A la búsqueda de un Nuevo Mundo en las exportaciones
América Latina se ha convertido en el eterno candidato a liderar la economía mundial por su riqueza en recursos naturales y su amplía población. Pero nunca ha pasado de ser un aspirante que jamás ha llegado al destino que la historia parecía haberle reservado.
Hoy soplan vientos favorables para las economías latinoamericanas, aunque su ritmo de desarrollo sigue siendo muy inferior al de otras zonas emergentes como el Sudeste Asiático. La elevada liquidez de los mercados internacionales y los altos precios de materias primas que estos países exportan, como el petróleo, han contribuido a que la región alcanzase en 2005 un crecimiento del 4,3% del PIB. El año pasado fue el tercer ejercicio consecutivo de crecimiento y se estima que en éste también siga creciendo alrededor de un 4,1%. No obstante, Sudamérica y el Caribe están prosperando más que Centroamérica.
La combinación de la expansión, la llegada de remesas de los emigrantes, el volumen de las exportaciones y las condiciones favorables de intercambio comercial han contribuido a generar algo novedoso en la región: un superávit creciente en la balanza de pagos, que el año pasado se situó en el 1,3% del PIB. Los gobiernos están aprovechando los excedentes para recortar la deuda y sanear las cuentas públicas de manera más acelerada que en los países industrializados.
Los episodios de hiperinflación de las décadas pasadas han obligado a un control de los precios más fuerte, que se han mantenido en el 6% del PIB. Sin embargo, la apreciación de las monedas latinoamericanas ha comenzado a preocupar a los dirigentes por si, a largo plazo, se convierte en un obstáculo a la competitividad.
En este contexto, las grandes potencias están incrementando su interés por potenciar los intercambios comerciales con Latinoamérica, un mercado creciente donde colocar sus exportaciones e intentar nivelar sus deficitarias balanzas comerciales, en muchas ocasiones.
La cercanía geográfica manda
Por el momento, las relaciones comerciales de Latinoamérica se rigen por la cercanía geográfica. La mitad de los intercambios se producen con Estados Unidos, un 13% con la Unión Europea (UE), un 4% con Japón y un 3% con China.
“La cercanía geográfica, la historia, la proximidad, la cultura y el tiempo que llevan trabajando esos mercados son las claves del éxito de Estados Unidos en América Latina”, explica Luis de Sebastián, Catedrático de Economía de ESADE, quien a su vez considera que la situación europea no es mejor en este sentido porque “se ha preocupado poco” por el mercado sudamericano.
Juan Carlos Martínez, profesor de economía del Instituto de Empresa, señala a otro factor clave para explicar la situación de privilegio de EEUU. “Los países latinoamericanos comercian muy poco entre sí, todo lo contrario que ocurre en otras zonas como en Europa o Asia. Tan sólo el 15% de los intercambios comerciales los realizan con sus vecinos, lo que ha favorecido a EEUU que por cercanía e influencia ha sabido aprovechar esta situación”.
Los expertos afirman que este reparto del mercado de los productos foráneos en América Latina también está marcado por otros factores como el de la inversión directa. Existe más interés, sobre todo entre las empresas europeas, en producir allí en lugar de exportar sus productos. “También hay que considerar, cuando hablamos de relaciones comerciales este tipo de intercambio”, puntualiza De Sebastián.
Uno de los mejores ejemplos para explicar esta situación es España. A pesar de ser el tercer país del mundo en inversión en América Latina, sólo superado por Estados Unidos y Holanda, según los datos de 2005 del último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), tan sólo un 4,7% de sus exportaciones se dirigen al continente suramericano. "Exportamos el doble a Portugal que a todo América Latina", recuerda el director general de Promoción del ICEX, Pedro Moriyón, quien apunta otro dato preocupante: "en los últimos tres años, el déficit comercial con esta región se ha multiplicado por cinco".
La tendencia actual es que Estados Unidos está reduciendo ligeramente su peso relativo en el mercado suramericano, mientras que China es el socio que más se está fortaleciendo.
