El nuevo ritmo de Brasil: desafíos sociales, progreso económico


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Brasil: un caso de estudio para la continuación de las reformas de libre mercado en América Latina

Muchos países latinoamericanos, tras intentar acabar de una vez por todas con la inflación desenfrenada e impulsar la prosperidad económica mediante la adopción de los principios del libre mercado promovidos por Washington en los años 90, están insatisfechos con los resultados obtenidos. ¿Estas naciones están volviendo a las políticas populistas e izquierdistas del pasado? O, más bien, ¿los líderes de la región están todavía comprometidos, en su mayoría, con la democracia y las reformas de mercado, a pesar de su desencanto con el ritmo de cambios conseguidos? 

 

El profesor de Gestión de Wharton, Mauro F. Guillen, se inclina más por el primer punto de vista. Sin embargo, su colega de departamento, Gerald A. McDermott, está más de acuerdo con el segundo. Otros expertos en América Latina ofrecen opiniones que abarcan las dos visiones, dependiendo del país. Mientras tanto, la futura dirección de las economías latinoamericanas será definida, en gran medida, por los resultados de las dos docenas de elecciones presidenciales y las legislativas, programadas desde diciembre de 2005 hasta diciembre de 2006. Los sufragios tendrán lugar en México y Brasil, que se jactan de ser las dos economías más grandes de la región; así como en Bolivia, Chile, Colombia, Perú y un gran número de naciones Centroamericanas y del Caribe.

 

“En los años 90, prácticamente cada país de la región introdujo políticas económicas más liberales y se abrió al comercio internacional”, explica Guillen, nacido en España y cuya investigación se centra en la Gestión Internacional. “Esto comenzó con la devaluación de la moneda brasileña en 1999”, lo que tuvo un impacto significativo en la región. Los países entraron en recesión entre 1998 y 2002. Y, cuando Estados Unidos entró en recesión en 2001, México vivió momentos de tensión debido a la dependencia de su vecino del norte. Así que estas reformas funcionaron durante un tiempo, pero entonces llegaron las malas noticias económicas, que hicieron cuestionarse a los líderes latinoamericanos la eficacia de las reformas conocidas como el Consenso de Washington.

 

“Al mismo tiempo, los principales líderes latinoamericanos -Carlos Salinas de Gortari, en México; Carlos Menem, en Argentina; y Alberto Fujimori, en Perú- se vieron involucrados en escándalos de corrupción, que, por asociación, terminaron por empañar las reformas económicas que ellos defendían”, comenta Guillen.  La consecuencia fue una reacción popular. Algunas personas vieron que los ricos se hacían más ricos, mientras que ellos no habían mejorado su situación y echaron la culpa a las recién surgidas políticas de mercado. “Los países que más han dado un giro hacia políticas populistas son Argentina y Venezuela”, según Guillén, junto a Bolivia, Ecuador y Perú.

 

“México, Brasil y Chile están aguantando”, opina el profesor de Gestión de Wharton.  “En cambio, los otros cinco países se están moviendo en la dirección opuesta. Es una pena. Los gobiernos introducen políticas que enfatizan los logros a corto plazo para ciertos sectores de la población, en vez de buscar la prosperidad a largo plazo. Estos países están manteniendo, de forma artificial, los precios bajos y también están endureciendo las condiciones para que las firmas extranjeras operen e inviertan.  No confían demasiado en que el libre mercado pueda ayudarles. En consecuencia, se están moviendo lejos de la ortodoxia, dejando atrás las medidas que implantaron durante los años 90 para abrir sus economías”, apunta Guillen.

