Latinoamérica necesita reformarse para competir
Pese a los incuestionables avances en materia de estabilidad macroeconómica tras las reformas liberalizadoras sucedidas en los años noventa, un crecimiento sostenido en los últimos dos años y la coincidencia de gobiernos democráticos, sumada a un favorable clima de negocios -aunque con notorias excepciones-, América Latina sigue mostrando debilidades que la alejan de su ansiado desarrollo. A la aguda desigualdad social que sigue generando tensiones en su territorio, se suman una serie de factores que complotan contra su inserción competitiva en el nuevo orden mundial y le impiden enfrentar de mejor manera a las economías más dinámicas, especialmente China e India. Entre las soluciones, los expertos claman por reformas sociales, fiscales, financieras y al mercado del trabajo, pero coinciden en que la diferencia real la pueden marcar una política nacional de inversión en educación y elevar el gasto público y privado en investigación y desarrollo.
Con la excepción de Chile, el único país de América Latina ubicado en los lugares de avanzada de los índices mundiales de competitividad, la región en su conjunto está muy lejos de posiciones como la de China continental, que logró un significativo avance desde el puesto 31 el año pasado al 19 en el ranking 2006 elaborado por el International Institute for Management Development (IMD) de Suiza, que evalúa la competitividad de 61 naciones. Este ranking basa sus conclusiones en cuatro grandes factores de la competitividad, cuales: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructuras. Cada uno de ellos contribuye en un 25% a la clasificación general. India, la segunda mayor potencia de Asia, ocupa el vigésimo noveno puesto.
Las primeras cinco economías del mundo en competitividad, según el IMD, son Estados Unidos, Hong Kong, Singapur, Islandia y Dinamarca. Chile ocupa el lugar 24. A nivel latinoamericano, Colombia es el segundo país más competitivo y el que logró mejores ascensos en un año. Saltó del puesto 47 al 40 en la clasificación internacional. Pero la desfavorable situación regional queda de manifiesto en las lejanas posiciones que ocupan las tres mayores economías de la zona: Brasil en el lugar 52, México en el 53 y Argentina en el 55, aunque mejoró tres lugares. El índice es cerrado por Venezuela, con un índice de 61.
En el caso del Índice de Competitividad Global (ICG) del Foro Económico Mundial, Chile confirmó en el listado 2006 su comportamiento económico líder dentro de la región al ubicarse en el lugar 27 del ranking general de 117 países cubiertos por el ICG y superando a todos sus vecinos por un amplio margen. Chile no sólo está por delante de 13 de los 25 miembros de la Unión Europea, sino que no hay ningún otro país latinoamericano que supere a alguno de la UE. Argentina, segundo en la región y en el puesto 54 del mundo, ocupa siete lugares menos que Grecia (47), el más débil de los países de la UE.
Las debilidades
Anita Kon, profesora de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, piensa que una de las principales barreras que enfrentan los países de América Latina al momento de competir con otras regiones emergentes es que economías como China e India -u otras de la Europa Oriental- la planificación de las reformas estructurales para el desarrollo es abordada a largo plazo y que a pesar de los cambios en la jefatura gubernamental, esos objetivos y metas no son abandonados y continúan siendo perseguidos.“En América Latina, la inestabilidad política y los cambios de gobierno casi siempre acarrean el abandono de los estímulos de las administraciones anteriores, cuando han existido, y el reinicio de planes de desarrollo que priorizan el corto plazo y no llegan a ser totalmente cumplidos”, asegura Kon.
La falta de una decisión consciente de orientar la producción hacia mercados más allá de la región, es otra de las barreras que atentan contra la competitividad, aporta Jorge Fallas, director del Centro de Investigación en Economía y Finanzas de la Universidad Andrés Bello (UNAB) en Santiago de Chile. “Es más evidente en el caso de las economías de Brasil y Argentina, en su empeño por mantener un mercado protegido en el MERCOSUR. Se tiene todavía la visión de que es necesario profundizar en una integración regional y que ésta sería suficiente para alentar el crecimiento, cuando las principales economías de la región han mostrado una historia de mucha inestabilidad e incumplimiento de contratos, convirtiéndolas en socios poco confiables”.
Fallas agrega que otro obstáculo para saltar es la dependencia cada vez más pronunciada de la región en las exportaciones de materias primas y productos industriales con bajo nivel de elaboración, con perspectivas muy moderadas de crecimiento a futuro. “No hay duda que esto las hace en muchos casos complementarias a la economía de China, como sucede por ejemplo con el cobre que Chile vende a dicho país, y hay por ende ganancias por intercambio, pero se tiene que avanzar en las exportaciones de productos más elaborados”.