Claves para ganar peso en la región
Juan Carlos Martínez considera que Asia “comienza a preocuparse” por el mercado suramericano. “A China le interesa crear alianzas comerciales fuertes con esta zona del mundo porque necesita sus materas primas y, a su vez, los países latinoamericanos ven como los productos chinos son una buena oportunidad porque son baratos”, explica.
“China tiene una política comercial muy agresiva pero hay que tener en cuenta que este gigante asiático está comprando mucho a Sudamérica; está adquiriendo soja en grandes cantidades, petróleo, minerales... Y a la vez vende sus productos los suyos. Tiene una presencia mucho más fuerte de lo que parece”, comenta De Sebastián.
Y es que para este profesor de ESADE, esta es una de las claves para que las exportaciones de las grandes potencias económicas se abran hueco en este mercado. Para Sebastián, “tiene que haber una reciprocidad, no sólo es cuestión de vender, también hay que comprar”.
Luis Fernando Agudelo, profesor la Universidad de Medellín (Colombia), considera la esencia del éxito en el ingreso a Suramérica “la homogeneidad de los idiomas (portugués y español) y algunos rasgos culturales”. Pero al mismo tiempo señala como un punto importante “el reconocimiento de las diferencias, regulaciones y gustos de cada país, así como la detección de nichos de mercado que tengan gran aceptación nacional ó posibilidades de crecimiento”. “A pesar de la aparente homogeneidad cultural, los suramericanos valoran mucho el reconocimiento de las diferencias nacionales, y las diferencias regionales dentro de los países”, puntualiza.
Los casos de Chile y México
Las grandes potencias están intentando reforzar, en algunos casos, ampliar, en otros, su presencia en América Latina mediante la firma de tratados comerciales. Estados Unidos el que más acuerdos de este tipo ha alcanzado con sus vecinos del sur, está negociando tratados de libre comercio con varios países; Japón y México han firmado un acuerdo, así como Chile y Corea del Sur. La Unión Europea negocia con Mercosur.
Un buen ejemplo del éxito de este camino es Chile que, junto a México, uno de los países que está sacando partido al tratado de libre comercio que mantiene con la Unión Europea: desde su entrada en vigor en 2003, el intercambio entre ambos países ha aumentado cerca de un 100%.
Pero este pequeño mercado sudamericano de dieciséis millones de habitantes ha firmado otros cincuenta acuerdos internacionales más, lo que le convierte en el país con mayor apertura económica de la región. El objetivo del Gobierno de Michelle Bachelet es convertir al país en "una plataforma de exportaciones al resto del mundo", según la representante de Prochile en España, Patricia Braniff.
Martínez cree que los acuerdos comerciales son el camino a seguir por las grandes potencias para que sus exportaciones encuentren un sitio en Sudamérica. “Son fundamentales ya que con ellos los países latinos resuelven el problema de la falta de comercio que siempre han tenido. El ejemplo a seguir ha sido el tratado de libre comercio entre México, EEUU y Canadá, ya que los países latinoamericanos han visto los beneficios que ha traído a México, cuya balanza comercial con los estadounidenses es de superávit, cuando se esperaba que ocurriría todo lo contrario”.
De Sebastián advierte que “los tratados no crean comercio, lo que hacen, generalmente, es accionar e intensificar el que ya existe, porque si no hay un intercambio comercial anterior no vas a crear flujo de mercancías por muchos acuerdos bilaterales que tu alcances”. Este catedrático de economía considera que “con tratados y sin ellos se puede exportar” y que cuando hay productos, mercados iniciativas empresariales y buenas redes de distribución en el país de destino, entonces el acuerdo “facilita” el funcionamiento de toda esta ‘maquinaria’.
Los obstáculos
Los productos de las grandes potencias encuentran un importante número de obstáculos a los que tienen que enfrentarse cuando desembarcan en los países latinoamericanos. “Las principales dificultades a las que se enfrentan los agentes económicos que quieren vender sus productos en Suramérica son las diferencias de regulación de cada país (seguridad, aranceles, transporte, requisitos de importación, impuestos) que aumentan los costos de transacción, máxime cuando los principales procesos de integración (Mercosur y Can) han tenido sus principales obstáculos en los detalles de este tipo, más que en los aranceles, señala Luis Fernando Agudelo.