 

Insatisfacción con la democracia

 

Por su parte, McDermott dice que los latinoamericanos tienen algunos argumentos válidos para pensar que las reformas no han dado los resultados esperados. El profesor de Wharton señala una reciente encuesta realizada por Latinobarometro, una organización no gubernamental con sede en Santiago (Chile), que examina la opinión sobre política y economía de 18.000 latinoamericanos cada año. Según lo publicado por la revista económica The Economist, la encuesta sugirió que “solamente uno de cada tres latinoamericanos está satisfecho con la manera en la que la democracia funciona en la práctica”.  En una nota más positiva, Latinobarometro también señala que los presidentes latinoamericanos siguen conservando una gran popularidad, que las instituciones políticas son “menos odiadas” y que los entrevistados son un poco más optimistas sobre sus perspectivas económicas que en años anteriores, según la revista.

 

“Lo que esta encuesta demuestra, en líneas generales, es la decepción con las demandas y expectativas poco realistas, que fueron promovidas en los años 90 en nombre de la reforma económica”, declara McDermott, que ha sido consejero para gobiernos de América Latina y Europa del Este. “Existe incertidumbre sobre qué hacer. Las cifras demuestran, en general, que la gente no desea volver a las viejas maneras pero todavía no sabe lo que significa la privatización o la democracia.  No están contentos con la mayoría de las privatizaciones, tampoco desean dictadores.  Realmente no saben mejorar la gestión de sus democracias para conseguir resultados. No diría que hay una vuelta al populismo. Pienso que la mayoría de los economistas y de los analistas utilizan esta frase como una manera de expresar que el Consenso de Washington no va bien”, añade.

McDermott describe el actual sentimiento popular en América Latina como una reminiscencia de la tensión que los ciudadanos de Europa del Este experimentaron al principio de la era posterior a la Guerra Fría. “Los revolucionarios que llegaban al poder declaraban un cierto tipo de reformas macroprivatizadoras. Entonces, llegaban las siguientes elecciones y se destituían los gobiernos, tal y como ocurrió en Polonia y Hungría. ¿Y qué se oía?  Volvemos de nuevo al comunismo. Pero eso no ocurrió.  Lo que vimos fueron cambios en la política. El rechazo de las reformas económicas equivocadas en los países latinoamericanos en los años 90 no significa que vayan a volver al socialismo de los años 70”, explica.

 

Carol Graham, profesor de Política Pública en la Universidad de Maryland y asociado senior en la Brookings Institution en Washington, dice que “algunos países latinoamericanos han tenido más éxito abrazando principios de libre mercado que otros, en parte debido a sus estructuras políticas y al alto nivel de compromiso, y en parte debido a sus habilidades prácticas para conseguir materializar las cosas.

 

"Es más fácil si eres de Chile y tus instituciones funcionan que si eres de Ecuador o Bolivia", declara Graham. “Los resultados, en cierta manera, reflejan eso. Brasil y Chile lo están haciendo bien. Si miras las estructuras y las políticas económicas de Chile, no te encuentras con uno de los países que pondrías en la lista de las naciones que se están saliendo de los carriles. Por otro lado, Argentina pasó por una gran crisis. Y la economía de Perú está separada de la política y es muy sólida”.

 

Reformas como chivo expiatorio

 

Según Graham, los países que están cuestionando la eficacia de las reformas de mercado están preocupados por una serie de problemas sociales y económicos enraizados y utilizan, a menudo, las reformas como chivo expiatorio. Bolivia, por ejemplo, lanzó algunas reformas creativas en los años 90, pero las reformas no atajaron la pobreza subyacente del país. El Gobierno de Bolivia también se ganó el enfado de los ciudadanos cuando privatizó la compañía nacional del agua. “El descontento emergió, centrado en las reformas del mercado”, dice Graham. “La privatización fue la excusa, pero podría haber sido cualquier otra cosa”.

 

Ecuador, añade, “tiene un sistema político frágil con muchas rivalidades regionales y étnicas sin resolver entre los grupos socioeconómicos y no cuentan con un sistema para canalizar esas discusiones de una manera productiva. Así que es fácil quitarse de encima el status quo. ¿Cuál es esta situación? El compromiso con las reformas del libre comercio y de mercado”.  En cuanto a Venezuela, opina Graham, “flota en el dinero del petróleo” y el presidente Hugo Chávez puede permitirse, literalmente, regresar al populismo al más viejo estilo y arremeter contra el capitalismo, en general, y contra Estados Unidos, en particular.

