escuelas de negocios de Alemania, así como otros expertos.
Alemania sigue con problemas laborales que inhiben la flexibilidad de las empresas en un momento en que las presiones de la globalización son cada vez mayores. Además, la canciller Angela Merkel, cuyas decisiones son tomadas en el ámbito de la llamada “gran coalición”, en la que el partido de la oposición tiene gran influencia, sigue políticamente limitada para llevar a cabo el tipo de reformas económicas y laborales que desearía poner en práctica. De hecho, el mayor sindicato industrial del país está presionando para que se produzca un gran incremento salarial para millones de trabajadores.
Algunos economistas cuestionan también si Alemania no estaría dando una atención exagerada a las exportaciones como punta de lanza del crecimiento y si el sector formado por medianas y pequeñas empresas, conocido como el Mittelstand, contribuye tanto a la vitalidad económica del país, tal y como aseguran sus defensores.
Resurgir económico
“En 2005, Alemania era conocido como el enfermo de Europa, con tasas de desempleo muy altas y una débil demanda doméstica, cuyo único medio para crecer eran las exportaciones”, asegura Mauro F. Guillen, profesor de Gestión Internacional de Wharton. “La economía alemana ha pasado por problemas. En los últimos quince años, aproximadamente, ha crecido por debajo de otras economías europeas. La unificación (con la antigua Alemania oriental), en 1990, fue un gran shock”.
Después, las cosas empezaron a mejorar, pero no ocurrió de la noche a la mañana. Según Eurostat, la economía alemana- la mayor de Europa y la tercera mayor del mundo en PIB- creció 2,7% en 2006 y la tasa de desempleo cayó por debajo del 10% en octubre de 2006- hasta 9,5%- por primera vez desde 2002.
Jay Bryson, economista de Wachovia Bank, en Carolina del Norte, comenta que las exportaciones de Alemania empezaron a mostrar signos de crecimiento ya desde 2003, alcanzando tasas de crecimiento de cerca de dos dígitos en 2004 y han estado creciendo de forma continua a niveles elevados de un dígito desde principios de 2005. Al mismo tiempo, las inversiones en empresas, fábricas y equipamiento crecieron, contribuyendo al crecimiento del PIB.
“Las empresas alemanas han estado haciendo algunos ajustes estructurales en los últimos años, reduciendo costes y volviéndose más flexibles”, dice Bryson. “El índice DAX se ha doblado desde 2003, mientras que el Standard & Poor's 500 subió de 50% a 60% durante el mismo periodo. Las empresas alemanas están volviendo a ser lucrativas. Hoy en día también son más rentables, esto ha impulsado los gastos con inversión en el sector empresarial”.
Bryson estima que la tasa de crecimiento del PIB de Alemania se ralentizará un poco en 2007, llegando hasta el 2%. Parte de la previsible ralentización es atribuible al incremento del impuesto de valor añadido (IVA), que pasó de 16% hasta el 19% el 1 de enero. Los consumidores aumentaron el consumo durante las semanas anteriores a que se hiciera efectivo el incremento del IVA, lo que ayudó a que los minoristas tuvieran una temporada navideña de éxito, añade Bryson. Pero el gasto del consumo cayó en enero como muestra de la reducción del volumen de compras.
Otro factor que debería limitar el crecimiento del PIB en 2007 es el aumento de los tipos de interés de las trece naciones que usan el euro como moneda, conocida como la zona euro. El Banco Central Europeo “ha adoptado medidas restrictivas que, en nuestra opinión, debería afectar el consumo de bienes duraderos y el gasto de capital”, dice Bryson.
Para la zona euro en su conjunto, el crecimiento económico alcanzará el 2,4% en 2007, algo por debajo del 2,7% registrado en 2006, según las previsiones de la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la Unión Europea. El BCE también estima que el crecimiento económico de los 27 países miembros de la UE será de 2,7% en 2007, por debajo de los 2,9% en 2006.
