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La venture philanthropy adopta estrategias claves de las entidades de capital-riesgo

El problema: encontrar la forma de sacarle más partido al dinero procedente de las donaciones de carácter caritativo.

La estrategia: adoptar las técnicas que les dieron buenos resultados a las entidades de capital-riesgo en los 90 –una mayor interacción entre donante y receptor, y énfasis en resultados cuantificables-.

El resultado: el nacimiento del movimiento conocido como “venture philanthropy” o “empresariado social” o “filantropía estratégica” o “e-filantropía”.

Pero, ¿es todo esto lo que creemos que es -un nuevo modelo para toda iniciativa con carácter caritativo que incluso las organizaciones sin ánimo de lucro corrientes deberían adoptar? ¿O es un capricho? ¿O es poco más que una nueva forma de denominar a las prácticas que desde hace tiempo las organizaciones caritativas bien gestionadas han estado utilizando?

No es de sorprender que haya mucha controversia sobre estas cuestiones y que por ahora no existan demasiadas investigaciones académicas. Rachel T. A. Croson,, profesora de gestión de las operaciones y de la información en Wharton, estudia las entidades de caridad y durante el año dedicado a la investigación en Berkeley trató con varias organizaciones de venture philanthropy (filantropía de riesgo y acción compartida). En su opinión, cientos de organizaciones dicen estar utilizando los principios de la venture philanthropy.

En el último estudio anual de la Venture Philanthropy Partners, una fundación de Washington que apoya programas para la infancia, se ha comprobado el crecimiento de esta área, aún de escaso tamaño, localizándose la mayoría de las organizaciones estadounidenses de venture philanthropy en la región de Nueva York y Silicon Valley. A pesar de que en Estados Unidos existen más de 50.000 fundaciones de caridad, el estudio sólo encontró 42 organizaciones que eran puramente venture philanthropies, las cuales donaron fondos en 2001 por valor de 50 millones de dólares, menos del 0,2% de todas las donaciones anuales en el país.

“Hace unos años, los conceptos de venture philanthropy y “ayudas con alto contacto” se valoraban en exceso, con promesas de transformar la filantropía tal como la conocemos”, concluye el estudio. “Hoy día podemos ver que los avances son reales pero para nada revolucionarios.”

Sin embargo, la pequeña cantidad de organizaciones que se podría considerar de venture philanthropy no refleja el gran impacto de esta área. Croson dice que las técnicas de la venture philanthropy han sido adoptadas por muchas fundaciones ya existentes, lo cual nos ha conducido hacia un nuevo enfoque que “ha cambiado las motivaciones de los potenciales donantes. ¿Cómo convencer a los donantes para que den dinero? Mostrando [resultados cuantificables]… En general, las organizaciones caritativas se han orientado mucho más a resultados y están haciendo muchas más evaluaciones internas acerca de [la pregunta] ¿lo hemos hecho bien –sí o no?

Superando al índice S&P 500

Thomas J. Donaldson, profesor de derecho en Wharton que investiga sobre temas relacionados con la ética en los negocios, dice que la venture philanthropy es parte de una tendencia más amplia de convertir lo social, lo ético y otros objetivos solidarios como parte del proceso de toma de decisiones de inversión. Durante la década pasada se dio un boom de fondos de inversión con conciencia social y en la actualidad muchos fondos de pensiones de sindicatos e instituciones académicas utilizan criterios sociales para seleccionar empresas para sus inversiones. Normalmente se evitan inversiones en empresas con intereses significativos en el sector del tabaco, bebidas alcohólicas y fabricación de armas, aunque existen muy variados criterios sociales de selección. Algunos, por ejemplo, están desarrollados a la medida de creencias religiosas específicas, mientras que otros dan respuesta a temas laborales o medioambientales.

Todo seguía más o menos una trayectoria normal hasta que hace 20 años surgió el movimiento para conseguir que las empresas estadounidenses se deshicieran de acciones de empresas con intereses en Sudáfrica. En la actualidad, una filosofía de inversión socialmente consciente se ha convertido en algo habitual, y en Estados Unidos uno de cada 6 a 9 dólares de inversión está sujeto a algún tipo de criterio social o ético, dice Donaldson.

La importancia creciente en cuanto al tamaño y la difusión de éxitos pasados ha hecho que más gente sea consciente de este tipo de inversión. Además -señala Donaldson-, los índices de referencia que incluyen gran cantidad de acciones de empresas que tienen en consideración temas sociales han obtenido buenos resultados, superando a veces a indicadores habituales como el Standard & Poor´s 500. Así, los inversores se dan cuenta de que haciendo buenas obras no se tiene por qué “recibir palos financieros”, señala.

