Las nuevas potencias económicas fuerzan un FMI más justo y eficaz
Estados Unidos y Europa eran los dos grandes núcleos de la economía mundial a mediados del Siglo XX. En este contexto, nació en el año 1945 el Fondo Monetario Internacional (FMI), que reflejó fielmente en su estructura y en su modo de funcionamiento esa realidad.
La situación económica mundial ha evolucionado con el paso de las décadas hasta tal punto que, en los primeros pasos del Siglo XXI, el mapa de la riqueza está dibujado por fronteras inimaginables para los creadores de este organismo. El rápido ascenso de algunos países asiáticos y latinoamericanos ha dejado obsoletas las normas de un juego en el que China, India, México o Turquía quieren participar de forma más activa.
La dirección del organismo y los 184 países asociados están de acuerdo en que, tras cinco años sin crisis sistémicas que apagar y con las arcas institucionales a rebosar por falta de actividad, se presenta una oportunidad "única e inmejorable" para abordar una reforma de calado.
Reparto de poder
Cada país miembro del FMI tiene asignado una cuota que mide su poder de voto para tomar decisiones dentro del organismo, el tope de recursos financieros que está obligado a suministrar al FMI y los fondos que pueden pedir prestados en caso de crisis.
Actualmente, la cuota de cada país viene determina de manera que refleje básicamente su situación económica en relación con la de los demás miembros. Para modificar su cuota, se consideran varios factores económicos, entre ellos el Producto Interior Bruto (PIB), las transacciones en cuenta corriente y las reservas oficiales.
En la actualidad, el FMI está dominado por Estados Unidos, Europa y Japón. Washington tiene poder de veto, con una cuota del 17,4%, seguido por Japón, con un 6,2%, Alemania, Francia y Gran Bretaña.
La economía de China, que dobla el tamaño de la suma de Bélgica y Holanda, tiene un poder de voto de un 2,98%, que es similar al que tienen individualmente los dos países europeos, con un 2,13% y un 2,38%, respectivamente. Pero este problema de subrepresentación no se limita a China; se extiende por la mayoría de regiones que han crecido con fuerza en los últimos años como Asia, Oriente Medio, Latinoamérica e incluso a España, que con un poder de voto del 1,41% del total, está muy lejos de lo que su peso económico hoy en día dictaría. Por ejemplo, Suiza, cuya economía es prácticamente la mitad que la española, tiene un poder de voto mayor, del 1,6%.
Para los expertos, el problema resulta obvio: la estructura del FMI refleja un mundo económico que hoy ya no existe. La distribución de los votos tiene que cambiar, para reflejar que países como Brasil, India, China y otras economías han dado un salto de gigante en las últimas décadas. “Si la voz de aquellos países infra representados, y cuyas economías se están desarrollando de forma muy rápida, no está adecuadamente reflejada, el FMI no podrá mantener su credibilidad y legitimidad”, ha advertido recientemente el ministro de Finanzas nipón, Sadakazu Tanigaki.
En opinión de Mauro Guillén, profesor de Wharton, “EEUU y Europa tienen que perder algo de poder puesto que su posición dominante en la economía global hace 50 años ya no es la misma hoy. España debería ganar cuota, sobre todo por su mayor protagonismo como inversor”.
Legitimidad
Hugo Macías Cardona, de la Universidad de Medellín (Colombia) e integrante de la Red Ecolatín, coincide con la opinión de Guillén y considera que la cesión de poder por parte de las grandes potencias es una obligación si se quiere mantener viva la institución. “Es una necesidad compartir un poco del poder que los europeos tienen en el Fondo, básicamente porque varios países se han independizado cancelando sus deudas, provocando no solo que se deslegitime la institución, sino generándole debilitamiento financiero”.
Macías cree que “para rescatar la institución, no queda más que ceder un poco de poder, otorgándoselo a quienes se han distanciado de la institución por su falta de credibilidad”. Y advierte: “Si Estados Unidos y Europa no lograran seducir a quienes se han distanciado, se pondría en grave riesgo el futuro de la institución”.
El director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, es consciente de la situación y en una reciente entrevista con Financial Times ha asegurado que hay un acuerdo entre los 184 miembros del organismo para afrontar dos problemas: reflejar los “cambios del peso de los países” y mantener “la representación de economías más pobres”.
Rato ha explicado que espera recibir un mandato claro del organismo para implementar un plan de reformas en dos fases, que espera esté terminado en dos años. Los detalles del plan, que son confidenciales, ya han sido presentados al Consejo Ejecutivo del organismo. El acuerdo para la primera fase de esa reforma ya ha llegado. Se trata de un incremento modesto de la cuota o peso del voto de China, Corea del Sur, Turquía y México, que son los países que están peor representados en función de su potencia económica.
En el seno del FMI existe consenso sobre que la actual fórmula de reparto de poder no es satisfactoria y debe ser simplificada, sin embargo, no hay acuerdo respecto al sistema en el que debe basarse el peso de cada país. La mayoría de los miembros apoya que la nueva metodología esté basada en el PIB y la apertura de cada economía, quizá con la suma de otros factores.
Fórmulas
Estados Unidos está presionando para que la nueva fórmula que determine la cuota de cada país tenga en cuenta de forma “predominante” el tamaño de cada economía. Así, el peso relativo de los países asiáticos aumentaría a costa de varios pequeños países europeos. Éstos, por su parte, argumentan que la cuota no debe basarse únicamente en el tamaño del PIB, y critican a Estados Unidos por tratar de mantener un peso suficiente en el organismo como para vetar las decisiones clave.
