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Evo Morales: ¿Más proteccionismo o la anhelada oportunidad de Bolivia?

Con una economía basada en minería extractiva y agricultura tradicional, y un amplio sector indígena campesino, Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina. Su ingreso por habitante ha estado siempre entre los más bajos de toda la región: su PBI per cápita no supera los 900 dólares anuales. El alentador desempeño económico del país durante los años 90 bajo el umbral de la estabilidad política y económica, con tasas de crecimiento anuales del PBI del 4% y niveles de precios controlados, ha dado paso en los últimos años a crecimientos escasos (PBI promedios del 1,5%) y ciertos repuntes inflacionistas (tasas del 4,5%). Esto se debe a que la economía boliviana es muy vulnerable a la coyuntura internacional y a las crisis que sufrieron países vecinos como Brasil o Argentina.

 

En este contexto surgió la figura de Evo Morales. Hijo de una familia de mineros de la etnia aymara en las gélidas montañas andinas, Evo pasó de músico de una banda del popular carnaval sincrético de Oruro a trabajar como agricultor en las zonas tórridas de las estribaciones de la cordillera de los Andes –el denominado ramal oriental del país- donde se cultiva la coca. Hace poco más de dos décadas se convirtió en dirigente de los cocaleros e inició una vertiginosa carrera política que lo llevó a protagonizar marchas de cientos de kilómetros hacia los centros de poder en las alturas de la capital, La Paz. En esa lucha, Morales contribuyó al derrocamiento de dos administraciones civiles, las de Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa.

 

El programa de Gobierno de Evo Morales no sólo plantea la nacionalización de los hidrocarburos y todos los recursos naturales, entendiendo por tal reasumir el control de su explotación y uso. Además, persigue una mayor austeridad estatal, para eliminar los gastos excesivos, y acabar con lo que considera el latifundio y la especulación de la tierra, junto con la construcción de un nuevo sistema de seguridad social y la transformación de la educación. El plan del líder del partido Movimiento al Socialismo (MAS) es todavía más ambicioso y se compromete a la “refundación del país”. Esto se haría en dos niveles: por una parte, restablecer la soberanía que el entorno de Morales acusa de haber entregado a niveles intolerables en los últimos veinte años por la aplicación del modelo neoliberal. En un segundo plano, Morales y el MAS buscan otorgar, por primera vez después de 180 años de vida republicana, un mayor protagonismo a los sectores desplazados de la sociedad boliviana, principalmente los pueblos originarios.

 

A primera vista, la pretendida nacionalización de los hidrocarburos pone en aprietos la presencia en Bolivia de empresas internacionales del sector, tales como la española Repsol YPF -que tiene el 20% de las grandes reservas de gas de la nación andina-, la brasileña Petrobras, la francesa Total, la anglo-holandesa Shell, la estadounidense Enron o la británica British Petroleum. Desde la perspectiva de Repsol YPF, la importancia de Bolivia radica en las posibilidades de crecimiento que ofrece. En 2004, el grupo español produjo 107.000 barriles equivalentes de petróleo diarios en ese país (el 10% del total), pero espera llegar a los 227.000 barriles en 2009. Para ello, la petrolera participada por la entidad financiera española La Caixa planea invertir 850 millones de dólares en cinco años. Bolivia tiene unas reservas de 813.000 millones de metros cúbicos de gas. Hace unos años, Repsol YPF ideó un plan para exportar ese gas por barco hacia Norteamérica, pero ahora apuesta por enviarlo a otros países sudamericanos como Brasil, Chile y Argentina. Estos tres países suman un consumo anual de 70.000 millones de metros cúbicos. Total también está en una posición expectante. De acuerdo al diario Le Monde, la firma, que en Bolivia explota dos modestos yacimientos de gas, ha hecho descubrimientos que en materia de reservas la colocarían por delante de Repsol YPF o de Petrobras. El periódico agregaba que la petrolera, que podría invertir hasta 200 millones de dólares en esos yacimientos, no lo ha hecho por considerar demasiado inestable la situación.

