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Un año para confirmar la vuelta a la normalidad

2004 ha sido el año en que los mercados han vuelto a la normalidad, después de la exuberancia irracional de finales de los noventa, el trienio negro posterior al pinchazo de la burbuja de Internet y la violenta recuperación de 2003, marcada por la guerra en Irak. Las subidas de los índices han estado cerca del 9% en Estados Unidos y del 7,5% en Europa y Japón, prácticamente en línea con las rentabilidades históricas del último siglo para los mercados de acciones. El gran reto para 2005 es que se pueda mantener esta relativa y positiva calma. Los expertos lo ven factible, aunque el débil crecimiento de la economía europea será el mayor hándicap.

 

El año electoral ha cumplido con la tradición y ha acabado siendo positivo para los mercados, a pesar de los movimientos laterales que se han sucedido a lo largo del año. Al cierre del ejercicio, el índice estadounidense S&P 500 ha ganado cerca de un 9,3%, mientras que el tecnológico Nasdaq Composite se ha quedado al borde del 9%. En Europa, las subidas han sido más próximas al 7,5%, con gratas excepciones como el mercado español, que ha ganado más de un 17%. Muchos países emergentes han acabado en máximos históricos, como es el caso de los de Europa del Este o los latinoamericanos.

 

En opinión de Sergio Torassa, antiguo profesor del Master de Finanzas de la Universidad Pompeu Fabra y en la actualidad consultor independiente, “éste ha sido un año muy bueno y resulta difícil pensar en inversores que hayan invertido y hayan perdido dinero en bolsa. 2003 cogió a casi todo el mundo con el pié aún cambiado, pero este año ha sido distinto, aunque todavía hay muchos inversores reticentes a entrar en el mercado y que corren el riesgo de hacerlo cuando ya no haya recorrido”.

 

En realidad este ha sido prácticamente el primer año de revalorizaciones en línea con la media histórica en las acciones durante el último siglo, que se encuentra cerca del 8%, después de numerosos años de sobresaltos, tanto de optimismo desmedido como de pesimismo atroz. Primero tuvo lugar la “exuberancia irracional”, en palabras de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense, que llevó a las bolsas a niveles estratosféricos, especialmente a las tecnológicas, a finales de década de los 90 y principios de 2000. Más tarde se purgaron estos excesos, con unas dramáticas caídas, que llevaron a los índices a mínimos de muchos años, en un momento en el que además cambio el orden geopolítico mundial con los brutales atentados del 11 de septiembre de 2001, que acarrearon las guerras de Afganistán e Irak.

 

Los expertos confían en que el próximo ejercicio se mantenga la tendencia vista en 2004, con unas rentabilidades positivas, aunque moderadas. Según Salvador Rojí, profesor del Departamento de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Complutense de Madrid, “parece que la valoración de las empresas todavía muestra recorrido, si olvidamos la histeria de 2000, aunque hay bastante consenso en que el potencial alcista ahora es más bajo”.

 

Torassa también espera un comportamiento positivo el año próximo: “Todavía hay mucho dinero procedente del mercado inmobiliario pendiente de entrar en bolsa. Las acciones podrían ofrecer una rentabilidad de entre el 8% y el 10% el año próximo, aunque esta banda es muy flexible”. En su opinión, “si a estas cifras se le añade una rentabilidad por dividendo cercana al 3%, como sucede en el mercado español y en el europeo, parece una buena historia”.

 

Dónde invertir

Sin embargo, no será un camino de rosas, sino que las ganancias habrá que buscarlas. Para Manuel Romera, director técnico del sector financiero del Instituto de Empresa, “va a ser muy importante acertar en la elección de los mercados y los valores. Cada vez se están viendo más diferencias entre los activos que mejor se comportan y los que peor se comportan”.

 

En realidad, los analistas financieros coinciden en que el potencial alcista de los mercados se ha limitado tras las subidas del año pasado y las de 2003. Además, los economistas esperan que este año se ralentice el crecimiento de la economía. Según los cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el incremento del PIB mundial será del 4,3% en 2005, frente al esperado crecimiento del 5% que se baraja para 2004. ¿Por qué invertir entonces en bolsa?

 

Para Torassa, “la renta variable parece la mejor opción por eliminación. No tiene sentido invertir en mercado monetario porque con los tipos en los niveles actuales –al 2% en Europa y al 2,25% en Estados Unidos- se pierde poder adquisitivo si la inflación es alta. Algo similar ocurre con la renta fija, mientras que la subida del mercado inmobiliario tiende a moderarse”.

 

“Es verdad que hay pocas alternativas de inversión”, afirma Romera para reafirmarse en su idea: “En general, las perspectivas son de ralentización del crecimiento global, por eso lo importante será elegir bien, porque cada vez se están viendo unas diferencias mayores entre lo mejor y lo peor”, añade.

 

¿Qué se debería elegir entonces? Según el profesor del Instituto de Empresa, “los mercados clave serán Estados Unidos y China, la primera por su productividad y su eficiencia, y la segunda por su productividad con bajos costes. Son los países que más están creciendo y los que están tirando del resto de economías mundiales. Otros mercados que se podrían aprovechar de la escalada de las materias primas serían Australia y Sudáfrica. En otras zonas como América Latina, habría que volver a afinar en la elección, donde hay países interesantes como Chile, que se beneficia del encarecimiento del cobre”.