Efectos del aumento del IVA
Jean-Michel Six, economista de Standard & Poor's, en Londres, señala que el aumento en tres puntos porcentuales del IVA en Alemania representaba una gran incertidumbre sobre el crecimiento de la economía en 2007- así como una apuesta por parte de Merkel de que el incremento no debería frenar demasiado la aceleración económica. “Al decidir el momento de esta subida sustancial, las autoridades alemanas apostaron por la solidez de la economía como un todo y en los niveles elevados de la confianza del consumidor, seguros de que estos valores persistirían después de un pequeño problema en el primer trimestre”, escribió Six en su informe del 19 de febrero.
Las primeras cifras apuntan hacia un incremento modesto del 1,6% del índice de precios en el comercio, sugiriendo que el efecto del incremento del IVA “fue, más bien, modesto”, explica Six. “Esto se debe, probablemente, a que los minoristas y los proveedores absorberán una parte importante del incremento del IVA”, escribió. “Parte de la absorción puede ser temporal, y el incremento del impuesto puede que se traslade a los consumidores en los próximos meses. Pero también es razonable asumir que todo el incremento no se refleje totalmente en los precios minoristas, lo que es una buena noticia tanto para la inflación como para los consumidores. Ante este escenario, el aumento de la demanda doméstica en Alemania experimentará una pausa en el primer trimestre de este año, antes de rebotar en la segunda parte del año y seguir con fuerza en 2008. Bajo estas circunstancias, parece razonable pensar que Angela Merkel acertó al apostar por el IVA”.
Michael Frenkel, rector de la Escuela de Negocios WHU-Otto Beisheim, en Vallendar, Alemania, asegura que las exportaciones no fueron la única razón por la que resurgió la economía alemana. “Ésta es una de las grandes cuestiones que más preocupan a los economistas de aquí”, señala Frenkel. A diferencia de en años anteriores, donde el crecimiento había sido una consecuencia de las exportaciones, ésta es la primera vez que la economía ha sido estimulada (en gran medida) por la demanda doméstica- en parte por el consumo y en parte por la inversión. La inversión ha aumentado debido a una perspectiva más optimista. Y por parte del consumidor, hay menos pesimismo acerca del mercado laboral; el desempleo está bajando”.
Frenkel se apresura a señalar que la actual tasa de desempleo dista mucho de considerarse aceptable y refleja el enorme desafío que ha supuesto integrar la antigua Alemania oriental en la economía del país. Frenkel es “relativamente optimista” y señala que el crecimiento económico será sostenible, una visión compartida por muchos analistas. En un informe sobre la economía europea, Jean-Philippe Cotis, economista jefe de la Organización para la Cooperación económica y el Desarrollo, ha dicho que el fuerte renacimiento de Alemania durará hasta bien entrado el 2008”.
Según Bryson, de Wachovia, si el crecimiento de Alemania se paraliza, no debería ser atribuido al consumidor, que dejó de gastar. “El talón de Aquiles de la economía alemana continúa siendo los gastos personales de consumo. En 2003, los gastos de consumo personal fueron 0,5% negativos. De acuerdo con los datos más recientes, relativos al tercer trimestre de 2006, los gastos apenas subirán el 0,8% en un año. Se trata de una cifra muy débil. En cierta manera, no sé si la expansión realmente se sustentará. Es verdaderamente necesario el gasto del consumidor. Si la actividad económica entra en declive en todo el mundo, no será bueno para Alemania”.
A corto plazo, Guillen, profesor de Wharton, advierte de que un posible fortalecimiento del euro pondrá presión al sector exportador de Alemania. Un euro más fuerte encarecería las exportaciones para los consumidores de EEUU y otros países cuyas monedas son débiles frente al euro. “La economía alemana no crece si las exportaciones no lo hacen”, dice Guillen. “Desde un punto de vista macroeconómico, un euro fuerte es un problema. Todo esto ocurre en un momento en el que el dólar está débil. Esta situación puede debilitar el ímpetu con que el PIB viene creciendo. Si hubiera tenido que escoger un problema posible en el próximo año –o dos o tres-, éste sería el escogido”, añade.