“Otra importante barrera es el bajo nivel de inversión doméstica”, continúa el profesor de la UNAB. Según cifras de Fallas, la inversión como porcentaje del PBI se sitúa en torno a 20% en la región latinoamericana, en contraste con el 40% de China y el 35% de la región de Asia Emergente como un todo. “Debido a que el financiamiento externo de la inversión doméstica tiene sus límites, ya que los altos déficit en cuenta corriente producen inestabilidad, debe hacerse un mayor esfuerzo de ahorro doméstico, y esto depende de un adecuado sistema de incentivos”. El profesor recuerda que América Latina poseía hasta inicios de los noventa las tasas de inflación más altas del mundo, “erosionando el ahorro de muchos de los habitantes de la región, lo que ha influido en el bajo nivel de penetración del sistema financiero”.
Reformas estructurales y más inversión en educación y tecnología
En un reciente seminario en México, Rodrigo de Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), sostuvo que los países de América Latina presentan prioridades comunes en materia de políticas esenciales para fomentar la competitividad. Rato resumía que hay reformas en cinco áreas que pueden reforzarse mutuamente a la hora de estimular la productividad, el crecimiento y de promover el éxito en un mundo globalizado: reforma fiscal, para ampliar y hacer más equitativa la base de generación de ingresos tributarios, lograr una reducción duradera de la deuda, y permitir que los gobiernos atiendan las necesidades sociales y de infraestructura; reformas del sector financiero, para promover el ahorro interno y fomentar el uso eficiente del ahorro; reformas del mercado del trabajo, para mejorar su flexibilidad y fomentar el desarrollo de capital humano; mayor apertura a las fuerzas de la competencia, que impulsan la innovación y el cambio, y un entorno de negocios equitativo y transparente que incentive la inversión y la creación de empleo.
Para la profesora Kon, las prioridades son reformar e invertir en educación, conocimiento y en la calificación de los trabajadores, lo que resulta en una mejoría del capital humano y de la produtividad global de las economías. “Los países latinoamericanos, excepto Chile, Argentina y Uruguay, presentan un bajo nivel medio de escolaridad y de calificación, lo que dificulta la introducción de tecnologías más modernas y mejores condiciones de ingreso”.
“La región también requiere inversión gubernamental en servicios básicos y particularmente en la salud de la población”, agrega la académica de la PUCSP. Eso, “para posibilitar una mejoría en las condiciones de vida, que resulten en mayores y mejores posibilidades de trabajo, generación de renta y de consumo”.
Fallas acota que también es necesario generar mayores incentivos a la iniciativa privada. “Reducción de la burocracia y mayor estabilidad en las reglas y respeto a la propiedad privada. En este sentido, el avance ha sido muy poco y deja mucho que desear. Debe estimularse además un mayor nivel de ahorro, que permita financiar mayores niveles de inversión”.
Pese a sus lugares de privilegio en el concierto global, en Chile no se han celebrado los resultados del índice IMD del 2006. El país estuvo entre las cinco economías que más cayeron del listado, al pasar del lugar 20 en 2005 al 24, debido al avance de China, Malasia, Japón y Estonia, a la volatilidad cambiaria, al fortalecimiento de su moneda (el peso) y a su baja productividad. Enrique Manzur, profesor de la escuela de Administración y Negocios de la Universidad de Chile, advierte que su país no debe contentarse con su posición de liderazgo en la región ni tampoco compararse con sus vecinos. “Chile compite con países pequeños altamente competitivos. Chile no puede copiar la estrategia de Brasil y sí debe estar más conciente de lo que están haciendo países como Finlandia, Irlanda o Nueva Zelanda”.
Manzur explica que si bien el retroceso de Chile se debió a los factores ya señalados, su flanco débil continúa siendo la mala calidad de la infraestructura nacional, sobre todo la científica y la tecnológica, y el conocimiento. Aspectos en los que se empareja con el resto de sus vecinos. “En la encuesta del IMD existe la percepción de que el sistema educacional chileno es deficiente, ocupando el lugar 50 entre las 61 economías analizadas. Entre otras cosas, eso se manifiesta en las muy pocas posibilidades que existen de exportar tecnología y el escaso porcentaje de inversión en investigación y desarrollo (I+D), que es menos del 0,7% del PBI”. “Un factor adicional es la deuda de la empresa privada, ya que la mayor parte de ese gasto en I+D es realizado por el Estado y en menor medida por las universidades”, agrega el profesor de la Universidad de Chile.