 

Torassa apunta a un mercado concreto: “Una opción muy rentable puede ser Latibex”, el mercado de valores latinoamericanos en euros, que ya ha subido más de un 100% desde los niveles vistos hace 20 meses, poco antes del comienzo de la guerra en Irak. “Hay muchas empresas latinoamericanas gestionadas por españoles que tienen una relación de rentabilidad-riesgo muy interesante y también hay compañías mineras con las que se puede aprovechar la subida del precio de las materias primas”, explica.

 

El estancamiento de Europa

Respecto a las bolsas europeas, los profesores coinciden en afirmar que, por valoración, “son las más baratas”, como señala Torassa, pero al mismo tiempo la consideran como uno de los mayores riesgos para la evolución de los mercados el año próximo, por culpa de la debilidad de su economía. En palabras de Romera, “uno de los mayores problemas para 2005 es Europa. Con el euro como está –ha cerrado 2004 en máximos históricos frente al dólar por encima de 1,36 dólares- y las economías tan débiles, con crisis estructurales de paro y la imposibilidad de bajar los tipos de interés, el panorama se presenta muy complicado. Estructuralmente, Europa no ha sido capaz de moverse activamente”.

 

Y las consecuencias están siendo graves. Las tasas de desempleo de Francia y Alemania, los dos países más perjudicados por la fortaleza del euro, se encuentran en la actualidad en el 9,9% y el 10,8%, respectivamente, los niveles más altos desde hace cinco años en el caso del país galo y ocho años en el germano, según los datos publicados en las últimas semanas. Además, la economía francesa se estancó en el tercer trimestre, lo que podría dejar el crecimiento del PIB interanual a final de año cerca del 2%, muy por debajo de las estimaciones iniciales.

 

Para Sergio Torassa, “el problema está en que Europa se debilite aún más si el tipo de cambio tiene un efecto muy perjudicial en la economía. Si el euro se encarece, Europa necesitaría ajustes para compensar el efecto divisa y mejorar su competitividad. Las reformas estructurales son esenciales. O nos ponemos manos a la obra o tendremos problemas. Alemania está dando pasos, pero va muy despacio”, critica, aunque abre una puerta a la esperanza: “Si Europa sorprende positivamente y mejora la competitividad podría haber un mayor recorrido al alza en las bolsas de la región”.

 

El mercado de divisas

La amenaza del estancamiento europeo guarda una estrecha relación con la evolución esperada para el mercado de divisas. Pero los profesores esperan que la depreciación del dólar se modere a partir de ahora, o incluso que empiece a revertirse la tendencia. En opinión de Salvador Rojí, “el dólar va a seguir cayendo, pero todo va a depender de si los bancos centrales asiáticos querrán seguir manteniendo la situación actual. Si dejasen de confiar en la moneda estadounidense, habría fuertes ventas y habría peligro de una rápida y perjudicial depreciación de la divisa americana. En mi opinión, el dólar ya ha caído demasiado y se debería apreciar”.

 

Sergio Torassa tampoco da demasiado margen a una posible pérdida de confianza en la divisa por parte de los grandes bancos centrales asiáticos: “Este riesgo está bastante controlado. Con esta posibilidad ya se rumoreaba cuando el euro estaba a 1,2 y aún no ha pasado nada”.

 

Este experto incluso contempla la situación actual del mercado cambiario como una oportunidad de inversión: “Si el tipo de cambio se va a 1,4, como parece ser la tendencia de fondo, podría ser un buen momento para invertir en acciones americanas. Aunque las perspectivas de rentabilidad en las acciones estadounidenses son más moderadas, el inversor europeo puede jugársela a la carta de la apreciación del dólar”, afirma, aunque alerta de que “es muy arriesgado hacer previsiones sobre el mercado de divisas”.

 

Otras amenazas

Otra de las amenazas para 2005 sería que la inflación se desbordara, debido en parte a la escala de los precios energéticos, que la Reserva Federal está vigilando tan de cerca. Pero los profesores quitan hierro a esta dificultad, ya que consideran que el precio del petróleo no sólo ha subido por motivos estructurales, sino también especulativos, y esperan que ahora se mantenga en los niveles actuales o que incluso retroceda ligeramente.

 

Además, observan fuerzas que pueden actuar como contrapeso para mantener la inflación moderada. Por ejemplo, China, que curiosamente también figura como factor causante de la escalada del crudo, por su creciente demanda. Según explica Rojí, “es cierto que, por un lado, el gigante chino tira hacia arriba de los precios por el encarecimiento de las materias primas, pero por otro mantienen bajos los precios de los productos elaborados. Nada más tienes que salir de compras para ver que cada vez hay más productos fabricados en China y que son más baratos. Esto repercute positivamente en todos los países porque contiene la inflación. Si los precios de los países occidentales son más elevados, tendrán que ajustar sus costes y mejorar su productividad. China se está convirtiendo en un motor del crecimiento económico”, comenta.

 

Si no hay sorpresas negativas, por lo tanto, podría vivirse un 2005 de moderadas ganancias, que confirmara la vuelta a las rentabilidades que, siguiendo las medias históricas, deberían esperarse de las bolsas. Un curioso dato estadístico juega a favor de los mercados: durante el último siglo, las bolsas siempre terminaron en positivo los años terminados en cinco. Una estadística sin ningún fundamento teórico, pero que supone un alentador presagio para el año que empieza.


Publicado el: 26/01/2005


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