 

Jeffrey J. Schott, asociado senior en el International Institute for Economics (IIE) en Washington especializado en política de comercio internacional y sanciones económicas, dice que “Brasil y México están menos inclinados a volver al populismo.  Incluso el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, un izquierdista de siempre que ganó las elecciones en Brasil como un hombre del pueblo, ha mantenido la política económica de centro llevada a cabo por la administración anterior”. El resultado ha sido un sólido crecimiento anual de entre el 4% y el 5% del PIB.

 

Que Lula se haya adherido a las reformas de mercado “no me sorprende, ya que sus consejeros senior consultaron con nuestro organismo, incluso antes de las elecciones y hablamos sobre las opciones que tenían para ocuparse de los problemas económicos a los que tendrían que hacer frente", cuenta Schott. “Estábamos sorprendidos de lo pragmáticos y comprometidos que se mostraron para restablecer el crecimiento económico sobre una base sostenida por una simple razón: si no lo hicieran, no habría dinero suficiente en los años futuros para financiar los programas sociales que creen que son necesarios para su sociedad”.

 

Sin embargo, no todo ha ido sobre ruedas para Lula. Su administración se ha visto empañada por los escándalos de corrupción y algunos brasileños sienten que las reformas de mercado han fallado. "Brasil representa el 40% de la economía de América Latina", dice Guillen. "Lula ha implantado políticas económicas estándares pero muchas de sus reformas se han atascado".

 

En opinión de Guillen, Brasil marcará la pauta de si América Latina continuará abrazando las reformas. “Brasil es el caso de prueba. Si algo sucede en Brasil y hay un cambio a políticas más populistas, entonces cambiará la región entera. Lula se enfrenta a un problema que afecta a todos los nuevos líderes, despierta altas expectativas. Pero es duro cumplir promesas grandes y complejas como la reducción de pobreza. La pobreza en América Latina no se puede arreglar en tres o cuatro años. Se pueden poner las bases para encontrar soluciones, pero la gente es impaciente y quiere que las cosas se arreglen rápidamente. Eso es poco realista.  Lula estaba sobrevalorado como alguien que había nacido pobre y consiguió llegar hasta la presidencia. A la gente le gustaba, pero está siendo difícil para él conseguir resultados”.

 

Pros y contras en Brasil

 

En un informe escrito en abril después de un viaje a América del Sur, Jay Bryson, un economista del Wachovia Bank en Charlotte, Carolina del Norte, observó que Brasil había comenzado a cosechar beneficios significativos de su política económica ortodoxa. El PIB real aumentó un 5,3% en 2004, la tasa de crecimiento más fuerte en diez años, y la balanza de Brasil, que había demostrado históricamente un déficit, consiguió un superávit en 2003. Pero Bryson también precisó que la inflación no había sido sometida totalmente, llevando al Banco Central de Brasil a aumentar el objetivo de su tipo de interés en 3,75 puntos de porcentaje, hasta el 19,5%, entre el verano de 2004 y la primavera de 2005. Esto, junto con una tasa de inflación del 7,5% la primavera pasada según el índice de precio al consumo, hizo que Brasil alcanzara uno de los tipos de interés reales más altos del mundo. (el 28 de noviembre, el Banco Central proyectó que la tasa de inflación de Brasil sería del 5,6% el año 2005).

 

Por su parte, México ve pocas ventajas en dar la espalda a las reformas de mercado.  “México se está integrando cada vez más en la economía norteamericana”, según Schott. “Este país tiene una red de acuerdos de librecambio con sus socios en el sur. Es parte de una estrategia económica más amplia de convertirse en un centro de distribución y una plataforma de producción para servir a Norteamérica y América del Sur. Y está intentando atraer inversión de Norteamérica y de Europa allí donde tiene acuerdos de intercambio comercial”.