Mientras tanto, el Banco Central Europeo sigue preocupado de que la inflación se convierta en el problema principal de Alemania y del resto de Europa en 2007. En su reunión de enero, dejó los tipos en su máximo desde hace cinco años, al 3,5%, en toda la zona euro. En marzo, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, subió los tipos de interés otro cuarto de punto, situándolos en el 3,75%”. Los analistas esperan, sin embargo, que el BCE eleve el precio del dinero hasta el 4% en su encuentro de junio.
Una de las razones para la preocupación de inflación es que IG Metall, el mayor sindicato de la industria alemana, con 3,4 millones de asociados, ha dicho que intentará un incremento salarial del 6,5% este año. En 2006, IG Metall propuso un incremento del 5% y se conformó con el 3%, además de un pago de 400 dólares por trabajador. Six, economista de S&P, dice que los incrementos de productividad “probablemente permitirán” un incremento anual del 3,5% al 4% sobre los salarios antes el temor creciente de inflación.
“Un enorme desafío social”
Joerg Himmelreich, senior fellow de la oficina de Berlín del Fondo Marshall, de origen alemán, es uno de los que son un poco escépticos acerca de la fortaleza continuada de la economía a largo plazo. “Todavía tengo dudas de que esto sea sostenible”, dice. “En esta gran coalición, el gobierno alemán no fue realmente capaz de alcanzar compromisos y hacer progresos en los asuntos fundamentales como el sistema social de salud, de pensiones y de leyes laborales”.
Himmelreich señala que el desempleo supera el 10% en grandes áreas del este de Alemania, que todavía está luchando para integrarse totalmente a la locomotora alemana surgida después de la II Guerra Mundial. Muchas gente de esa región está “viviendo de subsidio social o como pensionistas, o como desempleados”, dice. “Se trata de una enorme carga social”.
Six está de acuerdo en que Alemania se enfrenta a un desafío a largo plazo para incentivar su potencial de crecimiento en medio de un cuadro demográfico desfavorable- una población envejecida acompañada de una baja tasa de fertilidad. Una parte de la solución, desde su punto de vista, es un mayor volumen de inversión empresarial”.
“Para aumentar el potencial de crecimiento de la economía, para situarla en su “limite de velocidad”- la mayor tasa posible de crecimiento del PIB sin provocar el sobrecalentamiento y, por tanto, tasas de inflación más elevadas- creo que es fundamental que haya un crecimiento sostenible”, escribe Six en un informe titulado “Previsión de crecimiento en Europa: Hacia un modelo de crecimiento más equilibrado para la economía alemana”. Esto es porque “un aumento sustancial de la inversión llevará a una expansión más acelerada del capital social y un correspondiente aumento también más significativo en las capacidades de producción. Aún así, después del crecimiento registrado a finales de 1990, el porcentaje de inversión en PIB (el índice de inversión) comenzó un marcado declive hasta el 17%, a principios de 2005, desde el 21% en 2000”.
Six también comenta que para incrementar la inversión, Alemania necesita contener los costes laborales. Además, un crecimiento menor en este tipo de costes probablemente reducirá la demanda doméstica. “Para escapar de lo que parece ser un círculo vicioso, y que lleva a la deflación (costes menores, precios más bajos y demanda menor), la única carta disponible sería el aumento de la participación en el mercado exterior y la reducción de la tasa de crecimiento de los costes con mano de obra durante el primer paso del proceso de expansión de la inversión”, escribe Six. Alemania ya consiguió incrementar su cuota de mercado en el exterior en sectores como el de maquinaria y equipamientos y construcción: el superávit comercial fue, de media, el 3,2% del PIB entre 1992 y 2002, pero alcanzó el 6% en 2003 y el 7% en 2005.
En general, la economía alemana probablemente deberá volver de forma gradual a un modelo de crecimiento más equilibrado, prevé Six. La inversión continuará creciendo y la demanda del consumidor se beneficiará de un volumen mayor de crecimiento de la renta disponible.
Saikat Chaudhuri, profesor de Gestión de Wharton, que creció en Alemania y trabajó para varias empresas allí antes de incorporarse a Wharton, dice que la recuperación económica es sostenible porque los alemanes se han dado cuenta de que las reformas de mercado deben de continuar a medida que el país intenta entenderse con las fuerzas de la globalización.
