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El voto dividido en México y su impacto en el crecimiento económico sostenible

Los 41 millones de mexicanos que acudieron a las urnas el 2 de julio debían decidir si seguían con el modelo de libre mercado, límite de gasto y mayor inversión extranjera del último sexenio u optaban por cambiar de modelo económico. El delfín político de Vicente Fox, el conservador Felipe Calderón del Partido de Acción Nacional (PAN), era el candidato del continuismo y el libre mercado, mientras que Andrés Manuel López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) era el candidato del cambio.

 

Con López Obrador, explica Enrique de la Garza Toledo, Coordinador de la Maestría y Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de México, “se rechaza la lógica de dejar solo al libre mercado y se piensa que el Estado es importante. Se critica el modelo y cómo ha funcionado hasta ahora, ya que no se han logrado tasas estables de crecimiento económico, ni un descenso apreciable de la pobreza, y que es necesario un cambio de modelo con una mayor intervención del Estado”.

 

Recuento electoral de infarto

El país estaba dividido en torno a ambas opciones. Las encuestas previas a los comicios daban un empate entre los dos principales candidatos, una igualdad que se ratificó cuando, después de las elecciones, el IFE (Instituto Federal Electoral) hizo públicos los primeros resultados que otorgaban a Calderón una ligera ventaja, de apenas un punto porcentual (36,38% frente a 35,34%). La polémica estaba servida: el empate técnico obligaba a realizar el recuento de las más de 130.000 mesas del país. López Obrador no dudaba en criticar abiertamente al IFE por haber escrutado en tan sólo 24 horas la votación del 2 de julio y, por último, ambos candidatos se proclamaron vencedores, confirmando con este gesto que México tenía por delante un recuento electoral de infarto.

 

A lo largo del recuento, los resultados daban un vuelco a favor del candidato izquierdista, que durante 20 horas obtenía una ligera ventaja sobre Calderón. Este cambio de tendencia hacia caer el peso y la bolsa mexicana, que había celebrado en las jornadas previas el posible triunfo de Calderón, el claro favorito de los mercados financieros y el sector empresarial.

 

Sin embargo, la balanza se inclinó definitivamente hacia el lado de Calderón, que el 6 de julio, cuatro días después del referéndum, era declarado oficialmente el ganador por apenas un puñado de votos, 236.000. López Obrador respondió anunciando la impugnación del resultado y la exigencia de un recuento voto a voto de las urnas debido a las muchas irregularidades que, en su opinión, se produjeron antes, durante y después de la jornada electoral. El Tribunal Electoral mexicano puede recibir impugnaciones en un plazo de cuatro días y tiene hasta el 31 de agosto para resolverlas y hasta el 6 de septiembre para declarar al presidente electo del país.

 

Débil legitimidad de origen

La mayoría de los analistas coinciden en señalar que un resultado tan ajustado no beneficia a nadie y mucho menos a la consolidación de una democracia que, en 2000, terminó con la hegemonía política de más de setenta años del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Aunque los observadores internacionales aseguraron que las elecciones transcurrieron con total normalidad, muchos mexicanos piensan que han sido fraudulentas. De la Garza explica que “existen dudas sobre la imparcialidad del IFE, sobre la manera en que se realiza el proceso electoral, el papel que han jugado las televisiones, el tipo de campaña de descalificaciones y en la que no se hablaba del programa, sino de aspectos personales (acusaciones de corrupción, etc.). Todavía no se puede hablar de un sistema tan libre y democrático, y hay factores que inclinan la balanza más hacía un lado que a otro”.

 

Por eso, días antes de que el resultado final se hiciera oficial, De la Garza afirmaba: “va a ganar Calderón, aunque dudo que ocurra limpiamente”. Según explica, el aparato de Estado mexicano acostumbra a pesar mucho en los resultados. En este caso, dice, “el aparato estatal esperaba un resultado contundente a favor de Calderón y no fue así. Ésa es la sorpresa, que Calderón no haya ganado de forma contundente. En el mejor de los casos sólo va a ganar por un 1% de votos. Esa diferencia va a dejar muchas dudas acerca de la legitimidad de la elección”. ¿Cómo afectará esto al próximo presidente y su Gobierno?, se pregunta. “Un sector de la población, un tercio más o menos, no se va a sentir satisfecho con el resultado”. Por eso, De la Garza cree que al vencedor no le queda más remedio que tender puentes hacia los rivales para reconstruir la unidad nacional. “Tal vez nunca sepamos realmente quien ganó estas elecciones. Ninguna fuerza política tiene clara mayoría. Lo más sano sería tener en cuenta a la otra parte, que es muy fuerte”.