 

Bienvenido pragmatismo

Para Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton, si Morales sigue al pie de la letra su programa de gobierno y procede con las nacionalizaciones “evidentemente se verán disminuidas las inversiones, algo que un país como Bolivia necesita”. Según el académico, lo importante es “establecer condiciones de inversión que defiendan los intereses del país. Las multinacionales son compatibles con el desarrollo económico”. Pese a que la promesa electoral de Morales ha sido muy clara, el profesor de Wharton advierte que no sería la primera vez que un Presidente electo cambia su programa o lo hace menos extremista después de asumir el poder. “El programa electoral es tan radical, que no creo se ponga en practica en su totalidad”, opina.

 

Incluso si tiene lugar la nacionalización, Hugo Macías Cardona, coordinador del Centro de Investigaciones CIECA de la Universidad de Medellín (Colombia), Centro asociado a la Red Econolatin, piensa que las compañías extranjeras no resultarían seriamente afectadas en términos de reducción de su patrimonio. Esto porque en el actual contexto internacional, explica, no se puede expropiar sin compensación. “Sólo Argentina, por sus condiciones muy particulares, se ha dado el lujo de no pagar una proporción importante de su deuda. El bajo ahorro interno de Bolivia hace que deban mantenerse unas condiciones apropiadas para que siga llegando inversión extranjera. Morales deberá permitirlo, no puede someter a mayor pobreza a sus ciudadanos”, advierte Macías Cardona.

 

El disponer de abundancia de recursos puede ser un imán para el populismo o para adoptar medidas que no ayudan en el largo plazo. Pero, este no es el caso de Bolivia, explica Juan Eduardo Coeymans, director del Programa Interamericano de Macroeconomía Aplicada de la Universidad Católica de Chile, “pues aunque tenga mucho gas en el subsuelo, necesita las inversiones para extraerlo”. Debido a esto, el profesor coincide con Guillén en la poca probabilidad de que Morales impulse medidas anti-empresa. “No me atrevo a especular que cuando Evo asuma va a haber un desastre. El caso de Lula en Brasil muestra que los candidatos pueden parecer más populistas o estatistas que lo que después suelen comportarse”, ejemplifica Coeymans.

 

Al parecer, Morales ya está dando pasos en ese sentido después de haber logrado la victoria. En un publicitado encuentro, el Presidente electo prometió en las últimas semanas a los empresarios de la poderosa región oriental de Bolivia, Santa Cruz, que va a respetar la propiedad privada y las inversiones internacionales. 'No quiero perjudicar a nadie. No quiero expropiar ni confiscar ningún bien. Quiero aprender de los empresarios. Yo no tengo formación profesional pero será importante complementarnos. Ustedes tienen la capacidad profesional y yo la conciencia social', les dijo Morales reseñado por la prensa boliviana. En la cita, el Presidente electo también aseguró a los hombres de negocio que no frenará un controvertido proyecto de explotación de hierro en la zona del Mutún. Ubicado a 1.700 kilómetros al sudeste de La Paz, en la zona de Santa Cruz y muy cerca de la frontera con Brasil, el yacimiento es considerado uno de los más importantes del mundo. Según la organización boliviana Comité de Defensa del Patrimonio Nacional, que cuestiona la licitación, sus reservas alcanzan a 40.000 millones de toneladas de hierro y 10.000 millones de magnesio, lo que representa el 70% de las reservas mundiales.