La profesora Kon coincide con ese diagnóstico al destacar el valor de invertir en I+D y en especial para disminuir el atraso con respecto a los países más avanzados, pero propone adaptar ese esfuerzo a las condiciones específicas del ambiente socioeconómico de cada país. “En América Latina la canalización de las inversiones en progreso técnico debería estar orientada no sólo hacia el área de tecnologia de punta o de mayor competitividad externa, sino también en el corto plazo hacia una tecnología adecuada a la generación de empleos para la población de menor escolaridad, lo que a medio plazo genera posibilidades de incremento de ingresos y ahorro económico”.
Volviendo a Chile, Manzur sostiene que los desafíos futuros son bastante complejos, al ir más allá para reformar el sistema educacional para desarrollar las competencias y habilidades necesarias que requiere una economía cada vez más globalizada y con mayor competencia. “Hay que asegurar una fuente confiable de energía que sea consistente con las necesidades de crecimiento del país y a su vez que tenga en consideración el respeto del medioambiente. También se debe promover la inversión en I+D a través de una tarea tripartita entre el Estado, las universidades y el sector privado”. El economista subraya que debe existir una clara asociación entre quienes hacen ciencia y quienes necesitan hacer cambios en la manera de hacer negocios vía aumentos de productividad.
“La calidad del empleo es otra de las tareas pendientes de Chile”, agrega Manzur. “Hoy en día la gente que trabaja es poco más de un tercio del total de la población, y eso tiene consecuencias económicas obvias en la posibilidad de generar mayor riqueza. El nivel de empleo no sólo se eleva reduciendo el desempleo, sino también aumentando la fuerza laboral, es decir, incorporando a segmentos que hoy están quedándose fuera del mercado laboral, sobre todo mujeres y personas menos calificadas”.
Pero hay quienes conservan optimismo. “Si nosotros mejoráramos fuertemente en infraestructura y conocimiento, lo que tiene que ver con todas las políticas de educación, Chile podría dar un gran salto”, asegura Pedro Hidalgo, director de la Escuela de Postgrado de Economía de la Universidad de Chile. Y las posibilidades de invertir más en esa área están, si se tiene en cuenta el actual debate sobre el mejor destino para los excedentes que están generando a Chile los inéditos precios del cobre, gracias a su rol de principal productor mundial.
¿Están realmente tan lejos China e India?
La posibilidad de que América Latina llegue algún día a gozar de los niveles de competitividad que tienen China o India es “muy difícil”, sostiene el profesor Fallas, de la UNAB en Santiago. “Hay que tener en cuenta que las economías más pujantes del mundo son las asiáticas y las correspondientes a la esfera angloparlante. Tenemos serias deficiencias en el manejo de un segundo idioma, como sería el inglés. Además, la inmigración a países desarrollados, si bien puede beneficiar a los países por las remesas, van en detrimento de nuestro propio crecimiento, al disminuir la dotación de las personas con más iniciativa, que son las que se animan a emigrar, y un importante nivel de preparación”.
Por su parte, la profesora Kon cree posible acortar la brecha con los gigantes asiáticos en los casos de los países de la región en los que la estructura productiva es más diversificada, como México, Chile, Brasil y Argentina, o también en los países en los que existe el potencial de exploración de un producto básico natural que es un insumo industrial relevante en el espacio internacional, como ocurre con Perú y Bolivia. “En ese sentido, el desarrollo de la competitividad económica depende enormemente de las prioridades de políticas públicas de apoyo, mientras que la distribución de recursos gubernamentales debería dirigirse específicamente a la construcción de condiciones de infraestructura y otros estímulos legales, cambiarios y monetarios”.
Kon destaca que, en el caso de Brasil, estas prioridades se han orientado más hacia políticas macroeconómicas de estabilización económica. “Las altas tasas de interés mantenidas -aunque decrecientes- bajo el objetivo de estabilización de los precios y atracción de inversiones financieras externas, dificultan la reanudación más efectiva de la producción, del empleo, de la demanda y de inversiones en modernización para competitividad nacional e internacional”.
Por otro lado, la académica no evita señalar la responsabilidad de las autoridades regionales. “La prioridad gubernamental con relación a la aplicación de recursos se ha orientado fuertemente a la preservación del poder político a corto plazo, en detrimento de políticas efectivas de desarrollo”.
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