 

Guillen cree que existe un “interrogante” sobre si México continuará adhiriéndose a las políticas del libre mercado, aunque su presidente, Vicente Fox, fue elegido en 2000 como un candidato favorable.  “El mismo Fox no está interesado en el populismo. Pero habrá elecciones en verano de 2006 y el resultado es incierto...  Es muy poco probable que México se convierta en un país como Venezuela, Bolivia y Perú, porque necesita claramente el intercambio comercial con Estados Unidos. México está demasiado cerca de Estados Unidos como para aislarse de él”, opina el profesor de Wharton.

 

Chile es el país latinoamericano más comprometido con la continuidad de las reformas. “Chile es, sin lugar a dudas, el país más estable de la región, desde el punto de vista político y económico y tiene instituciones muy establecidas”, dice Guillen. “Para los estándares latinoamericanos, hay un fuerte consenso en Chile de que el país tiene que evitar el populismo económico”.

 

Bryson dice que el paso más importante que Chile tomó en los años 90 fue abrir su economía en varios frentes. “Dieron por zanjadas sus políticas de los años 70 y 80 y permitieron que las importaciones entraran y las exportaciones fluyeran hacia fuera.  También han tenido una política macroeconómica bastante estable durante los últimos años, un Banco Central relativamente independiente y no han disparado los impuestos. Eso da confianza a los inversores extranjeros, así que hemos visto a los inversores aumentar sus propiedades en Chile”.

 

En el otro extremo se encuentra Venezuela, donde el ostentoso Chávez ha llenado los titulares de los periódicos en los últimos meses denominándose “un socialista del siglo XXI” y arremetiendo contra el presidente Bush. Pero los expertos dicen que Chávez es una rareza cuyo extremismo puede funcionar bien con los votantes venezolanos, pero no es un anticipo de un giro a la izquierda en América Latina. En una elección llevada a cabo el 4 de diciembre, los partidarios de Chávez obtuvieron los 167 asientos en la Asamblea Nacional, después de que cinco partidos de la oposición boicotearan la elección. Se registró el 75% de abstención.

 

El eslabón perdido: buen gobierno

 

Los observadores de América Latina dicen que los países de la región tienen poco que ganar rechazando las reformas, incluso si las vidas de los ciudadanos ordinarios, muchos de ellos viviendo en pobreza extrema, progresa lentamente. “No hay otro paradigma”, dice Graham, quien añade que “no se puede negar la necesidad de crecimiento y para conseguirlo hay que contar con políticas macroeconómicas estables. Pero para resolver los problemas de desigualdad es necesario reformar las instituciones. El eslabón que falta es el buen gobierno”.

 

McDermott, que pasa parte del año en Argentina, subraya que los autores de los principios democráticos y de libre mercado, entre ellos los economistas de Estados Unidos y los políticos, incurren en una equivocación si no consideran la complejidad de los países latinoamericanos. Sí, hay ciertos componentes ortodoxos de reforma – estabilidad de precios, privatización, y compromiso con el crecimiento del PIB- que debe ser adoptado por cualquier país comprometido con la mejora económica. Pero un modelo para todos no funcionará en América Latina.

 

“La situación varía mucho entre los países y dentro de ellos”, opina McDermott.  “Han estado construyendo modelos muy diversos de democracias. Algunos son dinámicos y progresivos; otros son viejos, estilo años 50. Parte del problema en los 90 era que teníamos una visión simplista de lo que es el desarrollo económico. Los economistas deben ser muy pragmáticos a la hora de ayudar a estos países a fijar instituciones que apoyen y regulen el desarrollo económico, desarrollen sistemas financieros y entrenen a la administración pública. Los economistas se preocupan de que los Estados estén implicados en sus economías.... Pero si observas los informes sobre los gobiernos más honestos de Heritage Foundation and Transparency International, algunos de los mejores países del mundo son escandinavos, y tienen los Estados más grandes. Los Estados importan. Hay que reformar los mercados, pero también los Estados”.


Publicado el: 16/01/2006
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