Dudas sobre la integración petrolera de Latinoamérica
Con la muerte del rey Fahd de Arabia Saudí, el precio del crudo alcanzó un nuevo récord, cerrando el 1 de agosto a 62,10 dólares el barril, según el precio de referencia de Estados Unidos, el West Texas Intermediate (WTI). Arabia Saudí es el país que cuenta con mayores reservas de petróleo del planeta. Por tanto, si ese estado árabe estornuda, el resto del mundo se resfría. De hecho, ante el temor de un posible desabastecimiento de petróleo en los próximos años, los países más poderosos y los mayores consumidores del mundo viven pendientes de todos los vaivenes que se puedan producir en el mercado; sobre todo, si naciones como Venezuela -donde se encuentra el 68% de las reservas de gas de Sudamérica y el 57% de las ubicadas en América Latina y el Caribe- impulsan asociaciones de poder con el resto de regiones.
El trío de asociaciones
Esto es lo que ha ocurrido durante el año 2005. El presidente venezolano, Hugo Chávez, logró la conformación de tres acuerdos regionales denominados Petrocaribe, Petrosur y Petroandina, que tienen como fin aunar esfuerzos económicos, políticos y sociales dentro de Latinoamérica. El primero de ellos, Petrocaribe, está integrado por Venezuela y 14 países del Caribe; el segundo, Petrosur, reúne a Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina; y Petroandina está representado por Venezuela, Colombia, Bolivia y Ecuador. Este trío de asociaciones fue constituido durante los primeros meses de este año, con el fin de crear en el futuro un Petroamérica, un consorcio petrolero estatal que englobaría a todos los estados del hemisferio y que, en teoría, ayudaría a solucionar los problemas de suministro de la región.
Pero las supuestas buenas intenciones de los presidentes latinoamericanos dejan varios interrogantes por resolver. ¿Es viable esa integración? ¿Qué intenciones políticas esconde Chávez? ¿Petrosur, Petrocaribe y Petroandina pueden competir con el resto de cárteles del mundo, como la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo)?
Los analistas consultados coinciden en señalar que, por ahora, estos acuerdos responden más a intereses políticos que económicos. Según Santiago Palma Cané, consultor en mercados internacionales, “este tipo de asociaciones pueden ser viables desde el punto de vista político porque, por ejemplo, los cuatro presidentes que forman parte de Petrosur (Hugo Chávez, Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner) coinciden en la ideología sobre el papel del Estado en el manejo de la Economía y sobre la posibilidad de integración latinoamericana, como plataforma para impulsar alternativas de progreso”.
Por su parte, Juan Battaleme, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), coincide en señalar que “como parte del proceso de integración política llevado a cabo por los presidentes de la región, estas asociaciones tienen sentido, ya que le dan una finalidad material a los intereses políticos que se vienen expresando con contundencia desde Brasilia, por los Estados Unidos, como el acuerdo para el libre comercio, CAFTA (Central American Free Trade Agreement), de reciente aprobación”.
La duda es si la formación de estos bloques petroleros latinoamericanos es motivo de preocupación para los grandes compradores de petróleo y gas de la región, en especial Estados Unidos. “La creación de Petrosur o Petrocaribe, si bien puede exagerar algún antagonismo con los Estados Unidos, en realidad no es una amenaza ya que todos sus jugadores, inclusive Chávez, tratan de tener una relación estable con Estados Unidos y de proveer el recurso que este país necesita”, afirma Battaleme.
De hecho, Venezuela es uno de los principales proveedores de petróleo de Estados Unidos, país que consume alrededor de un cuarto de la producción mundial de crudo. Por eso, desde el punto de vista de Palma, “cualquier proyecto de Chávez que ponga en peligro dicho abastecimiento preocupa al país del norte. Mientras Chávez siga en el poder, el asunto del crudo será un desafío constante para Estados Unidos porque el bolivariano sustenta parte de su poder en una discurso antiliberal y populista en contra de Estados Unidos”.
Existe una larga rivalidad entre Chávez y el presidente de Estados Unidos, George Bush, para hacerse con la hegemonía de América Latina. Pero, curiosamente, la popularidad de ambos mandatarios ha bajado en los últimos meses. Por ejemplo, según la consultora Alfredo Keller y Asociados de Venezuela, la popularidad de Chávez cayó 14 puntos en el último trimestre, por lo que el apoyo al presidente de Venezuela descendió hasta el 61%. Al mismo tiempo, el 50% de los estadounidenses desaprueba la gestión de George Bush, lo que representa su mayor caída de popularidad en los últimos meses, según una encuesta de la empresa Gallup.
Si bien Chávez es el principal motor de estos proyectos, no hay que olvidar que Lula, a pesar de los actuales problemas de corrupción en su Gobierno, se perfila como otro líder indiscutible de Latinoamérica. “Este proyecto político amplio que es Petrosur mejoraría la posición de negociación con otros actores. Reforzaría el eje Lula-Chávez como polo ordenador de la región, permitiendo alguna reexaminación de política por parte de Estados Unidos. Asimismo, Brasil no se permitiría elevados antagonismos con Estados Unidos, ya que aspira a ser considerado como un socio en el ordenamiento de los asuntos en la región, mientras que Argentina y Uruguay aspiran a tener una relación con los menos roces posibles”, comenta Battaleme.