“Estamos asistiendo a negociaciones para cambiar las normas y las regulaciones de los sindicatos”, señala Chaudhuri. “Es un proceso lento, pero está impulsado por la creciente demanda mundial, especialmente de países asiáticos, y no está únicamente impulsada por los cambios ocurridos en las empresas alemanas. Es preciso que haya más reformas por parte de Alemania para conseguir realmente sacar provecho de los costes más bajos”.
El Mittelstand
Desde los primeros años del siglo XX, las pequeñas y medianas empresas alemanas, la mayoría de propiedad familiar, se han considerado la columna vertebral de la economía. Son conocidas como las Mittelstand, y no son solo importantes económicamente; su influencia es enorme sobre el psique alemán.
Chaudhuri asegura que estas pequeñas y medias empresas siguen siendo vitales para Alemania porque son proveedores clave de las grandes empresas alemanas, como los fabricantes de coches, firmas de ingeniería y para los consumidores. Pero las Mittelstand tienen que hacer frente a grandes desafíos.
“Este segmento de la economía ha estado luchando en el último año en busca de mayor solidez”, dice Chaudhuri. “Las grandes empresas como Siemens y Henkel han sido capaces de capitalizar los recursos globales y reducir costes fácilmente. Están presentes en todos los mercados, analizan la demanda y la oferta y saben sacar provecho de nuevos mercados. Pero las empresas de tamaño medio están experimentando muchas dificultades compitiendo con nuevos productos y servicios de otros países. El problema para esas empresas más pequeñas consiste en decidir si pretenden actuar en todos los mercados o si pretenden explorar nichos en los segmentos más sofisticados en los que han operado tradicionalmente”.
Adam Posen, senior fellow del Instituto Peterson de Economía Internacional, en Washington cree que Alemania tiene un cariño demasiado especial a los Mittelstand. “La mayoría de las personas dicen que estas empresas son maravillosas. Yo creo que son terribles”, dice Posen. “El argumento es que tienes empresas de tamaño pequeño y medio que no alcanzan economías de escala, son muy leales a los lugares donde se encuentran, son administradas por profesionales con muchos años en la casa y trabajan en colusión con políticos y bancos locales. No tienen que rendir cuentas a los accionistas porque no tienen acciones en bolsa, están cerradas a la consolidación y quieren permanecer abiertas independientemente de si el negocio tiene sentido o no”.
Posen considera que “en ningún caso estos negocios contribuyen de forma significativa a la economía alemana, y no hay estadísticas que muestren que éste sea el caso. Si estas empresas fueran vitales para la economía, serían altamente competitivas, creando trabajos y reduciendo el desempleo. Pero éste no parece ser el caso”, señala.
La creencia de que el Mittelstand es un motor económico “no pasa la prueba más elemental”, argumenta Posen. Además, añade que “tan solo se trata de un grupo de grupos de presión interesados en defender sus propios intereses, muy polémicos. Tomando como ejemplo la industria de máquinas operadoras- algunos son de calibre internacional- y dicen 'Somos todos geniales'. Aún así, que haya un alemán en la NBA no significa que todos los alemanes sean buenos jugadores de baloncesto”.
Posen tampoco está de acuerdo cuando evalúa la importancia de las exportaciones para Alemania, reconocida como la mayor nación exportadora del mundo, al argumentar que el país estaría mejor si no se fijase tanto en las exportaciones como motor del crecimiento. Además, explica sus puntos de vista en un trabajo de investigación del Instituto Peterson titulado “Exportweltmeister – (Campeón mundial de exportaciones)- ¿Y qué? Mejores metas para la política económica exterior”, basado en un libro que será publicado en breve titulado, Reforma y crecimiento en un país rico: Alemania.
“Durante más de cincuenta años, las exportaciones han sido el primer elemento impulsador del crecimiento de la economía alemana, y su promoción ha sido prácticamente la única preocupación de la política económica exterior alemana”, escribe Posen. “Este énfasis en las exportaciones ha persistido a través de periodos de éxito económico como, por ejemplo, en los años cincuenta y sesenta, y durante su declive económico, como en los últimos veinticinco años- lo que no permite asociar objetivamente las exportaciones a uno o a otro periodo”.