“Creo que estamos asistiendo a una ola de nueva creatividad a la hora de decidir cómo gastar el dinero y cómo invertirlo –todo ello con un ojo puesto en la dimensión social y ética-“, añade. “Existe una creciente sofisticación sobre cómo ser éticamente responsable. No consiste simplemente en no hacer nada que no sea ético; significa contribuir a que nuestro singular sistema capitalista dé lo mejor de sí mismo jugando un papel decisivo en todos los mercados”. No es que haya una nueva oleada de moralidad -sugiere Donaldson-, sino que los inversores, empresarios y filántropos ven nuevas maneras de hacer buenas obras y al mismo tiempo lograr unos rendimientos competitivos. La venture philanthropy es uno de los resultados.

Un ejemplo bien difundido de esta clase de esfuerzo es el Hot Fudge Social Venture Fund, un fondo de capital riesgo para el desarrollo de la comunidad creado por varios directivos y por Ben Cohen, cofundador de Ben&Jerry´s Ice Cream. El fondo proporcionó durante la creación de TeamX -un fabricante de ropa de la marca SweatX con sede en Los Ángeles-, tanto conocimientos en temas de gestión como capital. Según su página web, la empresa “está comprometida con los más altos estándares de dignidad en el lugar de trabajo”, ofreciendo salarios “por encima del salario de subsistencia de Los Ángeles” y buenas “ventajas y condiciones de trabajo”.

El rendimiento social de la inversión

Muchos en el área de la venture philanthropy dicen que dicho concepto fue creado por los profesores Christine Letts, William Dyer y Allen Grossman en un artículo publicado en 1997 en la Harvard Business Review titulado Virtous Capital: What Foundations Can Learn from Venture Capital (Capital virtuoso: qué pueden las fundaciones aprender del capital-riesgo). Los autores sostenían que muchas fundaciones que conceden fondos prestan muy poca atención a ayudar a que las organizaciones sin ánimo de lucro desarrollen infraestructuras eficientes y auto-sostenibles e incrementen su capacidad para ofrecer servicios. Debido a este fallo, las organizaciones sin ánimo de lucro tuvieron que dedicar demasiado tiempo a la búsqueda de nuevas donaciones, explicaban.

Los autores sugerían que las fundaciones adoptaran algunas técnicas de capital-riesgo, como una mejor gestión del riesgo y de formas de evaluar los resultados obtenidos por los receptores. Antes que únicamente dar dinero y esperar al final un informe sobre cómo se gastó ese dinero, la fundación debería mantener un papel continuo ayudando a organizaciones sin ánimo de lucro a lograr sus objetivos. La fundación debería tener además una “estrategia de salida” para terminar finalmente la relación, al igual que una sociedad de capital-riesgo vende y se va en cuanto la empresa que ha ayudado a gestar sale al mercado.

Según Croson, en los años siguientes a la publicación de ese artículo, la venture philanthropy ha terminado por diferenciarse de la filantropía tradicional en la manera en que los proyectos son seleccionados y gestionados. Una fundación tradicional publica sus criterios para conceder fondos y luego espera las solicitudes; una fundación de venture philanthropy busca de forma activa qué organizaciones pueden beneficiarse de sus fondos y de sus conocimientos.

Las fundaciones de venture philanthropy también tienden a buscar organizaciones filantrópicas creadas recientemente mejor que organizaciones ya establecidas, del mismo modo que las entidades de capital-riesgo financian empresas de reciente creación. Una fundación de venture philanthropy trata de mejorar sus resultados globales creando una cartera de receptores que se complementen –por ejemplo, una organización para la investigación contra el SIDA y una organización para la educación frente al SIDA-.

Las fundaciones de venture philanthropy tienden a hacer compromisos más a largo plazo con los receptores que las fundaciones tradicionales, y normalmente existe una relación más intensa y continuada, añade Croson. Por ejemplo, puede que la fundación siente a algún representante en el consejo de la organización receptora. Y la fundación ofrece asistencia profesional y técnica.

El aspecto más controvertido de laventure philanthropy –según Croson-, es la importancia que se da a la evaluación de los resultados. Muchos utilizan el término “rendimiento social de la inversión” o SROI. Puede que, por ejemplo, se lleve la cuenta del número de puestos de trabajo creados o del número de personas que están recibiendo formación.

El Sustainable Jobs Fund, creado hace cuatro años en Durham, Carolina del Norte, cuenta con un fondo para inversiones de 17 millones de dólares al que contribuyen seis organizaciones, entre las que se encuentran la Rockefeller Foundation, la Appalachian Regional Commission y Citibank. El fondo se ha creado como una sociedad limitada por diez años.

Los catorce receptores actuales del fondo -o “empresas de la cartera”- tienen por objetivo proporcionar beneficios. “Intentamos utilizar las herramientas del capital-riesgo para conseguir mejoras sociales”, dice el director general Larry Waddell II.

Por ejemplo, una de las empresas de la cartera es Salvage Direct, de Titusville, Pennsylvania, la cual ofrece una subasta online a las compañías de seguros para vender vehículos que hayan sufrido algún accidente a empresas de reciclaje. El Sustainable Jobs Fund invirtió inicialmente 600.000 dólares en Salvage Direct y mantiene una participación minoritaria en el capital y una de las seis direcciones, dice Weddell. “Proporcionamos guía y asistencia estratégica al director ejecutivo.”