 

Sin embargo, para Carlos Malamud, Investigador Principal de Área de América Latina del Real Instituto Elcano, no existe ninguna duda de que el sistema electoral ha funcionado a la perfección, de forma transparente y eficaz. Más allá de todas las dudas que puedan existir, dice, “lo sintomático y curioso es que tanto el conteo rápido de 7.000 mesas, como el PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares, un análisis previo de las actas tras el cierre de las mesas) han arrojado resultados similares. Lo cual quiere decir que la tendencia estaba expresada claramente desde el principio”. En su opinión, dada la exigua diferencia entre el primer y el segundo candidato, “existe una débil legitimidad de origen para Calderón, sobre todo con las denuncias de fraude por parte de la oposición”.

 

Por eso, Malamud coincide con De la Garza en que es posible que el ofrecimiento realizado por Calderón de crear un Gobierno de concertación pueda ser una buena solución a la polarización política. Aunque en su opinión, “lo que se va a imponer finalmente es una negociación entre los distintos grupos parlamentarios, el PAN y el PRI, para impulsar alguna de las reformas más importantes que necesita el país”. Esta alianza sería cuestionable por parte del electorado, ya que el PAN llegó hace seis años al poder con la intención de acabar con el PRI, un partido que había monopolizado el Gobierno durante décadas.

 

Rafael Pampillón, investigador de asuntos latinoamericanos del Instituto de Empresa, en Madrid, advertía en un foro del periódico español Expansión, que una negociación con el PRI no resultará fácil. A pesar de ello, Pampillón cree que la negociación es necesaria “para no tener el país dividido y paralizado. Durante el mandato de Fox un Congreso totalmente dividido impidió hacer las reformas necesarias para aumentar los recursos fiscales e impulsar el crecimiento económico. Calderón, si quiere gobernar, debe dar continuidad a las políticas de estabilidad aplicadas por los dos gobiernos anteriores, pero también negociar con el PRI para que se hagan las reformas”.

 

Pobreza y trabajo, principales asignaturas pendientes

Calderón heredará un país con una economía relativamente sana, que en el primer trimestre ha crecido un 5,5%, y con el precio del petróleo, una de las principales fuentes de recursos del país, por las nubes. No obstante, tendrá que hacer frente a los males endémicos de México: pobreza y trabajo.

 

El principal desafío para el futuro presidente, explica De la Garza, es lograr un crecimiento más estable de la economía para conseguir generar empleos dignos. En las cifras oficiales, dice, “hay mucha trampa. En México no hay seguro de desempleo, por eso estas cifras son siempre muy bajas, en torno al 2,5%, muy diferentes a las registradas, por ejemplo, en Europa. El problema es que la gente inventa ocupaciones precarias y aparecen como no desempleados”. Para erradicar el problema, el profesor de la UAM apunta como única solución el incremento muy elevado y estable de la economía, “porque en México lo que ocurre es que, a veces, los crecimientos son muy elevados y luego se producen grandes caídas”.

 

El problema del desempleo está muy vinculado al de la pobreza, “que actualmente se sitúa en torno al 50%, aunque es una pobreza no extrema”, puntualiza De la Garza. Hoy en día, explica, proporcionar empleos dignos a ese 50% no es algo que se pueda lograr a corto plazo. Durante la campaña de Calderón, dice, “uno de los eslóganes que utilizaba era el candidato del empleo. Sin embargo, no quedó claro cómo conseguiría incentivarlo. Las propuestas de López Obrador tampoco fueron convincentes”.