También añade que “la insistencia de Alemania en perseguir la competitividad con énfasis en sus exportaciones se convirtió, en la mejor de las hipótesis, en una distracción de los verdaderos problemas económicos del país y, cuando no, en una completa pérdida de esfuerzo que inducen a distorsiones internas. Ni la participación de las exportaciones de un país en el PIB, ni su posición relativa en las tablas mundiales de exportadores tienen un efecto positivo significante en su crecimiento económico o productividad”.
Una relación internacional
A medida que Alemania y otros países de la UE trabajan para mantener sanas sus economías, el Gobierno de Merkel ha puesto sus ojos en EEUU para establecer una relación comercial a largo plazo. En febrero, Matthias Wissmann, un miembro del partido de centro derecha Christian Democratic Union, aseguró que un mercado único trasatlántico entre la UE y EEUU podría abrir el camino para una apertura del comercio mundial. Merkel ha dicho que quiere utilizar la presidencia de seis meses en la UE, que empezó el 1 de enero, para armonizar las leyes de EEUU y la UE y los estándares para incentivar la inversión y el comercio en ambas direcciones.
“A largo plazo, un mercado trasatlántico podría ser una forma de abrir caminos y de fijar el ritmo para la apertura del comercio mundial que podría ampliarse” a la ronda de Doha de negociaciones comerciales globales de la Organización Mundial del Comercio, cuyo objetivo es la liberalización del comercio mundial, dice Wissmann, presidente del comité de asuntos europeos del parlamento alemán. Sin embargo, crear un único mercado EEUU- EU para inversores no fue concebido como un sustituto de las rondas de Doha. Wissmann aseguró que este acuerdo trasatlántico no se concretaría a expensas de otros países. Por el contrario, podría beneficiar tanto a las economías americanas y europeas, dando, al mismo tiempo, un ímpetu nuevo que aumentaría los flujos de inversión y el comercio en todo el mundo.
“No se trata de amurallar Europa. Queremos exactamente lo opuesto a lo que deseamos”, dijo Wissmann a la prensa, según una web del Gobierno alemán. Un mercado trasatlántico no serviría de obstáculo para la participación de otros países, pero actuaría como un imán para los inversores extranjeros, dijo, añadiendo que “ayudaría a la UE y a EEUU a prepararse para la difícil competencia procedente de los mercados asiáticos”.
En los próximos años, Alemania continuará enfrentándose a tremendos desafíos originados por la globalización. “Una cosa que Alemania todavía debería hacer, mientras se prepara para hacer frente a esos desafíos, es relajar la regulación de su sector servicios”, asegura Guillén.
“El sector servicios es una losa para el crecimiento”, comenta. “Alemania todavía se encuentra unos años por detrás de otros países en lo que concierne a la desregulación y las reformas estructurales. La electricidad, las comunicaciones, banca y finanzas- todos estos sectores todavía están muy regulados en Alemania y no se han actualizado. Esta es una de las principales prioridades de la agenda de Merkel. Hace 20 años, los bancos alemanes eran los mejores de Europa y del mundo. Hoy en día, ya no lo son. Se han quedado por detrás de los bancos holandeses, los americanos y, en muchos aspectos, de los españoles”.
Bryson, el economista de Wachovia Bank, considera que Alemania también debe reflexionar mucho sobre su tendencia al proteccionismo, especialmente entre los Mittelstand.
Alemania “es más proteccionista que EEUU y se resiste más a la globalización. Algunas empresas alemanas son líderes mundiales, en la industria del automóvil o en la producción de bienes de capitales. Pero las empresas pequeñas y medianas no van a ser líderes mundiales si usan su poder político para dificultar que el Gobierno alemán abrace la globalización a largo plazo. Esto no sería nada bueno para Alemania. Si con el tiempo te vuelves proteccionista, la teoría económica dice que tu estándar de vida no sube tanto como debiera”, concluye.
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