Por otra parte, las empresas petrolíferas privadas con inversiones en la región no deberían estar demasiado preocupadas por la creación de Petrosur y Petrocaribe. Según Battaleme, “estos bloques plantean un problema para ellas en términos “nacionales” ya que Petrosur se va a presentar como la opción nacional frente al capital extranjero que sólo piensa en términos de lucro. La línea discursiva desde los Gobiernos puede favorecer a Petrosur, pero en términos cuantitativos y cualitativos las empresas privadas pueden no sólo adaptarse al desafío planteado sino también salir airosas del mismo, ya que la experiencia demuestra que las empresas del sector público siempre han tenido serios problemas para ser económicamente viables y en una empresa de este tipo donde hay que coordinar designios e ideas de cuatro países, las parálisis pueden ser frecuentes”.
Ventajas e inconvenientes
Hasta ahora, sólo se han firmado las cartas de intención de los tres bloques formados en Latinoamérica. Los proyectos económicos, sociales y políticos son ambiciosos. Los consorcios energéticos buscarían los mecanismos adecuados para la producción y compraventa de productos energéticos y la concreción de obras públicas, como la construcción de un poliducto que uniría la costa del caribe colombiano con el pacífico colombiano, con el fin de exportar a China, Japón e India; o la construcción de un gasoducto entre Colombia y Venezuela.
También se habló sobre la posibilidad de unir las tres empresas petroleras estatales más fuertes del continente sudamericano: PDVSA (Venezuela), Petrobras (Brasil) y Enarsa (Argentina).
Durante la Cumbre del Mercosur, en Asunción, el pasado mes de junio, también se propuso la creación de un cono energético sudamericano (red de gasoductos y redes eléctricas), para cubrir las necesidades de los países de la región. Todas estas obras tendrían como objetivo crear un anillo energético, que llevaría gas desde el campo peruano de Camisea hasta Chile, Argentina, Brasil y Uruguay. De allí, claro, todo debería conectarse con la parte superior de Latinoamérica, conformada por el bloque Petrocaribe.
En cuanto al aspecto social, en el caso de Petrocaribe, por ejemplo, los 14 países miembros acordaron la creación de un fondo denominado ALBA-Caribe para contribuir al desarrollo social de la región. Además, los mandatarios de Petrosur firmaron un acuerdo con el objetivo de conformar un canal de televisión para la región. Telesur, que así se llama la nueva cadena, empezó a emitir su programación el pasado mes de julio. Este nuevo canal latinoamericano, iniciativa de Chávez, ha levantado ampollas en Estados Unidos por su pretendido antiamericanismo, lo que ha llevado a la Cámara de Representantes de este país a aprobar una enmienda para financiar retransmisiones de radio y televisión dirigidas a Venezuela.
La lista de proyectos sigue. Pero entre tantas palabras e intenciones, los analistas intentan deducir si esos propósitos llegarán a buen puerto. “Uno de los problemas que veo es que Argentina y Uruguay tienen relativamente poco para ofrecer en términos de mercado de petróleo, en comparación con Brasil o Venezuela. De hecho, los costos para la explotación offshore de Argentina son elevados comparados con el resto”, opina Battaleme. Sin embargo, reconoce, entre las ventajas, “la de ser un polo ampliado en materia de recursos naturales con impacto global. Es decir, permite presentar al mundo un esquema de construcción independiente de poder, centrado en un recurso como es el petróleo, el cual es vital para la economía internacional”.
Con una mirada más negativa, el especialista Palma piensa que los bloques Petrosur, Petrocaribe y Petroandina sólo pueden ser viables desde lo político, “ya que desde el punto de vista económico considero que el proyecto es absolutamente inviable por la carencia de capacidad de estos estados para la planificación estratégica, puesta en marcha y mantenimiento de un proyecto de tal envergadura”.
Distinta es la experiencia de la OPEC, que, según cuenta Palma, se ha convertido en un cártel formador de precios, que posee autoabastecimiento y poder de negociación con los países más desarrollados. “Claro que la OPEC cuenta con más de un tercio de la producción mundial de crudo y es una asociación con años de experiencia”.
Si bien Battaleme y Palma han nombrado inconvenientes de capacidad, suministro y planeamiento, entre las causas que podrían llevar al fracaso a estos tres acuerdos latinoamericanos, hay otra razón más importante que subyace en esta cuestión: el problema social.
“Es impensable que países que apenas pueden administrar sus problemas sociales y educacionales quieran encarar un proyecto que requiere altas capacidades de gestión y administración. Todavía reinan democracias débiles en la región, conflictos sociales y una mala distribución de la riqueza”, subraya Palma. En la misma línea, Battaleme plantea que, a largo plazo, “estos bloques deben traducirse en una opción económica rentable para los participantes de este esquema de cooperación subregional. Asimismo, va a estar muy ligado a la orientación política doméstica que cada Estado tenga, por lo tanto si hay alteraciones significativas en el interior de los participantes y la empresa no es rentable, sus días como espacio de integración estarán contados”, concluye Battaleme.
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