 

Las iniciativas de los candidatos para reducir la pobreza, que abarca aspectos como el desempleo, los servicios públicos, la vivienda, consistieron básicamente en ampliar los programas de asistencia social para los pobres, explica De la Garza. López Obrador, dice, “ya había creado un subsidio para la tercera edad en el DF (Distrito Federal)”, en su etapa de alcalde de la capital mexicana. Por otra parte, señala que “Fox ya había puesto en marcha otros programas de este tipo avalados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional”.

 

Las reformas y el continuismo

En el apartado de reformas, Calderón tendrá que hacer frente a las reformas pendientes: energética, fiscal y laboral, comenta Pampillón. En su opinión, “las dos últimas son las más necesarias. La reforma fiscal es imprescindible para aumentar los ingresos públicos y el gasto social. Este gasto debería dirigirse hacia las zonas más pobres, mejorando así la distribución de la renta, la educación y la seguridad ciudadana”. La reforma laboral, dice, “ayudará a que se evite la fuerte emigración”.

 

El PAN y el PRI, señala el profesor del IE, “están de acuerdo en que hay que diversificar aun más las exportaciones mexicanas, así como el destino de las mismas (buscar nuevos mercados para no depender tanto de EE.UU). China también está representando una importante amenaza para México, especialmente al sector de la manufactura. Quizá el Banco Central de México debería comprar más dólares en el mercado (tal como hace el Banco Central de China), evitando así la apreciación del peso”.

 

Malamud coincide con Pampillón en la importancia de la reforma del sector energético. Uno de los pilares sobre los que se ha construido el México moderno, dice, “es la empresa de petróleos estatales, PEMEX, que necesita ser reestructurado. Al mismo tiempo hay que legislar en torno a cómo se permite la liberalización del sector. Éste es un punto bastante importante en el que los políticos mexicanos tendrán que intervenir”.

 

En cuanto a las relaciones con EEUU, con quien México comparte 3.200 kilómetros de fronteras y a donde han emigrado cerca de veinte millones de mexicanos, la victoria de Calderón hace presagiar una política de continuismo. En opinión de De la Garza, esto último no beneficiará a los agricultores mexicanos, que en un futuro cercano tendrán que enfrentarse a la apertura total del sector, tal y como contempla el NAFTA, el tratado de libre comercio que México tiene con EEUU y Canadá. Cuando se produzca la apertura, dice, “los productos estadounidenses van a barrer con el sector porque su productividad es varias veces más alta, porque los agricultores norteamericanos reciben subsidios por parte del gobierno y los campesinos, que son la parte más débil en México, cuentan con menor tecnología y menor productividad”.

 

En opinión del profesor mexicano, “el Gobierno de Fox fue muy dócil desde el punto de vista de sus relaciones con EEUU. Mostró su apoyo en muchos eventos en los últimos cinco años esperando recibir a cambio un trato preferente, cosa que no ocurrió. Sobre todo en un asunto que preocupa mucho a México, como es el de la inmigración”. Según explica, con Calderón en el poder, la tendencia será la misma.

 

Efectivamente, no hay mucha diferencia entre la visión política y económica de Fox y Calderón. “Son bastante parecidas”, dice Pampillón. “Calderón es un político joven (43 años), Fox no. Eso le da a Calderón más vitalidad y energía (que a Fox) para gobernar y para sacar las reformas adelante. Fox fue incapaz de pactar con el PRI y Calderón lo hará. Entre otras cosas, por que ahora el PRI es la tercera fuerza política y en la época de Fox era la segunda. Pero ambos presidentes son correctos (muy educados), de trato fácil, conservadores y con un perfil promercado y a favor de la iniciativa empresarial, señala”.

 

Tal y como dice Pampillón, “las empresas españolas que operan en México están muy tranquilas con el triunfo de Felipe Calderón sobre López Obrador, tanto los bancos, como las constructoras y las energéticas (Repsol)”. Por el contrario, comenta que el sector empresarial estaría muy intranquilo si López Obrador hubiera ganado las elecciones, “ya que aplicaría una preocupante política de revisión de contratos (tipo Hugo Chávez y Evo Morales) e intervención de tarifas (tipo Néstor Kirchner). La sombra del populismo planea en América Latina. Y ¿Después de seis años de Felipe Calderón vendrá López Obrador? Es una posibilidad que hay que plantearse”, concluye.


Publicado el: 12/07/2006


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