El Banco Central de Alemania (Bundesbank) no es partidario de ceder capital y derechos de voto en el FMI a los países en desarrollo de forma precipitada. "Debemos encontrar una solución que sea transparente y coincida con una representación justa a todos los países del FMI", ha declarado el presidente del Bundesbank, Axel Weber. “Por ello, los socios de la UE no deben poner a disposición de los demás las pretensiones de otros países de forma anticipada”, ha explicado el presidente del supervisor germano al diario Handelsblatt.
Berlín quiere que sean el PIB y el grado de apertura de una economía las variables decisivas para calcular la cuota de cada nación, en detrimento de las reservas de divisas. De esta forma, países como Alemania, España e Irlanda estarían infrarrepresentados en el organismo internacional.
Guillén es partidario de que la variable que mida el peso de los países “sea una ponderación de varios factores: tamaño de la economía, potencia exportadora, inversión en el exterior, y solidez del sistema financiero”.
Lejos de hablar de indicadores de riqueza, Macías apuesta por “crear una organización de países en desarrollo que representara los intereses de estos miembros y que tuviera un real poder de negociación dentro del Fondo; allí podrían participar tanto los países latinoamericanos, como los africanos e incluso algunos de Asia”.
Para este profesor de la Universidad de Medellín, “lo más importante es que los países asuman posiciones regionales, que sean aisladas; allí América Latina debe realizar esfuerzos por participar de manera unificada, para salirle al paso a los errores sistemáticos cometidos por el Fondo”.
Comité ejecutivo
Los puestos en el comité ejecutivo de la institución serán también motivo de discusión dentro de la reforma. Los países de la UE ocupan ocho de los 24 asientos disponibles pero podría llegar a acaparar hasta nueve: los asignados en propiedad a Alemania, Reino Unido y Francia, más los de representación permanente que ostentan Bélgica, Italia, Holanda, los nórdicos y Suiza. A estas ocho naciones se uniría España en noviembre cuando recoja el testigo de México o Venezuela, con quienes comparte de forma rotatoria un puesto.
En esta cuestión, Washington aboga porque los estados europeos renuncien a algún sillón o que incluso la zona euro esté representada conjuntamente en el FMI, algo que parece poco probable porque implicaría que Francia, Alemania e Italia cedieran poder. Ya se han oído algunas voces en contra de estas medidas con el argumento de que para ello, Europa tendría que tener una integración política mucho más fuerte.
Pero más allá de las discusiones sobre el reparto del poder decisorio y de la organización de los órganos que confieren su estructura, el FMI se enfrenta también a una reforma de su misma esencia. Debe analizar cual es su papel actual en el sistema financiero internacional.
El profesor Guillén subraya que los principales objetivos de la reforma del FMI deben ser “corregir el desequilibrio en términos del peso de los países, pero también hacer que la institución se concentre en su misión clave, que es la de facilitar los problemas de pagos internacionales y los desequilibrios de balanzas de pagos”.
Hoy, la función del FMI de prestamista para los mercados emergentes ha quedado relegada a un segundo plano, como consecuencia del aumento de los flujos privados de capital y del crecimiento de las reservas de los bancos centrales, sobre todo en Asia. Rato ya ha apuntado que la principal tarea del Fondo consiste en supervisar, no en conceder préstamos.
“El principal objetivo de la reforma del FMI debe ser recuperar su legitimidad, que está seriamente lesionada especialmente en los países en desarrollo. Esta institución, creada durante las negociaciones para dar fin a la segunda guerra mundial, está en un momento clave para reestructurarse, para redefinirse, mucho ha cambiado desde su creación”, señala Macías.
Funciones
Las propuestas que están sobre la mesa apuestan por que el organismo realice una supervisión "multilateral" de aquellos problemas "sistémicos" con un impacto regional o mundial. Al mismo tiempo, que efectúe una vigilancia del impacto que las políticas económicas nacionales de los grandes países tienen en la economía mundial, y que ponga el énfasis en las políticas de tipo de cambio, para comprobar su "consistencia" con la estabilidad económica mundial.
El profesor de la universidad de Medellín explica que “hoy el principal problema global, es la enorme concentración del ingreso y allí deberían estar los programas bandera del Fondo Monetario Internacional”. “La institución -añade Macías- debe consultar más las realidades locales de los países donde establece sus programas, de manera que pueda tener una mayor probabilidad de éxito en los mismos. Son abundantes los ejemplos en los cuales los programas del FMI no solamente no han logrado los objetivos propuestos sino que han deteriorado, en algunos casos de manera grave, otros subsistemas de la economía local. Además, el FMI debe garantizar un ambiente externo previsible para las economías en vías de desarrollo”.
No será después de la cumbre de Singapur –días 19 y 20 de septiembre- cuando comenzarán los trabajos para el diseño del “nuevo” FMI y la más equitativa fórmula de reparto de cuotas. Rato ha advertido que no se debe esperar para la cita de Singapur ningún avance significativo en la resolución de los desequilibrios económicos internacionales como resultado del nuevo proceso de consultas multilaterales que el FMI puso en marcha en marzo.
El proceso de consultas, según Rato, todavía se encuentra en su fase inicial. El FMI recientemente completó una primera ronda de contactos bilaterales con Estados Unidos, China, la zona del euro y Arabia Saudí, y pronto comenzará las consultas en grupo. Se espera que las discusiones multilaterales se cierren a finales de este año. “Hablaremos de ello en la reunión del FMI de marzo de 2007”, ha informado el ex ministro de Economía español.
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