“Otra gran dificultad, añade Agudelo, es lo que muchos analistas han llamado el ‘stop and go’, en las economías de la región que por su debilidad institucional y fragilidad macroeconómica lleva a ciclos económicos muy pronunciados que arrojan grandes capas de la población bajo la línea de la pobreza, lo que hace muy difícil predecir los comportamientos de la demanda en el largo plazo, y por tanto hacer negocios”.
De Sebastián considera que las propias características del mercado suramericano son a su vez una de las mayores dificultades para la llegada de productos extranjeros. “El mercado latinoamericano cuenta con dos grandes segmentos. Por un lado, está el mercado de lujo, al que corresponde aproximadamente el 10% de la población. Y luego existe un 40% de los ciudadanos que tienen consumo de subsistencia y que por lo tanto no compra importaciones. En realidad, sólo encontramos un 50% de los habitantes que está de alguna manera integrado en el consumo de masas, que admite algunos productos extranjeros, pero no muchos. Por lo que el verdadero mercado de las importaciones es el de ese 10% con un alto nivel adquisitivo, que compra coches de importación, telas, perfumes, muebles… Se trata de un mercado estrecho porque la clase media es débil”.
Martínez también considera que es difícil llegar a ofrecer unos productos de importación con una relación óptima de calidad-precio para que puedan ser consumidos de forma masiva. Pero señala que “las remesas de los emigrantes están proporcionando a la clase media de los países suramericanos un mayor nivel adquisitivo para consumir productos extranjeros”.
Perspectivas de futuro
¿Qué ocurrirá en los próximos años en la relación comercial de las grandes potencias con América Latina? Los numerosos procesos electorales en Latinoamérica están modificando el mapa político de esta región. En líneas generales, los gobiernos de izquierdas están triunfando en detrimento de los partidos conservadores, con la excepción -por el momento- de Colombia y México. Pero con una mirada más analítica se observa un amplio abanico de opciones en la izquierda latinoamericana, que va desde el pragmatismo macroeconómico de Brasil, Chile o Uruguay al frente antiliberal y antiamericano de Venezuela, Bolivia o Cuba.
“China irá ganando mercado pero nunca va a sustituir a los EEUU”, augura De Sebastián, que, a su vez, “duda” de la fuerza del nuevo movimiento populista impulsado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, para llegar a debilitar a las exportaciones estadounidenses. “No creo que estos movimientos vayan a ir muy lejos. Ni pueden, si se lo van a permitir”.
Por su parte, Martínez cree que China “puede llegará a desbancar a EEUU en algunos países en los que está adquiriendo mucha fuerza como son México, Perú, Colombia y Chile”. Respecto a los movimientos políticos populistas, augura que “pueden dificultar la firma de acuerdos con EEUU y por lo tanto frenar el crecimiento de sus exportaciones en algunos países de la región”.
El profesor de la Universidad de Medellín cree que en los próximos años la situación puede cambiar si los países latinos llevan a la práctica políticas económicas diferentes: “los países sudamericanos, han equivocado el camino tratando de internacionalizar sus economías a través de la exposición de sus mercados financieros, y la posibilidad de inversión extranjera sin importar las condiciones bajo las que esta se haga”.
Para Agudelo, en el nuevo camino que tomen las economías latinas es “importante no perder la posibilidad regional, de tener barreras mínimas de protección, a la vez que se exige a los inversionistas extranjeros el pago de impuestos y salarios justos, la reinversión de parte de las utilidades, y la permanencia mínima de las inversiones. Los gobiernos deben jugar papeles importantes, apoyando los desarrollos productivos regionales que permitan la inversión y la entrada de conocimiento externo, sobre todo de aquellos productos y servicios valorados externamente. Las políticas de apertura comercial como centro de la política económica, son caminos que no tienen retorno en términos sociales, y que dificultan la construcción de estructuras competitivas en el largo plazo, que además de ser buenos negocios para los inversionistas, pueda resolver el postergado pago de la deuda social”.
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