Actualmente, Salvage Direct es rentable, pero el objetivo es aumentar los ingresos anuales, que en la actualidad son de tres millones de dólares, a 30 millones de dólares, momento en el cual Sustainable Jobs Fund venderá toda su participación obteniendo beneficios. Además, otro objetivo es crear de 40 a 45 puestos de trabajo en cinco años, el rendimiento social de la inversión.

Aunque el número de empleos creados puede ser una de las variables tenida en cuenta para evaluar los resultados, no se trata de manera alguna de una exigencia, dice Waddell, aunque es algo que “pesará considerablemente” a la hora de decidir si conceder financiación adicional.

Otra fundación deventure philanthropy, NESsT Venture Fund, financia varias instituciones filantrópicas en Chile y Europa Central.

“La manera en que enfocamos nuestro trabajo descansa sobre una relación muy estrecha con la organización”, dice el cofundador y director ejecutivo Lee Davis. “Lo normal es que, incluso antes de conceder ninguna ayuda financiera, hayamos trabajado entre seis meses y un año con la organización en el lugar que sea. Y luego, cuando pasa a formar parte de la cartera, el contacto es aún mayor.”

Según Davis, el objetivo es ayudar a la organización a conseguir rendimientos financieros que puedan ser utilizados para mejorar sus rendimientos sociales. En algunos casos, el proyecto empresarial con ánimo de lucro está relacionado con los objetivos sociales. Por ejemplo, NESsT apoya una iniciativa checa llamada P-Centrum que proporciona ayuda a los toxicómanos durante el tratamiento y post-tratamiento de desintoxicación. NESsT ayudó a la organización para que creara un negocio dedicado a esculpir madera que construye bancos y otras estructuras para los parques infantiles. El objetivo es ganar dinero y dar formación a los clientes de P-Centrum.

En otro proyecto, NESsT ha ayudado a una organización checa llamada Betlem a crear un negocio de construcción y rehabilitación con ánimo de lucro. Se escogió este tipo de empresa debido a que dentro de Betlem había varias personas con habilidades en el campo de la construcción. Pero el único propósito del negocio de construcción es ganar dinero –sin que tenga conexión directa con el objetivo caritativo de Betlem de cuidar a personas con discapacidades-.

Davis señala que no hay nada nuevo en que una organización filantrópica busque formas de aumentar sus fondos además de la captación de donaciones. Los museos tienen tiendas de regalos y, desde hace tiempo, muchas organizaciones venden artículos como jarras de café y camisetas. “Hoy día esto simplemente se está integrando en la manera en que las organizaciones sin ánimo de lucro tratan de financiar su trabajo como complemento a la tradicional captación de fondos”, dice. “Sólo estamos tratando de dejar atrás esa forma estandarizada de financiar a las organizaciones sin ánimo de lucro.”

Reforzando los principios básicos

Algunos críticos sostienen que la venture philanthropy es sólo un nombre sofisticado para unas prácticas que siempre han sido empleadas tanto por las organizaciones de caridad como por las fundaciones bien gestionadas.

En la edición del 2 de Mayo de 2002 de The Chronicle of Philanthropy, Mark R. Kramer, fundador del Center for Effective Philanthropy (Centro para la filantropía eficaz) de Cambridge, Massachussets, describe la venture philanthropy como un capricho apoyado por las sociedades de capital-riesgo que se hicieron ricas durante la burbuja bursátil de los años 90 y que asumieron alegremente que podían transferir sus conocimientos a un área en el que no tenían experiencia.

“Los jóvenes empresarios se convirtieron en nuestros héroes y aclamamos a una nueva especie de empresarios sociales para que trasladasen la magia de ese éxito a las organizaciones de caridad y a las fundaciones”, dice. Con los resultados positivos se creaba una burbuja en el mercado que hacía que estas personas parecieran muy buenas, aunque pocos eran realmente geniales.

Mientras las entidades de capital-riesgo esperan vender con beneficios, el trabajo de caridad en sí mismo no es rentable y por lo tanto siempre dependerá de las donaciones, sostiene.

“Curiosamente, los tres elementos principales de laventure philanthropy –generar capacidad operativa, estrecha relación entre donantes y receptores y expectativas claras en cuanto a resultados- no son nuevos en absoluto”, escribe. “Muchos mantendrían que estos elementos han estado durante décadas entre los rasgos distintivos de las organizaciones filantrópicas eficaces, y que estaban en alza mucho antes de que la venture philanthropy atrajera la atención pública. Lo que parece tan nuevo de la venture philanthropy puede que haya sido la publicidad, no el contenido.”

Aun así, reconoce que lasventure philanthropies, a pesar del modesto tamaño del campo, se las han arreglado para “reforzar unos pocos principios básicos de la filantropía eficaz que ya estaban surgiendo”.

Las venture philanthropies han subrayado el hecho de que ayudar a los demás no es simplemente una cuestión de repartir dinero, sino de comprometerse a largo plazo y prestar mucha atención a los resultados.


Publicado el: 29/03/2005


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