 

Morales también ha enviado señales tranquilizadoras a los inversionistas internacionales. En sus encuentros de estos días en España, Bruselas -sede de las instituciones europeas-, Holanda y Francia, en el marco de su gira internacional de presentación, el líder boliviano ha dicho que su Gobierno ejercerá el “derecho de propiedad” sobre los recursos naturales del país, que tiene las segundas reservas de gas de Sudamérica, pero que eso no significa “confiscar, ni expropiar, ni expulsar”. Morales ha sostenido que se va a garantizar que “cualquier empresa que coopere y pague los impuestos pueda recuperar su inversión y tiene derecho a la ganancia, pero bajo el principio del equilibrio, ya que también el Estado y el pueblo deben beneficiarse. Además, prometió mano dura contra las empresas contrabandistas”, según declaraciones recogidas por la prensa europea. En Madrid y en París, hizo saber que entre las empresas contrabandistas no figuran Repsol-YPF ni tampoco Total.

 

Si estas recientes actuaciones son un indicio de mayor pragmatismo político, está por verse. Coeymans, de la Universidad Católica, considera una “buena señal” esa moderación del discurso, destacando que en la actualidad hay consenso en que los gobiernos tienen mucho menos libertad para cometer errores, porque inmediatamente aparecen indicadores que miden o revelan en cifras la forma en que está siendo evaluada su gestión. “Por ejemplo, los indicadores de riesgo-país están dando cuenta de si un país está haciendo mal su tarea. Por otro lado, hay también restricciones en los flujos de capitales. Si el Gobierno comienza a errar el camino, bueno (los capitales) no entran y el país a corto plazo puede tener serios problemas en su balanza de pagos”. De alguna forma, plantea Coeymans, los gobernantes de corte populista “comienzan a aprender cuando se ponen el traje presidencial. En el pasado, eso no ocurría. Hoy en día los presidentes tienen una tasa de aprendizaje mucho mayor que la que tenían en los años 60 y principios de los 70”.

 

Macías Cardona, de la Universidad de Medellín, aporta otro factor no menor para optar por el pragmatismo: la reconocida debilidad del Estado boliviano, tanto en su estructura institucional, como en su incapacidad para controlar el territorio nacional y recaudar impuestos, entre otros. “Morales hará esfuerzos por conservar el poder que la democracia le otorgó, para ello deberá moderar su posición y presenciar una división al interior del MAS”, vaticina el académico.

 

Sociedades mixtas y la influencia de Venezuela y Cuba

Algunos observadores de la región piensan que la pretendida nacionalización podría adoptar una solución “a la venezolana”, esto es, la creación de sociedades mixtas participadas por el Estado y las empresas privadas. Para ello citan el caso de Repsol YPF, que hace unos meses llegó a un acuerdo con el Gobierno de Hugo Chávez por el que cedió sus concesiones de petróleo a unas sociedades conjuntas con la petrolera estatal PDVSA.

 

Guillén, profesor de Wharton, no lo descarta. Pero insiste en que lo importante es establecer unas reglas del juego claras y entonces aplicarlas sistemáticamente. “Si los bolivianos quieren más control sobre las inversiones, pues que así sea. Pero que no cierren la puerta, pues necesitan capital y tecnología”. Para Macías Cardona, en realidad Morales “deberá ocuparse de conservar la propiedad nacional de algunas empresas que considere más estratégicas y permitir la participación completa del sector privado en la mayoría de los sectores económicos”.

 

Más allá de la adopción de mecanismos societarios ya empleados por Chávez, en el ámbito internacional de negocios se mira con cautela la sintonía política entre Morales, el Presidente venezolano y el líder cubano Fidel Castro. ¿Estamos ante la conformación de un eje La Habana-Caracas-La Paz opuesto al libre comercio, la iniciativa privada y a un modelo de economía de mercado que ha resultado exitoso en otras naciones latinoamericanas como Brasil, Chile, Colombia o México? Guillén responde que mientras el petróleo siga en precios máximos, Chávez seguirá siendo un líder fuerte. “Pero, como ya hemos visto varias veces, los precios pueden cambiar, y las promesas se harán más difíciles de cumplir. Yo no le doy más de cinco años de vida a ese supuesto eje”, opina el profesor de Wharton.

 

Macías Cardona piensa que más que de personajes, las relaciones se construyen entre equipos completos de gobierno, entre partidos y entre elites.  En éste sentido, dice que la situación de Bolivia se distancia de la de Cuba o Venezuela. “Evo Morales no cuenta con el importante grupo de altos ejecutivos con que cuenta el Presidente Chávez, no cuenta con una sociedad organizada para la acción y preparada para codirigir los destinos del país.  Indudablemente, Morales no tienen la trayectoria de Chávez o de Castro, apenas lidera un movimiento político que adquirió visibilidad en las elecciones de junio de 2002”, explica el profesor de la Universidad de Medellín. Otra diferencia de peso, añade, es que la realidad política y social de Bolivia es mucho más parecida a la de Ecuador que a la de Venezuela y Cuba, por muchas razones, entre ellas la predominancia de población y cultura indígena en contraste con la caribeña y la fortaleza de los movimientos sociales para derrocar gobiernos.  “Las marchas de Venezuela eran dirigidas por una oposición de clase media y alta que reclamaban con nostalgia su poder, mientras que las marchas de las clases populares eran una respuesta que buscaba neutralizar; la dinámica social de Cuba no permite que hayan manifestaciones masivas con algún objetivo de cambio. Bolivia y Ecuador son diferentes, allí los excluidos se levantan, reclaman sus derechos y derrocan presidentes”, aclara el académico.

 

Más aún, continúa Macías Cardona, la principal diferencia de Bolivia con Cuba y Venezuela está en su fragilidad institucional. “Castro ha construido durante décadas una estructura lo suficientemente fuerte como para enfrentar políticamente a los Estados Unidos y para sobrevivir a principios de los noventa a la crisis económica más fuerte que algún país latinoamericano haya enfrentado. Chávez, en medio del caos y de los innumerables intentos fallidos de la oposición por descalificarlo y derrocarlo, ha construido una importante institucionalidad, que le ofrece un horizonte más amplio de lo que el precio del petróleo podría permitirle”. A diferencia, explica que Morales tendrá que ocuparse de construir institucionalidad que le permita superar las múltiples dificultades que tendrá que enfrentar, “incluida la muy probable desintegración del MAS, que fue concebido como un movimiento para hacer oposición y no como un partido para gobernar”.

 

Pese a las simpatías de Morales hacia Chávez, Coeymans, de la Universidad Católica, destaca que Morales ha demostrado mayor independencia y habilidad. “Eso lo demuestra su viaje a Europa. Esa es una buena señal”, aplaude el académico.

 

El desafío de contener las demandas de la población

Como es lógico anticipar, si el nuevo mandatario boliviano da marcha atrás a sus drásticas promesas electorales defraudará a quienes lo eligieron. Con el fin de conservar la gobernabilidad, Macías Cardona sugiere a Morales “asumir el pragmatismo de los estadistas, de manera hábil, para conservar una proporción importante del apoyo de base, pero privilegiando la habilidad para mantener en equilibrio la institucionalidad y los intereses nacionales con los extranjeros”. Si Morales se queda en el intento de nacionalizar, añade Macías, “después tendrá que ocuparse de que sus electores comprendan y acepten que no haya podido hacerlo”.

 

El profesor Coeymans agrega que uno de los mayores problemas que enfrenta Morales es la exigencia de resultados “mucho más deprisa” de lo que cualquier economía del mundo puede dar. “Las demandas insatisfechas son muchas, las esperanzas de sus partidarios son demasiadas. Su éxito va a depender de cómo transmita que hay que moderar esas expectativas y explicar que ningún país se puede desarrollar de la noche a la mañana”, dice el economista. Coeymans insiste en que sus partidarios no le pueden pedir al mandatario boliviano que mejore toda la situación de pobreza en su país. “Eso va a tomar probablemente una década o dos si es que adopta las decisiones adecuadas”, argumenta. La pregunta clave es, concluye el académico de la Universidad Católica, ¿cuánto le va a durar el capital político?


Publicado el: 11/01/2006


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